Falta planificación e investigación en la vitivinicultura mexicana

Lo que hoy vive Baja California con su industria vitivinícola es un momento de libertad que el consumidor tiene que aprovechar, aun cuando el instante parezca caótico y a veces venda botellas sin la información auténtica y honesta de su producción y calidad.

Javier Cruz Aguirre / A los Cuatro Vientos

Ensenada, B.C., a 20 de agosto de 2015.- “Vale la pena revisar esto que parece un gran momentum y sí lo vemos en los términos de cómo se mide la historia, apenas somos un chicharito y por eso debemos ser más cuidadosos de lo que está pasando”, recomendó Hugo D´Acosta López, presidente de la Asociación de Vitivinicultores de Baja California y uno de los impulsores del renacimiento de la vitivinicultura mexicana.

Al hablar de la historia del vino en nuestro país y analizar la situación por la que atraviesa la vitivinicultura nacional, que a lo largo de los siglos ha sido de grandes momentos y caídas estrepitosas, el prestigiado enólogo también sintetizó los puntos vulnerables de la vinicultura de Baja California.

– “Los resumo así: falta de planeación, desconocimiento de la tierra, fallas en la educación y nula investigación”.

Pero destacó las fortalezas del sector, fundamentalmente en lo que corresponde a la tecnología.

“Creo que en Baja California existe un alto grado de modernización en los proyectos, hay un buen equipamiento, hay técnicas enológicas y visitando el valle (de Guadalupe) vemos estilos super diversos y eso parecería una distracción”.

Explicó esto último. “Hay gente que busca la expresión del territorio, hablar del sitio, y hay gente que quiere que su producto sea clase mundial. Esto sucede en otras partes del planeta y siempre estará el péndulo. Creo que siempre van a convivir los unos con los otros y pienso que esta polaridad nunca deben morir”.

Respecto a la necesidad de que los vinos de Baja California alcancen un Certificado de Denominación de Origen para su identificación y consolidación mundial, el propietario de la Casa de Piedra en el Valle de Guadalupe y de la vieja bodega La Borde Vieille con 25 hectáreas de viñedo en Francia, cerca de los Pirineos, comentó:

VALLE GUADALUPE 1

Vamos a tener que presionar por el origen; es algo natural y creo que la delimitación geográfica es el primer paso. Para saber de dónde viene, independientemente de saber qué uva es. Y debemos de lograr la denominación de origen antes de hacer cualquier otra cosa en la industria”.

También alertó en dos temas trascendentales: Si los nuevos industriales del vino en México no se organizan y equilibran el mercado de producción, y no logran un mejor entendimiento con las autoridades federales del país, el nuevo movimiento vinícola desaparecerá como ya sucedió en diversas épocas de la historia desde el siglo XVII.

Asimismo advirtió de los peligros que representa para la industria vinícola nacional, la importación de vinos que actualmente dominan el 60 por ciento del mercado nacional.

– “Para darnos una idea (del problema), cabe señalar que de cada 10 botellas, seis vienen de fuera y cuatro son mexicanas”.

Para ganar el mercado nacional propuso “acercarnos ordenadamente al consumidor y darle toda la satisfacción posible”, así como lograr la certificación de origen “que para mí es muy importante, pero con datos auténticos, honestos de lo que estás haciendo. Que si dices rojo en realidad sea rojo y no luego la gente te diga: ‘oye si me hubieran dicho esto a lo mejor no me animo a comprar una botella’”.

D´Acosta, un ingeniero agrónomo del Tecnológico de Monterrey que estudió enología en Montpellier, Francia, y en Turín, Italia, y vivió su primera cosecha en la cava cooperativa de Saint Emilon, en 1982, también mostró su preocupación por que no existe una buena relación entre las autoridades gubernamentales y el sector.

– “Es como un divorcio en donde unos hablan de una cosa y otros de otra”.

VIÑEDOS BC

De igual forma lo estresa la falta de investigación en la industria.

Es una cosa muy dramática. Antes teníamos una infraestructura de investigación muy sólida. Hablo de los 70 (del siglo XX), en los años muy criticables de Luis Echeverría, pero había una dirección en el campo de la investigación y se hacían muchas cosas interesantes en experimentación y desarrollo que hoy no existe. Y eso lo vemos aquí con INIFAB (Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias), que tampoco tiene ninguna función”.

Contó que incluso la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en su presupuesto de 1983, trajo a la zona serrana del Observatorio Astronómico Nacional un grupo de técnicos para hacer desarrollo de investigación de los potenciales vitivinícolas en la zona.

– “Obviamente hubiera sido fantástico ver el resultado final de ese proyecto pero con la crisis y la llegada de Miguel de Lamadrid, etcétera, todo esto se borra y una vez más, como pocas veces, la mejor viticultura del país no tiene un cero de sustento, de investigación, teniendo aquí al CICESE (Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada), a la UABC (Universidad Autónoma de Baja California) y a otros muchos otros centros de investigación, por lo que hoy en día no tenemos ningún registro del sector de investigadores y eso no es posible. Nos lo ponemos de tarea”.

El también impulsor de los proyectos Adobe Guadalupe, Paralelo y Aborigen, así como de la Estación de Oficios el Porvenir, más conocida con el sobrenombre de «La Escuelita” y base de la incubadora que dio vida al nuevo movimiento vinícola en México, igualmente dimensionó el tamaño real de la vitivinicultura bajacaliforniana.

Hoy hay más de 127 productores formales. Solo cuatro sobrepasan las 20 mil cajas de producción anual. Más de tres cuartas partes de las empresas son de 20 mil botellas o menos, pero gracias a eso hay una estabilidad en la producción. Creo que es una mesa de muchas patas porque en 1986 eran tres y definitivamente para el consumidor lo más importante es que en los últimos cinco años la oferta creció de gran forma”.

Finalmente habló del futuro enológico de los valles productores de vino en el estado: Guadalupe, Santo Tomás, San Vicente y San Antonio de las Minas, todos en el municipio de Ensenada

– “¿Qué va a pasar? ¿Cuál va a ser la buena uva? No tengo la menor idea. El clima nos va a ayudar a decidir. También la falta de agua y el calor van a incidir en una selección natural, que se dará aun antes de que los enólogos decidan qué variedad es la que va a quedar, la que va a dominar al futuro”.