Surcos, represos y gaviones, alternativa a la escasez de agua

Desalinizadoras, solución que puede resultar contraproducente.

Científicos rescatan técnicas ancestrales de africanos y mexicanos.

La solución a los problemas por escasez de agua no siempre está en las enormes obras hidráulicas,  actualmente científicos hidrogeólogos encuentran en los ancestrales conocimientos de campesinos de México y pueblos de África, la clave para resolver el abasto de agua en zonas semidesérticas.

Olga Alicia Aragón / A los Cuatro Vientos

“Las plantas desalinizadoras son una alternativa, pero no debemos postergar obras relativamente pequeñas como gaviones (muros de piedras sostenidas con mallas de acero), surcos y represos, técnicas que han demostrado eficacia”, dijo Thomas Günter Kretzschmar, doctor hidrogeoquímico.

“En África se hacen esas obras desde siglos atrás, no vamos a inventar el hilo negro”, agregó el investigador que ya trabaja esos proyectos en el valle de Guadalupe.

Thomas Kretzschmar, jefe del Departamento de Geología, Hidrogeología y Geología Ambiental del Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada (CICESE), estudia desde hace 13 años los procesos hidrológicos de Baja California y los eventos extremos e impactos del cambio climático en la precipitación y disponibilidad de agua.

El científico alemán alertó sobre la necesidad de extremar precauciones respecto a daños ambientales que pueden ocasionar las desalinizadoras en los ecosistemas marinos.

Baja California despunta hoy como líder nacional en instalación de plantas para desalar agua marina, con tres proyectos en Ensenada, San Quintín y Playas de Rosarito; en este último poblado se instalará la planta más grande del continente, capaz de producir cada día 352 millones de litros.

Respecto al Acueducto Morelos que abastecerá a Ensenada agua del Río Colorado, programado para empezar a surtir a esta ciudad 100 litros por segundo antes de que concluya julio y 200 litros más a partir de septiembre, dijo que en su opinión no es la solución adecuada, porque la demanda de agua en Tijuana y Mexicali cada vez es mayor y llegará un momento en que San Diego (California) nos disminuya la entrega de agua.

“Ensenada tiene una alternativa: el agua de mar. Mexicali no la tiene”, señaló.

Kretzschmar comentó que la recarga de los acuíferos de la región puede aumentar de un año a otro con las precipitaciones pluviales, por lo que fue cauteloso al hablar de sequía; se pronunció por sistemas de tratamiento de aguas residuales y la renovación de la red distribuidora en las ciudades –se pierde hasta 30 por ciento del líquido debido a fugas-, antes de invertir en megaobras hidráulicas “que pueden ser contraproducentes”.

La “errática” sequía

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De acuerdo al patrón de lluvias de Baja California, la temporada invernal, de enero a abril, es la más lluviosa. Este año ha sido errático, el 15 de mayo tuvimos una precipitación de 40 mililitros, fuera de tiempo y significativa. Este patrón es inusual, observó.

-¿Cuál es el promedio anual de lluvia?

-Despende de la región. En Sierra de Juárez llueve más. Aquí en Ensenada es de 250 a 270 mililitros por año, pero en Mexicali son 130 mililitros. Si vemos registros de largo plazo estamos por debajo de esos promedios, pero es variable. En 2013, por ejemplo, la lluvia fue de 150 mm, pero en 2014 y 2015 aumentaron las precipitaciones.

Más importante que los promedios es la frecuencia de la lluvia, enfatizó.

Si en la temporada de más precipitaciones tenemos lluvias aisladas cada dos semanas, el agua se evapora. Necesitamos una secuencia lluviosa para que se recarguen los acuíferos. En los últimos inviernos tuvimos lluvia cada siete o diez días, por eso los arroyos están secos, pues sólo se llenan cuando sobrepasamos la capacidad que puede almacenar el suelo”.

La Cuenca de Guadalupe, principal abastecedora de agua para Ensenada, abarca 2 mil 400 kilómetros cuadrados desde la Sierra Juárez hasta La Misión y cuenta con cuatro acuíferos: Ojos Negros, Real de Castillo, Valle de Guadalupe y La Misión.

Kretzschmar destacó una cualidad de esta cuenca. “Su recarga es errática, depende de la precipitación, pero tiene respuesta muy rápida a la lluvia. Si tenemos buena lluvia, se recupera en pocas semanas o días”.

–¿Entonces por qué existe desabasto?

–Por el crecimiento de la población. En los últimos años se registró menos recarga del promedio que las autoridades esperaban, pero en la realidad no existe una recarga promedio, se tienen que hacer planes desde la precipitación real de las lluvias.

Daños por extracción de arena

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En el Valle de Guadalupe, en el arroyo “El Barbón”, durante ocho años el empresario tijuanense Roberto Curiel Ortega, asociado a la compañía Hanson, una trasnacional inglesa, extrajo millones de toneladas de arena para exportar ese producto a la industria de la construcción de Arizona, California y Nuevo México.

–¿Afecta esa extracción a los acuíferos?

“A nivel cuenca el impacto es insignificante. Son 2 mil 400 metros cuadrados y el área de extracción es menor a 100 kilómetros cuadrados, esto no afecta la capacidad de recarga del acuífero, pero sí aumenta su vulnerabilidad porque al adelgazarse la capa de arena disminuye la protección del acuífero respecto a posibles contaminantes y puede provocarse un problema mayor”.

Además, explicó, cuando tenemos buenos años de lluvia se suscita otro problema: el nivel del agua sube y en esas zonas de extracción se forman lagos porque el agua del acuífero rebasa la capa de arena y al estar en contacto con la superficie el líquido se evapora y las sales se quedan aumentando la salinidad del acuífero, eso ya los comprobamos en varios pozos.

Sobre la calidad del agua de Ensenada, dijo que depende de la zona. Si la recarga es buena en los acuíferos bajan las sales. Cuando la recarga falta y se sigue extrayendo agua, llega el momento en que se empieza a extraer agua antigua que tiene más tiempo interactuando con rocas y minerales y, por lo tanto, hay más disolución de minerales en el acuífero. Pero si viene un año lluvioso, se restablece la calidad que en el Valle de Guadalupe es menos salina que en Maneadero, donde sí se registra intrusión de agua de mar.

¿Acuíferos sobrexplotados?

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“A mi, como científico, los acuíferos me dan valores diferentes”, respondió Kretzschmar respecto a la reiterada afirmación de que los mantos freáticos de la región están sobrexplotados.

Precisó:

Los funcionarios hablan de sobreexplotación administrativa conforme a la asignación que tienen los pozos. Existe  sobreexplotación cuando la cantidad de agua que se extrae es mayor que la recarga. Ahorita es baja la precipitación, los niveles están bajando, pero el comportamiento de los acuíferos es muy complejo y dinámico, al siguiente año podemos tener fuerte recarga”.

Los acuíferos aguantan el crecimiento de la población, pero se tienen que buscar fuentes alternativas, dijo.

Las plantas desalinizadoras son una opción, agregó, a condición de que se contemplen todos los elementos ambientales, especialmente el lugar donde se instalan. “Y depende de si la toma del agua se realiza mediante pozos playeros o directamente del mar. Si lo hacen con pozos de mar, lo importante es saber qué sucederá con el agua de residuo (la sanguaza)”

Dijo que existen aún acuíferos que se pueden aprovechar sustentablemente, pero están ubicados donde no hay población. Datos de Conagua revelan que entre San Vicente y San Quintín hay dos o tres acuíferos que tienen disponibilidad.

En San Quintín, subrayó, el acuífero está superexplotado. Ahí sólo tienen agua de 42 plantas desalinizadoras.

El Rancho Los Pinos, por ejemplo, desde hace diez años tiene una desaladora con la misma capacidad de la que ya se construye en Ensenada e igual, también a la que se construirá en San Quintín: 250 litros de agua por segundo.

Peligrosa salmuera

CICESE THOMAS KRETZSCHMAR 1Como resultado de la descarga de salmuera generada por el proceso de desalación -advierte el estudio ambiental del proyecto de la desalinizadora de Rosarito- aumentará drásticamente la salinidad de la zona de dispersión.

“El mar típicamente presenta una salinidad constante que en condiciones normales es de 34 mil 400 partes por millón (ppm). La salmuera impactará al medio con una flujo que oscilará entre 6.4 y 9.7 metros cúbicos por segundo y una concentración de sal de 39 mil 700 a 57 mil 800 ppm”, afirma el  ingeniero Enrique Noriega Spínola, de Consultores Ambientales de Ensenada (CISCO), responsable de la elaboración del manifiesto ambiental.

 “Ninguno de estos impactos es aceptable”, concluye Noriega al insistir en la necesidad de realizar estudios permanentes “para advertir con suficiente anticipación, si la operación de la planta está amenazando” a las especies marinas en la zona de descarga de la sanguaza.

Regreso al futuro

Thomas Kretzschmar actualmente trabaja con agricultores y vitivinicultores del valle de Guadalupe, en proyectos para retener aguas pluviales.

Entre 1997 y el 2000, cuando trabajó para la Junta Municipal de Aguas y Saneamiento (JMAS) de Ciudad Juárez, desarrolló dos proyectos sobre aprovechamiento de aguas pluviales para recarga artificial.

Ahora tiene su laboratorio de campo en el Rancho Mogor, en la ruta del vino, donde trabaja con los vinicultores Natalia Badán y Hugo D´Acosta, en la investigación sobre cómo funciona la recaudación de agua pluvial para tener datos duros de largo plazo en una región semidesértica y presentar alternativas.

Parte de este proyecto, dijo, es el riego alternativo con agua tratada y su impacto en los viñedos. Y reiteró en la propuesta que empieza a desarrollarse en la zona: construcción de obras relativamente pequeñas para retener el agua de lluvia.

La presa de Cetto

CICESE THOMAS KRETZSCHMAR 5Se menciona, entre los proyectos para el Valle de Guadalupe, la construcción de una presa, proyecto rechazado por la mayoría de los vinicultores de la región, también por empresarios y académicos que participaron en el Foro del Agua, convocado en junio de 2014 por la Cámara Nacional de la Industria de la Transformación (Canacintra), delegación Ensenada.

“Es la presa de (Luis) Cetto (el más grande productor de vino en el estado), para traer aguas grises de Tijuana”, comentó el científico.

–¿Es buena idea?

“No sé, a mi no me convence ese proyecto. El agua tratada es una alternativa siempre y cuando puedas asegurar la calidad y pueda monitorear que no haya efecto negativo en el agua del acuífero. Soy hidroquímico, sé que estas aguas tienen diferentes características y si mezclas dos aguas pueden tener reacciones no deseadas. Se requiere modelación, hay que hacerla antes, cuidar la calidad y estar bien consciente del daño que puede hacerse, pues en vez de un beneficio puede tener consecuencias negativas”.

–¿Es una solución el acueducto inverso para Ensenada?

“Lo están haciendo. Pero yo tengo una opinión distinta. No creo que Ensenada deba resolver su abasto de agua con el acueducto (Morelos) que trae agua de Río Colorado, porque cada vez es más alta la demanda en Tijuana y en Mexicali, y llegará un momento en que San Diego (California) nos disminuya la entrega de agua. ¿Cómo vamos entonces a exigir asignaciones de agua para Ensenada, cuando allá la población crece mucho más rápido? Podemos exigirla, pero no sabemos si podrán cumplir la entrega. Ensenada tiene una alternativa: el agua de mar. Mexicali no la tiene”.

¿La solución está, también, en las obras pequeñas?

“Yo no pienso en cosas de grande escala porque creo que son contraproducentes”, concluyó  el jefe del Departamento de Geología, Hidrogeología y Geología Ambiental del CICESE, convencido de que existen alternativas en la sabiduría ancestral de los africanos.