Grecia es nuestra lucha

Antes que la coalición de izquierda radical, Syriza, ganara las elecciones en Grecia, ya enfrentaba al Fondo Monetario Internacional, FMI, a la Banca Central de Europa y a la Comisión Europea (órgano ejecutivo de la Unión) que pretendían, precipitando la crisis bancaria en diciembre de 2014, impedir que fuera elegida por el voto de la población, y desde entonces, se han empeñado en obstruirla para que no lleven a cabo su programa inmediato, contrario a la privatización y desregulación completa de la economía, y a la austeridad con recorte de los derechos sociales, y al desorbitado endeudamiento externo, que han sido los ejes de la política, conocida como neoliberalismo, impuesta en todo el globo terráqueo.

Juan Luis Concheiro Bórquez* / A los Cuatro Vientos

Durante la crisis de 2007, en Grecia (que anticipaba la primera crisis “global” del año siguiente), la enorme deuda externa se evidenció como impagable (representa 177 por ciento del producto interno bruto de ese país), aunque fue hasta este año que el FMI no lo reconoció abiertamente. La gestión de Alexis Tsipras ha entregado en los pasados meses poco más de 7 mil 70 millones de dólares, se pretendía obligarlos a 9 pagos más hasta el 20 de agosto, por la exorbitante cantidad de 12 mil 918 millones de euros (más de 13 mil millones de dólares). Cuando la troika (FMI, Banca Central Europea y el órgano político de la Unión Europea) condicionó la provisión de fondos destinados a rescatar el sistema financiero al cumplimiento de los pagos mencionados, en realidad estaba intentando tirar al gobierno.

Grecia, gobernada por la coalición Sipras y la agrupación de Griegos Independientes (emergente expresión del hartazgo ciudadano de los partidos tradicionales que gobernaron los últimos decenios sobreendeudándose), enfrentó las ilegítimas presiones para obligarlos a lo imposible con un recurso letal frente al poder imperialista del capital financiero: la democracia popular. El Parlamento griego aprobó la realización de un referéndum sobre las pretensiones de la troika. La izquierda posibilista y la derecha tradicionales –que aplicaron la política neoliberal cuando fueron gobierno– se opusieron a la participación del pueblo griego en el litigio; los parlamentarios del gobierno consiguieron el apoyo de la ultraderecha nacionalista y neutralizaron a los comunistas, que pretendían llevar a referéndum el no a la política neoliberal de rescate y algunos puntos para un plan alternativo a la austeridad de los organismos financieros internacionales.

Seis meses de presión mediática y movimiento de capitales contra el gobierno y en perjuicio del pueblo griego se derrumbaron como castillo de naipes: el 62 por ciento de los participantes respaldó las gestiones del gobierno para rechazar las imposiciones absurdas de los organismos financieros internacionales, a pesar de la fuga de capitales de las horas anteriores por más de 450 millones de euros. El desconcierto de la troika fue tal que pasaron a planear la expulsión de Grecia de la Unión Europea, con efectos verdaderamente incalculables para el conjunto de la economía.

Sin embargo, los gobernantes griegos se lanzaron a su manera a la ofensiva. Dimitió el negociador principal con la troika a quien ya ponía como un obstáculo primario, en una conferencia para la prensa –memorable– Yanis Varoufakis ex ministro de Finanzas dijo que “en la izquierda (en el gobierno griego) sabemos cómo actuar de forma colectiva sin importar los privilegios que conllevan los cargos. Apoyaré sin reservas al primer ministro Alexis Tsipras, al nuevo ministro de Finanzas y a nuestro gobierno”. Y vaya que lo ha hecho; es por el momento quien saliendo al paso de los reclamos por la presunta claudicación del gobierno (al aceptar aumentar la jubilación y preservar la política de privatización y austeridad), ha dimensionado los costos sociales y económicos que significaría de inmediato para Grecia el hecho de quedar fuera de la Unión Europea.

GRECIA MUJERES PROTESTA

Varoufakis ha puesto el acento en el hecho de que continuarán en su lucha por reestructurar la deuda y acabar con la “jaula de hierro” –como dijo él– que los pueblos europeos padecen debido a la imposición de la política de los organismos financieros internacionales y así abrir paso a una “Europa democrática” que ofrezca la perspectiva de una eurozona “de justicia social y prosperidad compartida”.

Hasta ahora, por medio de las políticas neoliberales se ha impuesto un modo de acumulación que subordina los intereses de los pueblos europeos con menos desarrollo capitalista y destruye la estructura productiva de antaño, a la vez que reconstituye otra con el nuevo patrón del gran capital financiero, que aniquila los aparatos productivos. Por ejemplo, en el caso de Grecia ha generado desempleo crónico, de los mayores de 40 años que perdido el trabajo no ven perspectiva de inserción laboral en el resto de su vida, y de la mitad de los jóvenes menores de 25, que buscan empleo y no encuentran. Además, la orientación del gran capital financiero destina a Grecia como república de servicios de turismo e inhabilita al resto de la economía nacional. Por eso, entre otros argumentos ideológicos, la troika exige que no se cobren impuestos a la inversión y que se bajen para el turismo.

La izquierda radical griega, que por cierto funda su concepción programática en el marxismo, discute, crítica a quienes en el gobierno o puestos de representación se vuelven “negociadores” o “reformistas” y propone programas alternativos que suman a la población en la toma de decisiones, como crear un dinero virtual para enfrentar la falta de euro circulante. Por su parte los radicales del gobierno argumentan con análisis puntual lo que la separación, temporal o definitiva, de Grecia de la Unión Europea desataría, no sólo desde la perspectiva de la economía sino del daño que ocasionaría a la población.

Son debates serios, donde no predominan los insultos ni las descalificaciones. Los más críticos apuntan el riesgo de perder la fuerza política adquirida en las elecciones de enero y el referéndum al buscar a toda costa permanecer en la Unión. Consideran evidente que se trata de una ofensiva política de los organismos financieros para destruir la alternativa al neoliberalismo que se construye en Grecia.

La cuna de la civilización occidental actualmente apunta a detener la marcha de la barbarie neoliberal –privatización ecocida, austeridad a costa de los derechos sociales, desregulación para asegurar el principio capitalista de máximo de ganancia en el más corto plazo–, una ruta que amenaza con la destrucción de la humanidad y quizá de la naturaleza. Es decir, esta cuna puede ver el surgir de una civilización, con justicia social y democrática, necesariamente anticapitalista. Por ello es preciso difundir en todo el mundo las lecciones que con su lucha está dando el pueblo griego y quienes hoy lo gobiernan, así como desplegar la solidaridad más amplia con esa posibilidad que se abre de salvarnos como especie.

JOSE LUIS CONCHEIRO*Juan Luis Concheiro. Sociólogo egresado de la UAM. Director de la Gaceta Parlamentaria de la Cámara de Diputados.