A los queridos fascistas virtuales

Unos segundos bastan para destrozar la reputación de alguien saliendo de un bar. Sí, unos segundos. Esta nueva tendencia a magnificar las cosas, devenida en moda por las redes sociales está probando ser muy peligrosa.

Ramiro Padilla Atondo/ A los Cuatro Vientos

El desafortunado incidente en el que se capta a algunas personas tomarse la foto con un indigente invita de manera clara a abrir un debate.

Este debate vendría más bien a hacernos pensar de forma introspectiva. Lo he escrito en innumerables ocasiones, el activista virtual es una nueva especie de parásito cerebral. No digiere la información, solo la comparte. Vive en un mundo lleno de emoticones donde la velocidad del vituperio es la regla.

Imagino que todos aquellos que juzgaron de manera precipitada la foto son unos verdaderos campeones de los derechos humanos, tan limpios de conciencia que decidieron exponer a los implicados para satisfacer ese deseo retorcido de justicia que ronda en las cabecitas mexicanas ¿cierto?

Dos personas han perdido su empleo, y el dueño de un restaurante ha salido a pedir disculpas a quienes claman por llevarlo a la hoguera. La inmensa mayoría no ha pensado que al ser dueño de un negocio hay muchas familias que dependen del mismo, víctimas colaterales que no salen en la foto.

Pero el deseo de justicia ha sido saciado. Ya pueden regresar a revisar el Facebook y buscar la siguiente nota escandalosa para compartirla. Miren que hasta medios nacionales replicaron la foto. Este mundo virtual que como fuente ovejuna responsabiliza al comendador.

Los miles de indignados no se han puesto a pensar que no son los individuos, sino el sistema el que está podrido. Porque el circo telemediático clama por más víctimas a inmolar.

TELEVISA DOBLE MORAL

Quiero aclarar que la foto es un hecho lamentable, y que la persona que la filtró al parecer lo hizo con toda la mala leche del mundo.

Pero es importante también hablar ya de ciertos mecanismos de opresión mediática que están haciendo a los usuarios de las redes totalmente cuadrados, como seguidores de un evangelio único de la denostación.

Lo triste de nuestra sociedad es que a nuestra pobre capacidad de análisis se suma el reactivismo, esto es, hacer siempre las cosas a toro pasado, sin mover siquiera un dedo para mejorar el entorno en el que vivimos.

Habría que preguntarnos también, ¿Qué queda después de una lluvia de basura? Las condiciones del muchacho indigente no mejoraron, porque no creo que la inmensa mayoría de los condenadores de la foto hayan movido un dedo fuera de la computadora o el teléfono para hacer algo, y eso de manera triste se llama hipocresía.

Triste la calavera del ensenadense medio que a falta de entretenimiento haya llegado a la laurabozzización de una foto. Que pasen los desgraciados, que les haremos renunciar y les cerraremos el restaurant.

¿Y el indigente? Cierto, el indigente, Pobrecito.

RAMIRO PADILLA ATONDO* Ramiro Padilla Atondo. Escritor ensenadense, columnista y ensayista. Autor de los libros de cuentos A tres pasos de la línea, traducido al inglés; Esperando la muerte y la novela Días de Agosto. En ensayo ha publicado La verdad fraccionada y Poder, sociedad e imagen.