Clandestino: La verdad mitocondrial y la duda razonable

La Tele-Procuradora General de la República (PGR), Arely Gómez, nos  informó por la tele que uno de los restos óseos supuestamente encontrados en el basurero de Cocula había sido identificado por expertos de la Universidad de Innsbruck, Austria, como perteneciente al estudiante normalista Jhosivani Guerrero de la Cruz, quien con otros 42 alumnos de la normal de Ayotzinapa fue víctima de desaparición forzada el 26 de septiembre de 2014 en Iguala.

Álvaro de Lachica y Bonilla* / A los Cuatro Vientos

A decir de la procuradora, hay una probabilidad de 72 a 1 de que el fragmento de hueso perteneciera a alguien emparentado con la madre del joven normalista.

Pero anteriormente, hace casi un par de semanas, el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) presentó un informe en donde se concluye que los cuerpos de los estudiantes no pudieron ser incinerados en el basurero de Cocula. No se nos olvida que la recolección de esas muestras de huesos quemados y triturados provienen de una bolsa que se dijo que correspondían al basurero de Cocula, pero nada más… ¿Será?

La conferencia de prensa ofrecida por Arely Gómez el pasado 16 de septiembre, lejos de consolidar la credibilidad de la versión oficial, la debilita por cuanto deja demasiados cabos sueltos y no ofrece datos firmes y precisos.

¿Con qué nos quedamos de la mencionada conferencia? La pregunta surge porque más allá de la dificultad que tiene para expresarse con lenguaje técnico y hablar frente al público, su actuar es desconcertante. El valor del resultado obtenido de la muestra ‘podría’ pertenecer al joven Jhosivani, pero…”solo puede ser considerada como una probabilidad”. …

La procuradora Arely Gómez: la incertidumbre (Foto: López Dóriga.com).
La procuradora Arely Gómez: la incertidumbre (Foto: López Dóriga.com).

Dijo: “existe una posibilidad 72 veces mayor que los datos del ADN mitocondrial sean observados en la situación hipotética de que los restos no identificados de 16-29102014 se originaron de un individuo relacionado por vía materna de la madre de la persona desaparecida Jhosivani Guerrero de la Cruz”. Y de esta manera, todos nosotros, además de los padres del muchacho desaparecido, nos enteramos que su hijo fue asesinado, incinerado y triturado pero no necesariamente en el basurero de Cocula, en donde la “verdad histórica”, nos dice que es ahí precisamente en donde sucedieron los trágicos hechos, esa noche.

En unos días se cumplirá un año de aquella noche negra en Iguala Guerrero, un suceso que a todos nos lesionó y quedó escrito en la historia del país. El dolor de los padres de los 43 es difícil de equiparar; ponerse en sus zapatos es asunto imposible. La solidaridad que podemos darles sólo puede ir acompañada de certezas y éstas sólo pueden proporcionarse, en este siglo XXI, por las certezas de la ciencia.

Muchos mexicanos tenemos la impresión de que el gobierno federal siente prisa por presentar resultados antes de que se llegue la cita entre el presidente Peña Nieto y los padres de los desaparecidos, pactada para el 25 de este mes.

Si las autoridades quieren restaurar su credibilidad dañada por las múltiples y graves inconsistencias de la investigación sobre los hechos ocurridos en Iguala, es necesario un verdadero cambio de actitud y en comunicación.

ALVARO DE LACHICA* Miembro de la Comisión Ciudadana de Derechos Humanos Del Noroeste, S.C. Correo electrónico: andale941@gmail.com