Los plañidos de Sarmiento

El ser comentarista oficial de una de los tentáculos del oligopolio televisivo por muchos años ha de acarrear muchas y enormes comodidades. Pero también algunas incomodidades. Por esas heridas respira a veces Sergio Sarmiento, comentarista de TV Azteca y columnista de muchos diarios del país.

Víctor M. Quintana/ A los Cuatro Vientos

 Sarmiento se ha de sentir tan incómodo por ser un defensor y divulgador de las medias verdades y mentiras que sostienen al status quo de este país, que trata de voltear la tortilla. De pronto se quiere poner contestatario y provocador. Lo hizo cuando el movimiento campesino demandó por enésima vez una política agroalimentaria basada en pequeñas y medianas unidades de producción, como lo promueve la FAO, y no en el apoyo a grandes agricultores, ganaderos y acaparadores, como lo hace el Gobierno Federal. Entonces Sarmiento argumentó que “el campo es un barril sin fondo”, pero no se puso a investigar para sus lectores y televidentes, que abajo del supuesto fondo de ese barril está sólo un puñado de empresas agroalimentarias, varias de ellas trasnacionales, y de megaempresarios mexicanos que se quedan con la mayoría de los subsidios al campo mexicano. (Para mayor información visite el sitio: (subsidiosalcampo.org.mx).

Ahora el comentarista consentido de TV Azteca arremete duro contra quienes han comentado favorablemente el excelente trabajo “La desigualdad en México”, del economista de la UNAM, Gerardo Esquivel, auspiciado por la organización humanista internacional OXFAM. Se cuida de no referirse directamente al título del libro ni al autor, lo que lo llevaría a una confrontación para la que no está preparado. Eso sí, a las personas que comentan el hecho terrible de que el nuestro sea uno de los países más desiguales del mundo, les llama despectivamente: “el coro de plañideras”, seguramente como revancha contra quienes lo llaman a él  “ruiseñor del régimen”.

En síntesis lo que Sarmiento señala en su más reciente entrega (“Igualdad y pobreza”) es:

  1. Erróneamente se nos ha educado en considerar  que la desigualdad es mala y no vemos que el verdadero problema de México no es la desigualdad, es la pobreza.
  2. La desigualdad es un problema de envidia. “…poco importa si mis necesidades están satisfechas, yo resiento que otro tenga más que yo”. Y llega a las alturas filosóficas de Enrique Peña Nieto sobre la condición  humana al señalar:  “ El impulso para quitarle al rico lo que tiene, por el simple hecho de que es más de lo que yo poseo, es muy intenso.”
  3. La forma más eficaz de combatir la pobreza no es despojar a los ricos de lo que tienen para repartirlo entre los pobres. Estas acciones suelen profundizar la pobreza al inhibir la inversión productiva que genera riqueza. La verdadera solución es construir un sistema de educación pública de calidad –que sea competitivo con la instrucción privada y genere igualdad de oportunidades-y promover la inversión productiva.

INDIGENTE DUERME EN CALLE

A Sarmiento se le olvida que la desigualdad es la que genera la extrema pobreza y que la desigualdad no es un problema de envidia, sino de que la estructura social, económica y política de un país como México está hecha precisamente para que los ricos se hagan cada vez más ricos y los pobres, más pobres. Una somera observación nos dice que en los países menos desiguales del orbe, ciertamente hay pobreza, pero no extrema pobreza… ni extrema riqueza. Varios datos para considerar:

Según la lista de ‘Forbes’, en 1996 había 15 mexicanos con fortunas superiores a los mil millones de dólares; en 2014, su número ascendió a tan solo 16. No obstante, mientras que en 1996 las fortunas de esos 15 equivalían a 25,600 millones de dólares, las de los 16 mexicanos más ricos en 2014 equivalía a 142.900 millones de dólares, de forma que en este período, la fortuna promedio de cada miembro de ese grupo pasó de 1.700 a 8.900 millones de dólares. A su vez, la riqueza de los cuatro mexicanos más acaudalados, Carlos Slim, Germán Larrea, Alberto Baillères y Ricardo Salinas Pliego (el que le paga sus comentarios televisivos a Sarmiento) en 2014 representó el 9% del PIB mientras que en 2002, su fortuna sólo alcanzaba un 2% de ese producto.

Otro dato: la fortuna de los cinco mexicanos más ricos, asciende a 116 mil millones de dólares, mayor a la de los cinco alemanes más ricos (104.7 mil millones de dls.), de  los cinco españoles más ricos (96.7 mil millones), de los cinco italianos más ricos (83.9 mil millones). En estos países, que figuran entre los menos desiguales del mundo, tanto la riqueza como la extrema pobreza están  moderadas, no en México. Un dato más para concluir: la sola riqueza de Carlos Slim es mayor que la de los cinco suecos más ricos y no se diga los cinco daneses, finlandeses o daneses, esos sí, de los países menos desiguales del mundo.

Entonces no se trata como pontifica Sarmiento de quitarle al rico lo que tiene; sino de impedir que los mega ricos mexicanos les sigan quitando a los pobres lo poco que les queda. No lo decimos nosotros: la OCDE acaba de señalar esta misma semana que entre todos los países integrantes de ese organismo, “Los trabajadores mexicanos son quienes más horas trabajan y quienes menos perciben por su trabajo”. 

Ya a un más alto nivel teórico, el economista francés Thomas Piketty publicó el año pasado un espléndido trabajo: “El capital en el siglo XXI”, donde muestra la dinámica de concentración de la riqueza en pocas manos que domina en el capitalismo globalizado. Dinámica de concentración que el mismo Papa Francisco ha señalado como generadora, no de la envidia que tanto preocupa a Sergio Sarmiento, sino de las múltiples violencias y depredación de la naturaleza que tienen a la civilización  y al planeta al borde del colapso.

No son plañidos los de quienes señalan críticamente la violenta desigualdad en México. Plañidos son los de aquellos que la descalifican y defienden los privilegios de los beneficiarios de ella. Como Sarmiento.

*Víctor Quintana Silveyra. Doctor en Sociología. Presidente del Comité Estatal del Movimiento Regeneración Nacional (MORENA) en Chihuahua.