Doble moral: la confrontación entre religión y derecho

En no pocas ocasiones escuchamos la frase DOBLE MORAL que, como vocablo multívoco, tiene diversas aplicaciones; ya  sea que se aplique de manera individual (a una persona) pluralizándole con  perspectiva de colectividad.

Osvaldo Medina Olvera

Ahora aparece  con frecuencia en temas relacionados con el respeto a los derechos humanos.

En nuestro país, nuestro máximo tribunal se ha encontrado en los recientes meses con la tarea de confrontar constitucionalidad y derechos humanos, con consigna de privilegiar en todo momento a éstos últimos.

Por muchos siglos, tanto ideas religiosas como el derecho iban de la mano a raíz de un común denominador: La moral.

La moral tiene su principal seno en las ideas religiosas, cualquiera que ésta sea; y tratándose de la construcción de ideas jurídicas, siempre se ha considerado que las normas jurídicas deberán tener  contenido moral.

Así, durante siglos, el derecho tuvo su armonía con la moral religiosa y las instituciones jurídicas eran férreas defensoras de las instituciones religiosas.

Uno de los ejemplos que demuestran lo anterior es la institución del matrimonio: En algún momento de la historia fue recogida por el derecho romano como una institución creada para proteger un concreto tipo de bienes materiales.  El matrimonio tuvo la idea inicial de defender los bienes y recursos económicos que la mujer poseía (por sí o por dote), al momento de unir su vida al varón para conformar una familia.

La arrolladora inercia de la figura del Paters Familiae y su respectivo rol, aunado a la clara nulidad de derechos reconocidos a la mujer, llevaron a la Iglesia a tomar la figura de matrimonio civil para darle un significado religioso como una figura importante para la fe, pero secundaria en el derecho, maquillándole la “gloria” de ser considerada un  rol de vital importancia en la sociedad por el cuidado y protección de la familia que llega a significar.

Así, de ser una institución del derecho civil, adquiere una fuerza preponderante como institución religiosa. El pueblo concedió por mucho tiempo, mayor valor a la institución religiosa que a la institución de derecho, de manera que  la figura matrimonial no mantiene la  equivalencia jurídica para la cual fue creada  ante la figura del patrimonio, para serle concedida una “importancia” social, únicamente. Es decir, creada por el derecho pero ahogada por la costumbre que impuso las creencias religiosas. 

Historia de siglos del matrimonio lo demuestran.

BENITO JUAREZ LEYES REFORMA

En 1857, el licenciado y presidente de nuestra República Pablo Benito Juárez García, promulgó las Leyes de Reforma en la que refleja entre otras necesidades para el desarrollo de la nación independiente, la separación (a modo de sana distancia) entre  Iglesia y Estado. El énfasis de la Reforma estaba dado en la separación de la Iglesia con el uso (y abuso) del poder, pues la gran influencia de la Iglesia era un patrón que se seguía en todas las culturas latinas, y  que jurídicamente constituyó un freno para las naciones en vías a lograr su independencia. Principalmente las dominadas por la Corona Española.

Con Benito Juárez se dio un primer paso en nuestro país  pero los múltiples y subsecuentes  pasos continuaron con lentitud.

En aquella Nueva España, la iglesia tenía el control del registro civil (nacimientos y matrimonios), tarea auto asignada por los frailes (letrados ellos antes que los propios gobernantes) con el propósito de contar con un censo que les permitiera contar almas (no necesariamente personas).

Con la Reforma, el control del registro civil (registro de matrimonio y personas) dejó de estar en manos de la Iglesia para ser controlada por el Estado.

Pero es importante hacer notar que hasta la fecha, la Institución  para el registro de matrimonios y   nacimientos de personas conservaron  esencialmente la forma de ser constatados o registrados, con conformidad a los lineamientos o cánones de la Iglesia que ya se habían adoptado.

A nadie le importó que se mantuvieran los mismos formatos durante los más de 150  años siguientes a la Reforma. Simple y sencillamente se dio continuidad a la misma inercia por los funcionarios de Estado quienes  nunca se percataron de hacer para ése uso y costumbre, un ajuste bajo una perspectiva jurídica más amplia.  

Los derechos humanos denominados de tercera generación entre los que invocamos el principio de igualdad de género entre otros, significa una cambio de paradigmas  en beneficio no sólo de los derechos del individuo sino además a su entorno natural y en ése cambio de paradigmas, toca la institución del matrimonio civil.

En ésta nueva generación de derechos no es importante la defensa de las instituciones ni de las ideas de Estado, sino los derechos del ente humano y su entorno.

Sin percibirse acaso, empieza una sisma entre la moral religiosa y la moral que debe contener las normas jurídicas que a su vez, deben observar esa clase de derechos.

Tal separación, al fin y al cabo hace que debamos conceptualizar una moral religiosa y una moral jurídica, sin que necesariamente haya una identidad entre ambas. Si acaso una  afortunada coincidencia.

DOBLE DISCURSO CARTON

Veámoslo de la siguiente manera:

Debo decir que no siendo una voz autorizada para definir la moral religiosa, no estaré equivocado al mencionar que la moral religiosa tiene entre sus finalidades el fortalecimiento de la fe de la que emana. Tiene sus propias normas y también suelen tener sus propias  instituciones y operadores de justicia.

Aunque no se difunde tanto en la población, suele haber un código canónico para cada fe.  Así, la moral religiosa puede ser defendida en su propio nicho para el caso de que alguna de sus normas fuere violentada.

Sin embargo, en las últimas décadas, voces representativas de la fe religiosa discuten el contenido moral de las nuevas normas jurídicas. Se pensó durante mucho tiempo (y así fue tácitamente aceptado por la sociedad),  que la moral religiosa debe tener identidad plena, completa, con la moral que debe estar contenida en las normas jurídicas.

Hoy consideramos que esa manera de pensar pierde actualidad bajo la perspectiva de una nueva conceptualización que emana del estudio de los derechos humanos.

Conviene anotar ahora que conceptuamos Derecho como el conjunto de normas jurídicas que regulan la vida en sociedad, en esencia. Y desde luego, consideramos  que hay en dichas normas una cuota de contenido moral.

Pero no es la misión del derecho la defensa de las normas morales, so pena de convertirnos en un Estado Fundamentalista.

Como Estado democrático de Derecho,  todas las voces deben ser escuchadas y es la realidad que ahora vivimos: La libertad de ser escuchados sin sujetarnos a paradigmas que poco a poco pierden actualidad y quedan obsoletos.

Los paradigmas de la moral religiosa no son defendibles en Instituciones del Estado diseñados para procurar e impartir justicia. Por eso, nuestra Suprema Corte y los tribunales de la nación deben ponderar el respeto a los derechos humanos haciendo a un lado fundamentalismos defendibles solamente en diverso nicho.

Es por eso que a mi parecer podemos referirnos a UNA DOBLE MORAL sin que ello lleve una significación de hipocresía,  como  tradicionalmente se ha connotado a tal frase.

Podemos ahora aceptar dos acepciones para ese vocablo. Desde el punto de vista religioso: como los valores que describe cada fe. Desde el punto de vista jurídico, como aquellos valores aceptados por la sociedad (sin que haya identidad plena con el concepto religioso) cuya finalidad es el respeto a las libertades emanadas del derecho humano.

MORAL Y RELIGIÓN DEFINICIONES

La ley, el derecho, El Estado  tienen una tarea mucho más amplia que sólo observar la moral religiosa y en cambio tiene la misión de hacer valer el respeto a las libertades del ser humano y  su entorno. Así, la libertad religiosa se convierte en sólo uno de ésos tantos derechos.

Los errores que más cometemos en la actualidad son los de discriminar los derechos  para preferir a otros. En éste caso, en lugar de discriminar, el verbo es COEXISTIR.

Hagamos el intento de  pensar siempre: cómo es que ambos derechos pueden existir, sin llegar a  eliminar el derecho de otro.

El ejemplo lo tenemos en el caso que tiene múltiples denominaciones y que se conoce como matrimonio gay o  matrimonio entre homosexuales. 

Hace falta un análisis desmenuzado.

El que esto escribe no está de acuerdo en que la palabra matrimonio sea llevada indiscriminadamente afuera de su origen histórico, que al final genera discusiones fatuas.  

Hay una razón histórica: la idea del derecho romano para el matrimonio que fue  adoptada por naciones latinas, es la de proteger los bienes de la mujer frente a los bienes del varón al momento de formar una familia, y  el hecho de que la administración de tales bienes quedaba a cargo del jefe de familia.

Por eso es que el derecho moderno consideró al matrimonio como una relación contractual con fines patrimoniales y derechos de familia para hacer valer sus  efectos contra terceros. Es por eso que fundamentalistas consideran que no debe haber matrimonios homosexuales.

La razón para defender el punto no está en la religión, sino en el hecho histórico.

Ahora bien, la unión jurídica entre personas  del mismo género sólo hace que consideremos a esa unión como un contrato similar al del matrimonio. En realidad no es necesario pelear por la exclusividad del vocablo matrimonio.

MUJERES SE BESAN

El esquema anterior, el matrimonio civil entre homosexuales, visto a la luz de la moral religiosa, es posible que merezca reproche, pero un reproche que no debe invadir el ámbito jurídico. Será acaso un reproche que quede en el espacio de la moral religiosa y cuyas sanciones permanezcan dentro de tal ámbito.

Lo inequitativo es que el reproche moral religioso pretenda ser defendible por las normas jurídicas, pues ello nos lleva a una etapa superada hace siglos y que la historia lo documenta como Santa Inquisición.

Pero vista a la luz de la moral jurídica, no es reprochable que dos personas del mismo género decidan adoptar una relación contractual (legítimamente adoptada por el derecho civil, que es un derecho para regular las relaciones entre particulares), con el propósito de obtener consecuencias de derecho similares a los que se obtiene de la relación contractual celebrada entre heterosexuales.

Es decir, son dos puntos de vista morales distintos. Es una moral distinta. Y al ser válidas ambas en su respectivo ámbito, es una DOBLE MORAL vigente.

Pero hablando de coexistencia, podemos decir que puede existir un tipo de contrato civil celebrado entre sujetos  heterogéneros cuyas consecuencias sean la defensa de derechos patrimoniales ante terceros así como diversos derechos de familia (el cual se conoce como matrimonio); y que éste contrato puede coexistir ante la presencia de un diverso contrato civil celebrado entre sujetos homogéneros  cuyas consecuencias sean la defensa de derechos patrimoniales, así como diversos derechos de familia sin que necesariamente deba ser conocido como matrimonio.

En resumen, no es el vocablo matrimonio lo que debe estar en mesa de discusión, sino la manera en  que el ESTADO  otorga seguridad jurídica  mediante la implementación de una figura contractual aceptada por el derecho, ante la demanda de una parte de su población que se ubica en una situación determinada.

Es decir; las uniones homosexuales son una situación de hecho que no se encontraba regulada por la ley. Hoy, tal situación llama la atención del derecho para equiparar los efectos jurídicos de ésa unión a los efectos de matrimonio.

Eso nos permite concluir que el vocablo MATRIMONIO tiene en derecho una acepción amplia por lo que se podemos asegurar que hay un concepto clásico del matrimonio jurídico tratándose de los celebrados entre hombre y mujer; y un nuevo concepto de matrimonio jurídico tratándose de uniones entre personas del mismo sexo. La moral en éste caso es laxa para dar paso a un derecho humano de igualdad, de acceso a beneficios de seguridad social, entre otros. Otro tipo de moral, pues.

No ocurre así con el matrimonio como institución religiosa que no admite una unión entre personas del mismo sexo. Tampoco tiene por qué admitirlo. La moral en éste caso no es laxa y no tiene por qué serlo.

Observemos la moral en el contexto en que debe estar.  Cada una tiene su propio espacio de validez y, sin duda, pueden coexistir.

OSVALDO MEDINA OLVERA* Licenciado en Derecho y especialización en Ciencias Penales, Criminalogía y Ciencias Jurídico Penales. Fue director de Seguridad Pública Municipal en Ensenada y ocupó la dirección de los Centros de Rehabilitación Social (CERESOs) de Ensenada, El Hongo y Tijuana. Ex coordinador de Asuntos Laborales del Sistema Educativo Estatal y administrador de la Región del Vino en Ensenada. Actualmente ejerce la abogacía de manera particular.