Digamos no a la indiferencia

El Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua define la palabra “indiferencia” como: Estado de ánimo en que no se siente inclinación ni repugnancia hacia una persona, objeto o negocio determinado. Ante esto puedo afirmar que existen diversos tipos de “indiferencia” entre estos lo que yo llamo “negligencia ciudadana”, la cual ha sumergido a nuestra nación en un lago cenagoso de impunidad, corrupción, pereza y flojedad socioeconómica, política y moral.

Ricardo Jiménez Reyna* / Pluma de Neófito / A los Cuatro Vientos

Es muy fácil culpar y condenar al gobierno por los problemas en que está sumergida nuestra nación; problemas como corrupción, impunidad, inseguridad, inestabilidad, incertidumbre, intolerancia, intransigencia y otros más que han estancado el desarrollo socio-económico-político-moral de nuestra patria no son producto de la generación espontánea, tienen un origen y dicho origen radica principalmente en la “negligencia ciudadana”

Ante esto,  una gran pregunta surge de las profundidades del averno mexicano: ¿Qué estoy haciendo yo para que México mejore? Casi estoy seguro que pocos de mis queridos lectores podrán contestar fácilmente esta pregunta porque la mayoría de los mexicanos estamos acostumbrados a tres cosas: 1. Dejar que otros sean los que resuelvan los problemas. 2. Culpar a otros porque los problemas no están resueltos. 3. Nunca reconocer que los responsables de los problemas en México somos todos y cada uno de los mexicanos.

Con esta actitud que los mexicanos asumimos ante la problemática social, económica y política; nosotros mismos como ciudadanos estamos poniendo el control en manos de los diversos grupos de poder existentes en México que, a la vez, nombran a sus títeres que normalmente son personas, ambiciosas, avaras, déspotas, corruptas, negligentes, prepotentes, ególatras, ineptas, deficientes, incapaces; ejemplo de esto son definitivamente los presidentes Ernesto Zedillo Ponce de León, Vicente Fox Quezada, Felipe Calderón Hinojosa y Enrique Peña Nieto quienes han administrado el Ejecutivo Federal para beneficio y satisfacciones de los intereses de aquellos a quienes le deben no solo la dignidad sino también la vida. Ejemplo de esto también son todos los Senadores de la República quienes son en sentido inverso, como los monos, ciegos, sordos y mudos y, no podrían faltar Diputados Federales que solo buscan el beneficio privado y no el bien común.

Debido a nuestra indiferencia o “negligencia ciudadana” México está inmerso en un estanque repleto de lodo, estiércol, podredumbre y aguas contaminadas, sí, porque si bien, constitucionalmente el poder radica en el pueblo mexicano y este a la vez nombra representantes ante el congreso y además un primer mandatario; su propia “negligencia social” ha cegado el entendimiento y la sensibilidad de la ciudadanía tanto que como nación hemos llegado a confundir los términos. Porque los diputados y senadores no deben legislar ni gobernar para sus propios intereses, sino para los intereses y beneficios de sus representados, en este caso nosotros, los ciudadanos y, el Primer Mandatario, como buen gobernante debería administrar el ejecutivo en forma justa, equitativa, legal y honestamente para beneficiar a quienes lo han nombrado por medio del voto, su líder.

Los mexicanos, como un pueblo hetero-cultural, hetero-religioso, hetero-político y hetero-social, estamos acostumbrados a que toda la responsabilidad recaiga en el gobierno y nos hemos olvidado de la mayor de las responsabilidades que no recae en ningún gobernante ni partido político o institución política, gubernamental, social o económica; nos hemos desentendido de nombrar a hombres y mujeres comprometidos con nosotros, los ciudadanos, quienes realmente somos los que mandamos, esto es: nosotros somos los que hemos no solo puesto la soga alrededor de nuestro cuello como nación;  sino que también hemos comprado la mejor maldita soga; hemos hecho el más eficiente, resistente y desgraciado nudo;  hemos escogido el mejor árbol; hemos seleccionado a la mejor bestia y también, hemos jugado el papel de verdugo y así, espantamos a la bestia que salió corriendo para quedarnos colgados, todos, como los ahorcados en el oeste y también nos hemos vuelto los espectadores que lloramos nuestra propia muerte, nuestra propia miseria, nuestra propia derrota.

INDIFERENCIA PAIS INDIFERENTE

Así, nos negamos a aceptar y reconocer que la indiferencia de una comunidad o la “negligencia ciudadana” es para el gobierno algo así como, un bisturí en manos de un asesino serial o una pistola con el cargador repleto, un cartucho en la cámara y sin seguro en manos de un adolescente nefasto y que nosotros le hemos puesto todo esto en bandeja de oro a aquellos que solo quieren enriquecerse y lo consiguen porque nosotros estamos auto compadeciéndonos pero a la vez, auto flagelándonos. En lugar de alzar la voz, gritar que ya basta de tantas estupideces, de tanta impunidad, de tanto absurdo, de tanto drama y realmente provocar un cambio radical en México.

Es tiempo que los mexicanos derroquemos al gobierno, ¿cómo? No con revoluciones, no con manifestaciones, no con huelgas, no con protestas, todo esto es un método ochentero para expresar la inconformidad de un pueblo. No, lo que ocupamos es derrocar al gobierno con nuestro voto; esto es, nombrar a representantes independientes que estén comprometidos con los ciudadanos y no andar buscando hombres honestos en los partidos políticos, hacer esto es como aquel hombre que busca una doncella virgen en los prostíbulos.

Pero entiendo, los mexicanos no estamos maduros como pueblo, no queremos hacernos responsables y nos hacemos de la vista gorda; al fin de cuenta, dicen algunos: “así fusionan las cosas” o “así deben ser las cosas” o “yo que puedo hacer” o  “ya ni hablar, para la próxima”.

En lo que a mí concierne, estoy harto de todo esto, no sé tú mi querido lector pero yo, en verdad estoy harto; por eso, ahora que tengas la oportunidad de cambiar al país, hazlo, razona tu voto, analiza las opciones y toma la decisión correcta.

Solo recuerda, No en vano dijo Georges Bernanos: “El verdadero odio es el desinterés, y el asesinato perfecto es el olvido.” Porque precisamente nosotros, los mexicanos, somos indiferentes; con esta “negligencia social” inconfundible, somos tan responsables de tanta matanza en territorio nacional, como aquellos que dieron la orden de ejecutar como también los que jalaron el gatillo;  porque con nuestra gran indiferencia nosotros mismos dimos la autorización para que manos asesinas y criminales alistaran las armas, apuntaran y abrieran fuego contra aquellos que solo querían un México mejor.

RICARDO JIMENEZ REYNA* Ricardo Jiménez Reyna. Escritor, versista, columnista, periodista, ensayista, filósofo, dramaturgo y editor ensenadense, cofundador de Sinergia Editores