Pluma de neófito: “El don del olvido”

El Diccionario Ideológico de la Lengua Española de Julio Casare, define la palabra olvido como: “Falta de memoria o cesación de la que se tenía una cosa. Cesación del cariño que antes se tenía, desapego.” Ante esto puedo asegurar que los mexicanos tenemos el gran don del olvido, si es que el olvido puede llamarse don, o tal vez, para afirmarlo de otra forma: los mexicanos carecemos de un verdadero apego hacia nuestra nación, de ahí, nuestra enorme negligencia social.

Ricardo Jiménez Reyna/ A los Cuatro Vientos

Si lo mexicanos fuésemos un pueblo profundamente apegado a nuestros valores nacionales como lo son otros pueblos, seguramente el nuestro, esto es México, no estaría sufriendo los siguientes fenómenos sociales, económicos y políticos: Hegemonía partidista, pobreza extrema, inseguridad social, inequitativo reparto de la riqueza y por supuesto, bajos niveles de educación.

En lo particular soy un fiel creyente que todo pueblo es merecedor del gobierno que tiene, esto es, el pueblo como verdadero creador y gestor del cambio político, económico, social, cultural y moral de una nación, es el directamente responsable si el gobierno que tiene resulta ser un gobierno efectivo, eficiente y socialmente responsable o si es todo lo contario.

Considero que nosotros como pueblo mexicano hemos quedado estancados en el lago cenagoso de las décadas de los ochenta donde las autoridades gobernaban con extrema desvergüenza, excesiva corrupción y enfermizo populismo y cuando tuvimos la oportunidad de realmente hacer el cambio, marcar la diferencia y escribir una nueva historia, la mayoría de los mexicanos estábamos plenamente convencidos de que aquello no podría ser verdad.

Tan convencida estaba la gran mayoría de que tanta belleza no era una posibilidad que, cuando los medios de comunicación informaron que Don Luis Donaldo Colosio había sido asesinado en Tijuana, un rumor enfermizo comenzó a correr por los pasillos de todos los partidos políticos, los negocios, las empresas y los diversos edificios públicos de casi todo el país: “Lo sabíamos, no podía ser cierto”.

De hecho la mayoría de los analistas políticos comenzaron a desviar el tema central: el asesinato del candidato del PRI hacia otro tema: ¿Quién lo mandaría matar? Honestamente en aquel entonces surgieron muchas hipótesis y las más absurdas fueron las que ganaron, todo esto gracias al poder y la ayuda de Televisa y TV Azteca tanto que la mayoría de los mexicanos se tragaron la historia del homicida solitario y de que Aburto había matado al Candidato pagado por, por, por, por, por cierto nunca informaron un nombre realmente concreto de quien fue la mente creadora de todo ese alboroto.

Yo siempre afirmé que fue Ernesto Zedillo Ponce de León porque a él en lo particular le convenía pero, como es costumbre en esto de la rumorología, nadie acepto mi teoría porque el ahora expresidente del país no tenía la capacidad intelectual, moral, económica, política y  mafiosa para lograrlo de ahí que muchos prefirieron decir que fue Salinas, pero los expertos también lo negaron.

Ernesto Zedillo (Foto: Cuartoscuro).
Ernesto Zedillo (Foto: Cuartoscuro).

En fin, gracias a ese enorme desapego de los mexicanos para con nuestro país, es que Zedillo, Fox, Calderón y ahora Peña Nieta han hecho lo que han querido con el país, claro está que también lo hicieron Carlos Salinas, Miguel de la Madrid, José López Portillo, Luis Echeverría Álvarez, Gustavo Díaz Ordaz, Adolfo López Mateos, Adolfo Ruiz Cortínez, Miguel Alemán Valdez, Manuel Ávila Camacho, Lázaro Cárdenas y demás.

Si nos preguntamos actualmente ¿Qué tenían todos estos hombres en común? Muchos podrían decir: El PRI, la respuesta es no, porque tenemos a dos del PAN y del PRM. Poder económico y político, pues tal vez pero la respuesta es no, porque esos hombres se hicieron ricos y poderosos gracias a su capacidad de corrupción y negociación.

Lo que todos estos hombres tenían en común es muy fácil, son dos cosas: Un pueblo desapegado, desinteresado, despreocupado, desligado, desmotivado y complaciente y también: Un partido político, sí mis queridos lectores, esas dos cosas tenían en común todos estos hombres. Un pueblo que no le importa lo que pase, con tal que pase y una escuela que enseña cómo volverse miserable y llegar a la presidencia de la república porque todos ellos, no quiero saber quién no, eran eso: Unos miserables.

Todos ellos fueron hombres sin escrúpulos que prefirieron gobernar para sus propios intereses, sus grupos políticos, sus estructuras de poder, su visión ególatra de llegar a ser según ellos el mejor presidente pero nunca gobernaron para que México fuera el mejor país.

Ante todo esto he llegado a la conclusión sobre esto: “La base de un gobierno y un sistema corrupto y déspota es un pueblo corrupto y déspota.”

Un pueblo que prefiere mil veces besar y lamer la mano que sostiene el látigo y vivir arrodillado ante los poderosos que arrancar de tajo y de raíz este mal sin importar, que en el intento, tenga que morir de pie y con la frente en alto.

RICARDO JIMENEZ REYNA*Escritor, versista, columnista, periodista, ensayista, filósofo, dramaturgo y editor ensenadense, cofundador de Sinergia Editores.