Los derechos humanos de los adultos mayores

De acuerdo con el más reciente estudio de la Organización de las Naciones Unidas sobre el envejecimiento de la población mundial, las personas mayores de 60 años suman actualmente un total aproximado de 845 millones y se afirma que en 10 años serán 1,200 millones. Se trata, dicen los especialistas, del grupo social de más rápido crecimiento a nivel mundial al grado que dentro de algunas décadas serán mayoría frente a la población infantil.

José Luis Pérez Canchola* / A los Cuatro Vientos

Se trata de un fenómeno social que ha tomado por sorpresa a la mayoría de los gobiernos,  que por lo general solo cuentan con programas mínimos generalmente orientados a la alimentación y la salud, cuando se sabe que los derechos y necesidades de los adultos mayores van más allá de lo asistencial.

Son muchos los desafíos que enfrenta esta población. Son desafíos que deben ser atendidos tanto por la comunidad internacional como por los gobiernos nacionales, a partir de reconocer que los adultos mayores son sujetos del mandato de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

A nivel internacional se pueden mencionar una gran cantidad de pactos, acuerdos y pronunciamientos sobre el tema de los adultos mayores, que debemos reconocer como esfuerzos de buena voluntad, pero que no han generado ningún marco legal internacional que le dé certeza a esta población sobre sus libertades y derechos.

La ONU en su asamblea plenaria del 14 de diciembre de 1973 adoptó la resolución 31/37 recomendando a los países miembros sobre el diseño de políticas y programas para la población adulta. En seguimiento de lo anterior en diciembre de 1978 se llevó a cabo la Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento, evento en el que se acordó la realización de un foro en 1982 para “…formular un programa internacional de acción orientado a garantizar la seguridad económica y social de las personas adultas y para darles la oportunidad de contribuir al desarrollo nacional”.

Como estos eventos ha habido decenas a lo largo del tiempo, pero con poco impacto ante la realidad que vive esta población. El 12 de mayo de 1999 se realizó en La Habana, Cuba, la I Conferencia Interparlamentaria por un envejecimiento saludable a la que asistió en representación de México el presidente de la Comisión de Salud del Senado de la República, el senador Samuel Aguilar Solís, mismo que al pronunciar su discurso afirmó que “…en todos los foros en que hemos participado, México quedó obligado a crear un entorno económico, social, político, cultural y jurídico que permita el desarrollo social de las personas en edad avanzada”. Después de 16 años de aquel discurso, el trato a los adultos mayores en México ni siquiera se acerca a los estándares internacionales.

Foto: News Urban.
Foto: News Urban.

En atención a las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, para que una ciudad califique como amigable con las personas mayores al menos estas deben recibir un trato especial en transporte, vivienda, respeto a sus derechos humanos, participación e inclusión social, participación cívica y empleo; comunicación e información, servicios comunitarios, salud, espacios al aire libre y acceso a educación, arte y cultura, todo ello de calidad y de fácil acceso.

Lo cierto es que la atención que reciben los adultos mayores como grupo social varía radicalmente de un lugar a otro. En el caso de los países desarrollados, la mayor parte de esta población es atendida por las instituciones de gobierno creadas para atender la seguridad social de los mayores de 60 años, mientras que en los países en desarrollo son las familias las que principalmente se hacen cargo de sus viejos.

Para el caso de México y de acuerdo a los archivos del Consejo Nacional de Población, en el 2014 el total de mexicanos de 60 años o más sumaban 11 millones 700 mil personas. Tratándose de Baja California, fueron 269 mil los adultos mayores con residencia en esta entidad, lo que representó un incremento del 21,3 por ciento respecto del censo del año 2000.

Como se le quiera ver en el  plano internacional, nacional o local, el crecimiento de esta población es incontenible. Por lo tanto, más que programas asistenciales, es hora de pasar a un segundo plano en donde gobierno y sociedad generen los espacios que permitan a los adultos mayores aportar sus conocimientos y la experiencia laboral adquirida durante su vida productiva. Es decir, ya no se les puede seguir tratando como una población olvidada y vulnerable. Incluso en el caso de los adultos con enfermedades crónicas o discapacidad estos deben ser sujetos de un régimen especial, pero jamás abandonados a su suerte.

La mejor forma de reconocer los derechos humanos de los adultos mayores, es dándoles un trato preferencial por tratarse de un grupo en desventaja y así dignificar la etapa final de su existencia. No hacerlo nos acerca a la barbarie en tiempos de la globalización.

JOSE LUIS PEREZ CANCHOLA* Miembro de la Academia Mexicana de Derechos Humanos; primer procurador de los Derechos Humanos y Protección Ciudadana de Baja California.