Pluma de Neófito: La doble moral mexicana

Por doble moral deberá entenderse que es una conducta asumida por un individuo o institución que ejerce una doble norma en el trato que da a diferentes personas o grupos de personas, es decir, que injustamente es más complaciente e indulgente con un sujeto o grupos de sujetos que con otro u otros. La injusticia es una característica fundamental de la “doble moral” o también conocido como “doble discurso” porque violenta, entre otros, el principio de justicia conocido como imparcialidad.

Ricardo Jiménez Reyna* /A los Cuatro Vientos

La palabra imparcialidad es definida por el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua como: “Falta de designio anticipado o de prevención en favor o en contra de alguien o algo, que permite juzgar o proceder con rectitud.” este principio regula y establece que los mismos criterios jurídicos, legales y morales se aplican a todas las personas sin arbitrariedad ni predilección. De ahí que la práctica de la “doble moral”, viola este precepto legal ya que, quien la práctica, toma en cuenta los derechos de las personas según criterios subjetivos y parciales.

Los mexicanos somos un pueblo con doble moral desde sus inicios como una nación independiente, ya en el protoméxico, esto es en lo que se conoce como Imperio Azteca, la “doble moral” era ya una actividad cotidiana ya que, como imperio sustentado en la nobleza, las clases privilegiadas recibían un trato más preferencial o como diríamos ahora un trato VIP, pero a la Azteca.

Actualmente los mexicanos estamos tan acostumbrados a la “doble moral” tanto que, en el argot citadino, si un hombre sostiene relaciones sexuales con varias mujeres, es un verdadero “Don Juan” pero si la mujer sostiene relaciones sexuales con varios hombres, ella es una verdadera mujer de  cascos ligeros.

Ya sea en el taller, la casa, la iglesia o la oficina, la “doble moral” circula como la Vitacilina, a que perra medicina esa ya que, por ejemplo, si usted va al médico, el galeno lo revisa, hace su historial médico y descubre tres problemas, hipertensión arterial, obesidad, tabaquismo y abuso del alcohol. El médico serio y asumiendo una posición de conciencia redentora dice: necesita bajar de peso, dejar de fumar, consumir menos alcohol y hacer algo de ejercicio. Lo que no he mencionado es que el médico mide un metro con sesenta centímetros, pesa alrededor de noventa y cinco kilogramos, fuma cajetilla y media de cigarros al día y además, consumé más de tres o cuatro litros de cerveza diaria y, lo más ejemplar, jamás ha hecho ejercicio.

Casos de esa naturaleza sobran, realmente sobran, los mexicanos somos un pueblo que practica magistralmente la “doble moral” o el “doble discurso” y por lo tanto también hace una “doble lectura” de los hechos que ocurren diariamente y por supuesto, de la historia nacional, de los emblemas, de los principios, de las leyes, de las normas, de los principios, de los resultados en los diversos medios de producción, en la política, en todas partes.

Otro caso muy clásico, que no dudo que algunas familias lo vivan actualmente, es el de Doña Clemencia, mamá de “Panchito” y “Raquelito” dos jóvenes de dieciocho y quince años, respectivamente;  ambos estudian y anda de novios con “Teresita” de quince  y con “Juan” de dieciocho;  resulta que un día Doña Clemencia se enteró que “Raquelito” está embarazada y como su novio no quiso responder ante tal ofensa, Doña Clemencia y su esposo lo metieron a la cárcel por delitos sexuales. Pasados los meses, la mamá de “Teresita” habla con Doña Clemencia para decirle que Panchito embarazó a su hija, pero Doña Clemencia enfurecida, corre de la casa a aquella mujer, acusa de mujerzuela a la novia de su hijo y además, en contubernio con su esposo, manda a Panchito a otra ciudad, a casa de su tía Remedios, no sea que lo metan a la cárcel y le echen a perder su vida.

DOBLE MORAL SACERDOTE PEDOFILO

Que de los padres que tienen tres hijos, dos varones y una mujer, a los varones los dejan emborracharse, llegar a deshoras a la casa y hacer sus desmanes pero a la mujercita, la tienen más que controlada, esclavizada, minimizada, secuestrada en una cárcel de falsa moral o de “doble discurso” solo por el hecho de ser mujer.

De esta forma, de generación a generación, los mexicanos hemos vivido en una “doble moral” y, como tal, estamos dispuestos a vivir nuestra vida diaria pero eso sí, somos tan exigentes que reclamamos, exigimos y demandamos no solo honradez por parte de nuestras autoridades, de los partidos políticos, de los funcionarios públicos, de nuestros representantes, de nuestros senadores, de nuestros empresarios, de nuestras fuerzas armadas, de nuestras fuerzas policiales, de nuestros maestros, de nuestros comerciantes, de nuestras instituciones, de nuestros periodistas, de nuestras amas de casa. Los mexicanos exigimos de todo mundo virtudes y valores; virtudes y valores que nosotros mismos no aplicamos a la vida diaria y, además, nos olvidamos que todos somos mexicanos, pertenecientes a una sociedad caduca, hipócrita, devaluada y estéril.

Exigimos respeto, equidad, justicia, imparcialidad, honestidad no solo de los poderosos, sino de los desvalidos y de todo mundo; pero no somos capaces de dar aquello que demandamos. Tan solo otro ejemplo: Cuántos padres mexicanos que son borrachos, parranderos, mujeriegos y descarados intentan, tratan y pretenden enseñar a sus hijos que no tomen, que sean moderados, que sean fieles a una sola mujer y que guarden el decoro correspondiente.

En la antigua Roma había una frase: “Quod licet Iovi, non licet bovi” literalmente dice: “Lo que es permitido a Júpiter no le es permitido a las vacas” curiosamente la romana era una sociedad parecida a la mexicana, tenía un doble discurso, una doble moral, una doble lectura. Cuántos trabajadores mexicanos hablan pésimamente mal de su líder sindical y cuando lo tienen de frente solo lo halagan y lo peor, lo reeligen. Irónico verdad, pues bien, ese fenómeno es el resultado de uno mayor: “La Doble Moral” de ahí que en nuestra nación, desde sus orígenes como país, los tiranos, nepotistas, déspotas, hipócritas, prepotentes y soberbios han permanecido en el poder porque hasta este momento, no ha existido un solo gobernante en México que no haya practicado el doble discurso, la doble moral, la doble lectura, hasta Juárez, quien siendo educado y enseñado por la Iglesia Católica, en lugar de buscar una solución equitativa e imparcial, decidió mejor inclinar la balanza hacia el supuesto laicismo del estado mexicano cuando la mayoría de los mexicanos era feligrés de la Iglesia Católica.

Pero lo más asombroso del pueblo mexicano no es su “Doble Moral” sino que, de ese vicio tan arraigado que tiene, ha logrado hacer de éste una “seudo-virtud” de tal suerte que los mexicanos somos como aquel sujeto que cada jueves y lunes despierta optimista y dichoso porque tiene la esperanza de haberse ganado la bolsa del “melate” sin haber comprado el boleto los días anteriores. Así nosotros en cada elección vamos a la urna a votar por los mismos, esperando que ahora sí cumplan con sus deberes, anhelando que ahora sí ese ganador salga bueno, esto es, como rezando: “Virgen de Guadalupe, santa madre de Dios, por favor, que este candidato no tenga ni una sola gota de sangre mexicana y salga bueno.” Por eso los conservadores nombraron a Maximiliano como emperador, por eso todos los mexicanitos que tienen pasaporte van a Estados Unidos a comprar productos y dicen: “es que allá las cosas son mejores, más económicas”, por eso cuando los mexicanitos van al país que los desprecia, respetan las leyes, las normas de tránsito y tantas actitudes que son incapaces de asumir en territorio nacional; porque hemos hecho de la “Doble Moral” una “seudo-virtud” que nos permite adaptarnos sin convicción a situaciones adversas.

En fin, por esa maldita “doble moral” los mexicanos estamos como estamos, somos lo que somos, vivimos lo que vivimos y sufrimos lo que sufrimos pero eso sí, somos capaces de reírnos de nuestra situación mientras que nuestros gobernantes hacen reformas que, en lugar de beneficiar al pueblo mexicano, lo perjudican.

RICARDO JIMENEZ REYNA*Escritor, versista, columnista, periodista, ensayista, filósofo, dramaturgo y editor ensenadense, cofundador de Sinergia Editores.