Vivebús: crónica de un desastre

Más de 400 mil personas, la mitad de los habitantes de la ciudad de Chihuahua, resultaron afectadas por el paro del servicio de transporte público realizado por los choferes del Vivebús, afiliados a la Coordinadora del Transporte Colectivo (CTC); quienes actuaron así en demanda – justa por cierto- de reconocimiento de sus cuotas al Infonavit por 26 millones de pesos, ya que el Instituto los está emplazando por falta de pagos para embargarles sus viviendas.

Luis Alfredo Uranga López

En menudo conflicto político se encuentra el gobernador César Duarte. No es la primera vez que los choferes buscan resolver sus conflictos laborales con la CTC de esta manera.

De este conflicto surgen muchas líneas de análisis, la más escandalosa: ¿quiénes desviaron el pago de 26 millones de pesos del Infonavit de las cuotas de los trabajadores para tener acceso a vivienda digna? Esta corruptela afecta directamente a la administración de Duarte, el gobernador empeñó su palabra y su imagen en 2013, presentando ante la ciudadanía lo que pensaba sería uno de sus máximos logros, no uno de sus más rotundos fracasos. Si la máxima autoridad desconocía del asunto, punto malo. Si lo conoce y permite, ¿a dónde iremos a parar?

Más allá del conflicto laboral de los choferes, están las 400 mil personas que ayer salieron de sus hogares a temprana hora para encontrar que el camión las dejó en la calle. Aunque el gobernador dio orden a las unidades de la Policía Estatal y Guardianes Ecológicos para que transportaran a la gente en 150 camionetas y paliaran el problema, los uniformados trabajaron sobre aviso del intento de los choferes del Vivebús de “lapidar”, es decir, de apedrear y vandalizar las patrullas policiacas en represalia por su apoyo a la ciudadanía.

Quienes merecen un verdadero reconocimiento por su actuación solidaria son los ciudadanos “anónimos” que apoyaron el traslado de personas en sus camionetas. Digo “anónimos”, porque se desconoce hasta el momento sus nombres y cuántos fueron los que de buena voluntad prestaron ese servicio.

Los choferes del Vivebús, por muy justas que fueran sus demandas, utilizaron a los usuarios del servicio como “carne de cañón”, los “sacrificaron”. La gente llegó tarde al trabajo y perdió su bono de puntualidad; los estudiantes  llegaron tarde a la escuela y no presentaron el examen, otros no alcanzaron la cita con su médico, nadie pudo cumplir con sus deberes programados.

Si algo caracteriza a los choferes del trasporte urbano en Chihuahua, desde siempre, ha sido su falta de respeto a los pasajeros, su pereza para cubrir la primera corrida y las última en la noche; cortan las rutas, tiran basura en la calle y dejan pasaje parado en la banqueta sin permitirle subir a la unidad a las ocho de la noche con su argumento: “Ya me voy a cortar”, “Nomás voy a tal colonia”, “Es la última vuelta, seño”…

VIVEBUS ESTACION
Foto: Rumbo de Chihuahua

He visto a jóvenes de secundaria que se quedaron abandonados en la calle a las ocho de la noche, después de salir de su escuela, por la negativa del chofer a subir ese pasaje, sin considerar los peligros a los que expone a estos jovencitos al dejarlos caminar hasta su casa varios kilómetros en las crudas noches de invierno. Igual si es mujer sola con bebé en brazos y dos niños tomados de su falda. No les importa, los choferes solo quieren entregar temprano la “unidad”, llevarla a lavar, para que el dueño pueda utilizar el mismo camión desvencijado en transportar personal de maquiladora al salir de su último turno a la media noche, porque ahí hay otra ganancia.

Qué lejos estamos del servicio de transporte público de ciudades como el Distrito Federal, Monterrey y Guadalajara, donde además de contar con diferentes opciones de transporte, que incluyen tranvía, tren eléctrico, autobuses, las famosas “Ruteras” y el Metro, los choferes y sus chalanes se pelean por subir pasaje y apresurar su camino para captar mayor número de personas que paguen el servicio. Usted llega a cualquier terminal del Metro en la ciudad de México y justo al salir del andén se encuentran los letreros e indicaciones de donde tomar la “Rutera” o el autobús que lo lleve a uno a su destino. “Pásele, pásele, señito, paseléee”. Allá existe una sana competencia por ofrecer el servicio, gana el que mejor atienda al consumidor. También existe el “taxímetro”, aparato que regula el cobro de la tarifa de los taxis (en Chihuahua se lee decía “carros de sitio”), calculando la tarifa por tiempo y distancia (asunto muy lejano de nuestra ciudad capital, igualmente por corruptelas y falta de voluntad política, dejando indefensos a turistas y ciudadanos a quienes se les cobra la tarifa que el chofer impone y doble cantidad si es de noche ¿Y por qué cobran doble en la noche? Solo por eso, porque es de noche.

En cambio en el Vivebús, uno envejece esperando el “camión”. Si durante el día la espera de una unidad en cualquier estación de ruta es de 20 a 30 minutos, en la Terminal Norte puede durar hasta hora y media en la noche debido a que los choferes “esperan”, sí, se ponen a esperar, platicando y fumando, a que la fila de personas sea más y más larga, hasta que de vuelta y media en el andén, para llenar el camión y dar “la última vuelta”. Digamos que un estudiante sale de la UACH a las ocho de la noche y entra en la Estación Universidad del Vivebús. Como es la hora de salida y cierre de la escuela la estación está llena de jóvenes y adultos. El camión tarda sus 20 minutos en pasar y viene llenísimo desde el centro histórico, donde no cabe una persona más, por tanto los jóvenes deben esperar a que pase la siguiente unidad, la cual también viene llena hasta el tope. Nunca falta un “valiente” o “desesperado” que se avienta contra la multitud apretujada en la entrada del autobús para abrirse espacio, atrapando su mochila o su chamarra al cerrarse las puertas, pisando a una mujer o empujándola. En ese ambiente claustrofóbico, sudoroso, carente de oxígeno, porque no se puede abrir ni una sola ventana, el chofer se desentiende del clima y de la densidad del ambiente al interior de la unidad porque, finalmente, él si puede abrir su ventana para respirar oxígeno. Al llegar a la Estación Norte desde lejos se observan 20 camiones estacionados y apagados dentro de la estación. Es cuando el pasajero normal dice: “Con razón tardaron tanto en pasar los camiones. Si aquí están todos estacionados”

¿En qué cabeza cabe cortar temprano las rutas de camiones y haber dado la orden de estacionar esas unidades en hora pico? Porque así como en la mañana se crea un intenso tráfico cuando las personas salen de sus hogares para dirigirse a trabajar, a estudiar, al mercado y a cumplir con múltiples compromisos que requieren realizar para que la sociedad como tal funcione, así también durante la tarde/noche, de siete a diez, es cuando la gente regresa a sus casas. Las nueve de la noche, la hora más pesada para llegar a la Estación Norte, ahí se encuentra mucha gente y pocas unidades en servicio. Cuando uno como pasajero sólo desea llegar a su casa para cenar, bañarse, ver la última telenovela y descansar; cuando uno va cargando sobre los hombros la pesada mochila con libros en la espalda, sudoroso y cansando de trajinar todo el día en la escuela; cuando una va con las bolsas de plástico del mandado, que se rompen por todos lados y derraman lo comprado, con el niño pequeño en un brazo llorando de hambre, el otro niño tomado de la falda, temeroso, lloroso, y sólo pensando en el hogar; cuando los pies hinchados duelen por tanto caminar con esos zapatos que ya no soportan un paso más; llega uno a la Estación Norte y se encuentra a los choferes platicando en grupo, fumando, haciendo como que hacen, riéndose (¿de qué?), perdiendo el tiempo, mientras que la fila se hace más y más larga, y la gente sigue esperando y esperando a que el chofer se digne subir a la unidad y ponerle al trabajo. En el andén se escucha: “Ahí viene, ahí viene…”. El camión pasa cubriendo a todos de humo. “No, no es… es Riberas, ya han pasado varios y ningún Aniversario”. “¿Y el 20 Aniversario directo?” “Van tres Inversos que pasan, pero el Directo no ha pasado”. Cuando los vecinos de Riberas de Sacramento realizaron un paro ciudadano, una legítima manifestación a media calle y retuvieron autobuses en su colonia para exigir una mejor atención de los choferes, mayor número de unidades que llegaran a la orilla de la ciudad y, además, máquinas expendedoras de tarjetas de saldo a su alcance en la colonia, las autoridades aumentaron el número de unidades. Desde entonces, los demás mortales hemos visto con envidia cómo el camión de Riberas de Sacramento desfila continuamente frente a todos para dar servicio a esa enorme fila de personas que cubre todo el camellón. Ellos descansarán pronto en sus casas, para levantarse al siguiente día con la cruda realidad de tener que enfrentarse otra vez a este pulpo camionero que nos está chupando la sangre hasta la médula a todos los ciudadanos. ¿Hasta cuándo tendremos que aguantar? ¿Hasta cuándo?

El gobernador Duarte, en un recorrido por las estaciones del sistema de transporte (Foto: Internet).
El gobernador Duarte, en un recorrido por las estaciones del sistema de transporte (Foto: Internet).

En lo personal, para llegar a mi casa he tardado tres horas en autobús (ruta alimentadora) y Vivebús desde la Glorieta de la salida a ciudad Cuauhtémoc hasta el norte de la ciudad, Parque “Pistolas Meneses”, en Colonia Los Arcos. ¡Tres horas! ¿Cuántas cosas se pueden hacer en tres horas? Ciudad Delicias queda a una hora de camino, Meoqui a media hora… Ciudad Juárez a cuatro horas, o sea que a tres horas estaríamos llegando a comer burritos en Villa Ahumada. Recorrer el Periférico de la Juventud en autobús urbano es una odisea terrible, desastrosa, espantosa; que en automóvil particular dura tan sólo veinte minutos de recorrido. Si uno sube a la unidad en la Glorieta a Cuauhtémoc, podrá elegir lugar entre los asientos vacíos. Pero a medida que avanza el camión se llena de pasaje hasta que desborda. En el Periférico no existen pasos peatonales, así que la multitud de personas que trabajan en la zona, llámense ingenieros de obra o albañiles de múltiples edificios en construcción, o personal de servicio de limpia, jardinería y seguridad en las zonas residenciales, se juegan la vida para cruzar la avenida de autos que corren a cien kilómetros por hora. Además no existe la llamada “infraestructura urbana” en las “paradas” de autobús, por tanto, las personas esperan media hora bajo la inclemencia del sol directo, buscando no caerse en el barranco que está junto a la carretera, porque hay sitios que no tienen banqueta, y además, tienen que correr para alcanzar a pararse al principio de la fila de personas que quieren subir a la unidad, para alcanzar un espacio, aunque sea colgados en la puerta. Las mujeres deben cuidarse de no tropezar con piedras, pedruscos, matorrales, arena, lodo, arbustos espinosos que abundan en la zona. Son insuficientes, y siempre han sido, las unidades de transporte que recorren el Periférico de la Juventud. Los camiones se sobresaturan de pasaje y no se detienen en los puntos obligatorios porque van llenos, por lo que en las “horas pico” vespertinas, o sea, después de las cinco o seis de la tarde, deberían aumentarse el número de corridas para cubrir la demanda del servicio.

¿Qué pide la ciudadanía? Trato justo. Pide a los choferes que respeten a nuestras mujeres, a nuestras madres, a nuestras esposas, a nuestras hijas, a nuestros hijos, que se les cuide y no les nieguen el servicio en la noche, dejándoles abandonados a su suerte en calles oscuras. Que los choferes de las “rutas alimentadoras” respeten ruta y  horarios; que no tiren basura; que no contaminen la ciudad con sus motores mal afinados; que cuiden su apariencia (vestimenta) y su lenguaje; que ya no suban a sus amigas y amigotes con los que platican y los distraen de su función laboral y les cobren el pasaje que suelen no pagar. Que cumplan con los horarios establecidos, desde las primeras horas de la mañana para poder cumplir con nuestro compromiso de llegar temprano a trabajar, así como en la noche, para poder llegar a descansar y convivir unas horas con nuestra familia. De hecho si el servicio de transporte se extendiera hasta las doce de la noche, se reactivaría la economía en general de la sociedad. Los comercios, hoteles y restaurantes en el centro de la ciudad podrían cerrar hasta las diez de la noche, lo que implica aumento en ventas; mientras que los patrones estarían tranquilos de saber que sus empleados regresarían a casa a salvo, y sin tener ellos que cubrir el pago de una camioneta para reparto de personal. Además, a los chihuahuenses les encanta pasear por el centro histórico recién remodelado o ir a la última función de cine, pero a las ocho de la noche, que es cuando el clima se atempera y refresca más, las personas tienen que salir corriendo a tomar el camión de regreso a casa, porque saben que les espera mínimo dos horas de camino.

En el siglo pasado se usaba que los trabajadores estudiaran la llamada “Escuela nocturna”, de siete a diez de la noche. Pero en Chihuahua, los que disfrutan del cine, del teatro, de los conciertos musicales y de los programas gratuitos de festivales artísticos tienen automóvil, porque los camiones “se cortan” temprano, lo que impide que el ciudadano de a pie tenga acceso a este tipo de cultura y entretenimiento.

Otra exigencia de la ciudadanía: NO incremento de las tarifas. Más ahora que, se sabe, los transportistas tienen buenos ingresos pero están mal administrados. Si administraran mejor y robaran menos, no tendrían adeudos con el diésel ni con empresas refaccionarias. Se pide que los adultos mayores y estudiantes tengan descuento en la tarifa.

VIVEBUS COSTO MIL MILLONES

Que los adultos mayores no paguen y los estudiantes sólo medio pasaje

Yo votaría porque los adultos mayores no pagaran nada. Que los estudiantes paguen medio pasaje, ya que hacerlo gratuito no les enseñaría a hacerse responsables de sus propios gastos, y se cargaría todo este peso a los y las trabajadoras, lo cual resulta inequitativo.

El manejo de las Tarjetas de Saldo ha sido un beneficio en cuanto al manejo de los ingresos, pues siempre se ha sabido cómo los choferes se manejaban antiguamente con libertad en el conteo de la morralla, viéndose ellos beneficiados y afectando al patrón. Ahora la falta de centros de distribución de Tarjetas y recargas en múltiples sitios estratégicos ha sido una falta de capacidad y de estrategia que denota poca inteligencia básica para manejar el asunto.

¡Ay, Chihuahua bendito, cómo me dueles! Con esta mafia de holgazanes que muchas  noches nos han dejado en la Estación Norte esperando hasta una hora y media a que llegara el camión 20 Aniversario Directo. He dicho.

ALFREDO URANGA LOPEZ* Alfredo Uranga López. Periodista. Estudió la Licenciatura en Letras Españolas, graduado con mención honorífica en la Universidad Autónoma de Chihuahua.