Sociedad enferma detona psicopatías

Cuando la doctora Feggy Ostrosky Shejet, jefe del laboratorio de Neuropsicología y Fisicopsicología de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México, autora del libro “Mentes asesinas”, estimó la cantidad psicópatas que tiene la población mexicana, la cifra fue escalofriante: pueden ser 3 millones 660 mil personas, en su mayoría hombres.

Olga Alicia Aragón / A los Cuatro Vientos

Ostrosky aseguró que el entorno social y la familia son los detonantes que activan las conductas criminales de los psicópatas.

La inmensa mayoría de ellos no son criminales, “pero existen detonantes para que esta personalidad emerja”, reiteró.

De ahí que bajo condiciones de violencia extrema en las sociedades, se cometan cada vez más crímenes y con mayor crueldad, que enferman a las sociedad y, a la vez, son consecuencia de una sociedad que detona psicopatías.

-¿En Baja California cuántos psicópatas hay?

-El mismo promedio que en todo el país: entre el uno y el tres por ciento de la población-, contestó sin matizar sus palabras. Ello significa que en el estado fluctuaría entre 31 mil 550 y 94 mil 650 la cantidad de psicópatas que hay en la población.

Agregó que de cada tres psicópatas dos son hombres.

Durante el desarrollo de la conferencia magistral “Neurobiología de la violencia” -celebrada el 27 de noviembre de 2012 en el Centro Estatal de las Artes de Ensenada (Cearte) y organizada por la Academia Mexicana de Ciencias-, la doctora Ostrosky precisó conceptos y diferencias entre psicópatas y sociópatas.

Estos trastornos de la personalidad, indicó, no necesariamente generan conductas criminales. Si bien es cierto que los asesinos seriales son psicópatas, y que los crímenes más horrendos son cometidos por psicópatas, no todos los psicópatas son criminales.

Quienes padecen este trastorno de la personalidad parecieran personas “normales”. Dijo que es común que respondan a este perfil empresarios y líderes políticos o profesionistas sin escrúpulos ni ética, “que se aprovechan de su prestigio y poder para victimizar a sus clientes o a la sociedad en general”.

La doctora en Biomedicina resaltó la principal diferencia entre sociópata y psicóptas. Estos últimos, dijo, nacen con esos trastornos de personalidad y nada hay que pueda curarles, mientras que los sociópatas empiezan a delinquir motivados directamente por el entorno familiar o social, pero pueden ser sujetos de readaptación social.

La doctora Feggy Ostrosky Shejet (Foto: internet).
La doctora Feggy Ostrosky Shejet (Foto: internet).

¿Qué pueden hacer la familia y la sociedad para evitar que se detone la conducta criminal de un psicópata?

La doctora Ostrosky, autora de 23 libros de neurología y neuropsicología, dijo que es común en los psicópatas criminales haber sido víctimas en temprana edad de violencia verbal y abusos físicos y/o sexuales. Es importante que desde niños se les trate sin extremos de permisividad o de autoritarismo, pero siempre con reglas muy claras así sean negociables, agregó.

Otro dato relevante, dijo, es que existen tres edades críticas en el desarrollo de las personas violentas o criminales: la primera edad de uno a tres años; la segunda entre los cinco y seis años; y la tercera a los trece años. Con esta información, concluyó, se pueden diseñar programas especiales que orienten a los padres de familia y a los maestros sobre la mejor manera de interactuar con estos niños

Sociedad enferma y reserva moral

Después de 15 años de violencia generalizada y cada vez más cruenta, como la que se continúa viviendo en la frontera norte y en gran parte de la República, se requieren más de 20 años para que la sociedad recupere su salud mental, afirman psicólogos y psiquiatras del Colegio de la Frontera Norte y de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, en estudios multidisciplinarios sobre los estragos que ha causado en la población la guerra contra el narcotráfico.

El saldo es aterrador, escribió el doctor en sociología Víctor Quintana, al hacer el recuento de más de cien mil personas asesinadas, más 240 mil desplazadas a otras ciudades y otros países a causa de la violencia y más de 30 mil personas desaparecidas.

La violencia escala, además, grados superiores de crueldad. Homicidios terribles, con personas decapitadas, desmembradas, quemadas vivas, cuerpos deshechos en ácido, rostros desollados y una gran cantidad de mujeres víctimas de violación sexual y de la máxima expresión de odio de género, los feminicidios

Hugo Almada Mireles, maestro en Psicoterapia Humanista por la UACJ, dijo que no se trata sólo de una guerra de una fracción del Estado contra otra, también se involucra a empresarios que operan la cadena del lavado de dinero; a quienes operan y se benefician de los negocios “lícitos” del narco, a quienes conscientemente les brindan servicios. Se trata de una “sociedad del crimen”, estructurada por el delito, efecto de la corrupción, la colusión y las complicidades.

NIÑO PINTA MATANZA MEXICO

Quintana señaló que la guerra contra el narco, continuada por Peña Nieto, no ha sido contra “la alta sociedad del crimen”, sino mayoritariamente contra los jóvenes y contra los pobres. “Ellos son los que más han caído asesinados, quienes más han sido perseguidos, desaparecidos, encarcelados. Ha sido muy fácil aprehender o ultimar chavos de barrio, pero no se ha visto tras las rejas a los grandes operadores de las redes sociales del crimen; a quienes reciben las mega ganancias de las actividades criminales”, escribió el también articulista de La Jornada.

Marie Leiner de la Cabada, catedrática de la UACJ, en su libro de dos tomos “Niñez en riesgo; el impacto de la violencia en Ciudad Juárez”, documenta cómo la violencia y el estrés “sembraron una semilla de destrucción en los niños y adolescentes entre los 2 años y los 16 años”.

Leiner escribió este libro, cuando aún no se cometía uno de los crímenes más horrendos que estremecieron al país: el pasado 17 de mayo, cinco menores de 12, 13 y 15 años que estaban “jugando al secuestro” asesinaron a un niño de seis, Christopher Raymundo Márquez Mora, en una colonia popular, Laderas de San Guillermo, de la ciudad de Chihuahua.

Feggy Ostrosky, autora de “Mentes asesinas”, dijo en entrevista con Carmen Aristegui, en CNN, que este crimen es la ha conmocionado. El pequeño Christopher fue brutalmente torturado; “lo ahogaron, le sacaron un ojo, le cortaron un cachete, lo entierran boca abajo, hay dolo, ni siquiera los narcos entierran a sus enemigos así, lo tapan y ponen un animal encima”.

“Creíamos que algunos de esos crímenes ocurrirían hasta dentro de siete o diez años más, cuando los niños que vivieron esta violencia tuviesen más de 14 años, pero se están dando casos de acoso sexual incluso por parte de niños de siete años”, comentó Leiner.

Son niños ‘bomba’ fruto de la violencia, agregó tras advertir que lo peor está aún por venir.

Quintana y Almada coinciden en que el deterioro del tejido social es grave y que la el terror paraliza a la sociedad. Se está creando un ambiente de pesimismo e  inmovilidad social propicio para el crecimiento del crimen organizado y el establecimiento de un régimen autoritario. Sin embargo, dijeron, confían en que de las propias reservas morales de la sociedad surja la fuerza capaz de aliviar los daños causados en la salud mental de la población.