Roberto Armocida, pasión por las imágenes

Con su cámara sostenida con pulso firme, el fotógrafo entra al “campo de batalla” a capturar imágenes vertiginosas, pedradas que zumban sobre policías estatales que huyen espantados -abandonando patrullas y una tanqueta blindada-, mientras otros policías antimotines abren cráneos a toletazos y disparan armas de fuego al aire o acribillan con balazos de goma a los jornaleros agrícolas del valle de San Quintín.

Así rescata y recrea el reportero gráfico un testimonio tangible del coraje de los indígenas triqui, hombres y mujeres que repelen la represión policiaca, defendiendo piedra en mano a sus familias y sus hogares.

Olga Alicia Aragón / A los Cuatro Vientos

Con esa cámara, Roberto Armocida no sólo ha documentado la lucha de los jornaleros agrícolas de Baja California por mejores condiciones de vida, también nos comparte la ternura de niñas y niños que juegan a ser felices; la sonrisa amorosa de la madre que alimenta a su hijo pequeño con la dulce leche de sus pechos; las manos rojas y las enrojecidas ropas de exhaustos pizcadores de fresas que esperan la paga de su jornal.

“La fotografía ha sido y sigue siendo mi vida”, dijo el italiano al comentar sus 30 años en el fotoperiodismo.

Nació en Roma y radica en México desde 2009, pero apenas iniciaba la segunda década de su existencia, cuando llegó al nuevo continente a cubrir el conflicto bélico y el proceso de pacificación de Centro América, trabajando para la agencia internacional Reuters.

– “No puedo imaginar otro modo de existir. La fotografía llegó a mi vida para cambiarla y para formar mi carácter; es mi forma de expresión, de mirar el mundo y describirlo, conocer otras realidades y comprenderlas”, agregó con naturalidad.

Armocida es un cazador de imágenes capaz de capturar con su cámara el carisma de un líder; la determinación de un pueblo; la valentía de unas adolescentes que enfrentan con éxito el trauma de la violencia sexual; una familia kumiai arraigada a su pueblo como los viejos encinos a la tierra; la tierna inocencia de un niño de cara al sol y los asombrosos paisajes como aquellas insólitas nubes que adquieren la forma de la República Mexicana en un cielo intensamente azul difuminándose en el horizonte platinado del inmenso mar.

El color gusta mucho a Roberto, en especial cuando el rojo, el verde y el azul son más intensos y en una gama cromática revelan mejor la naturaleza de las cosas y de los seres humanos, que suele escapar a la mirada común.

Sin embargo, siente fascinación por la fotografía en blanco y negro, porque es un maestro en el manejo de la luz y, así como el pavorreal muestra en su plumaje todos los matices y tornasoles del verde y el azul, este fotógrafo imprime en sus imágenes una gama infinita de grises junto al negro más intenso y la blancura que embelesa.

– «En ciertos temas muy fuertes, decido que la fotografía sea en blanco y negro, para no desviar la atención con colores bonitos de lo que considero más importante: el rostro y la mirada de la gente. El blanco y negro concentra nuestra atención en el mensaje esencial de la imagen».

De ahí que haya decidido seleccionar 35 imágenes en blanco y negro para su primera exposición fotográfica en Tijuana, Baja California donde radica desde noviembre de 2014.

EXPOSICIÓN BC-15 EN TIJUANA

ROBERTO ARMOCIDA EXPOSICIÓN

La inocencia de un niño que juega frente a lo que queda de la estación de Policía de Vicente Guerrero, en el valle de San Quintín, lugar de violentos enfrentamientos entre jornaleros y policías el 9 de mayo de 2015.
La inocencia de un niño que juega frente a lo que queda de la estación de Policía de Vicente Guerrero, en el valle de San Quintín, lugar de violentos enfrentamientos entre jornaleros y policías el 9 de mayo de 2015.

Con motivo del 126 aniversario de la fundación de esta ciudad, Roberto Armocida fue invitado por la Casa de la Cultura de Tijuana a montar una exposición de su obra, con imágenes de esta frontera y momentos trascendentes en la vida social de diversas regiones del estado.

La exposición fue inaugurada el pasado jueves 2 de julio y permanecerá en la Galería Benjamín Serrano de la  Casa de la Cultura Tijuana (calle París y Lisboa #5, en la colonia Altamira), hasta el próximo 2 de agosto.

Eduardo Flores Campbell, fotógrafo y columnista, es ejemplo del cariño y reconocimiento que Armocida se ganó muy pronto entre los tijuanenses.

Esto dijo el sobrino del escritor Federico Campbell –en su muro de Facebook-, al enterarse de la exposición del italiano:

– “El trabajo fotográfico de Roberto invita a la reflexión, anula la indiferencia. Sus textos periodísticos son impecables incluso en italiano, aun cuando insista en que el español es su segundo (o tercer idioma), no le creo. Roberto no ceja en la búsqueda de “La Gran Belleza”, donde muchos de nosotros somos ciegos debido a la rutina y la cotidianeidad. Mas si esto no fuese suficiente, Roberto es una gran persona literal y metafóricamente, por lo que con gusto les pido que corran la voz”.

Su exposición fotográfica es un excelente motivo para entrevistar a Roberto Armocida, quien se ha ganado la admiración y el respeto de periodistas y, en general, de quienes valoran la excepcional calidad de su trabajo.

UN ESPACIO SUTIL

ROBERTO ARMOCIDA FILA
Decenas de migrantes y habitantes del canal de Tijuana, más conocido como el bordo, esperan en fila para recibir ayuda por parte de una organización humanitaria.

“Esta exposición nace del simple deseo de dar a conocer una forma distinta de mi trabajo, más allá de mi profesión de fotoperiodista”, dice Armocida al explicar el concepto de “BC-15 Fotografía y Documento”.

“En esta oportunidad”, agregó “pude aprovechar el espacio que el Instituto Municipal de Artes y Cultura de Tijuana me ha ofrecido en el marco de los festejos del 126 aniversario de fundación de la ciudad, y del apoyo del Instituto de Fotografía del Noreste”.

Y profundizó:

“Una exposición ofrece la posibilidad de percibir una determinada obra, su lenguaje o expresión, de manera más íntima, creando una interacción directa entre el autor y su posible público. Hoy en día, el acceso a las imágenes es algo de dominio público y global, de consumo masivo. Esto es bueno, pero también creo en la comunicación que se puede crear a través de una exposición. Es una propuesta visual concreta, tangible, y como tal sujeta a la evaluación que cada visitante pueda tener, sea en términos de emociones, estímulos, lenguaje, filtrando lo que mira a través de su propia percepción.

“Hay un sutil espacio entre la fotografía y la realidad, un delicado mundo donde la imagen se convierte en documento en la percepción del fotógrafo. Esta exposición habla de esto, de la poderosa síntesis de una sola y única imagen que, al explorar territorios desconocidos, permite a los demás ser testigos, sin haberlo sido”.

Entre sus últimas exposiciones en México, destacan: “Mediterránea”, presentada en el claustro del Instituto Italiano de Cultura y en la Fundación Dante Alighieri (2009) y “Gli Angeli di Roma”, en la Biblioteca del Banco de México y en la Feria de San Marcos, Aguascalientes (2010).

Participó también en exposiciones colectivas relevantes:

“FINI 2011”, con las obras finalistas del Primer Festival Internacional de la Imagen, presentada en la Rectoría de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH); “Expresiones de una Italia Viva”, en el Paseo de la Reforma, organizada por la Secretaria de Cultura del Gobierno del Distrito Federal y por la Unión Italianos en el Mundo (2011); “Una Historia en Una Imagen”, en el Centro de Artes Visuales en Mérida, Yucatán (2013) y  “Fantasmas Urbanos”, fotografía social y documental expuesta también en Mérida, Yucatán (2014).

Fue galardonado con el tercer premio del concurso FINI-2011, en categoría de fotografía documental y periodística, con el reportaje «La Ciudad Amenaza». Ese mismo año, con un reportaje sobre condiciones de vida de unos indigentes en la capital mexicana, recibió mención de honor en el concurso fotográfico organizado por la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

UN AMOR APASIONADO

Una madre del Estado de México busca a su hijo desaparecido en Tijuana. Aquí descansa un momento en el comedor salesiano del Padre Chava, donde cientos de migrantes acuden cada mañana a recibir ayuda
Una madre del Estado de México busca a su hijo desaparecido en Tijuana. Aquí descansa un momento en el comedor salesiano del Padre Chava, donde cientos de migrantes acuden cada mañana a recibir ayuda

“Desde su creación la fotografía es documento. Y no obstante todo, esto seguirá siendo su frágil y sublime fuerza”, dice Roberto con el mismo tono de quien habla de su primer amor.

Así recuerda sus orígenes.

“Empecé en esta profesión a mediados de los 80´s, y desde entonces ha sido mi pasión. Sin embargo, mi incursión en la fotografía se remonta a unos años antes, durante mis estudios en la Academia de Bellas Artes de Roma, donde por mera casualidad descubrí la fotografía gracias al interés de un profesor que me incorporó a uno de sus cursos de verano.

–¿Cuándo y cómo decidiste ser fotoperiodista?

–No decidí ser fotógrafo, simplemente amé de inmediato esta forma de expresión y mi vida quedó marcada cuando capturé la primera imagen. No era fácil conseguir una cámara y menos armar un cuarto oscuro. Los costos eran altos, pero gracias a la ayuda de mi familia logré encaminarme en esta disciplina, mejorando constantemente mi equipo y los espacios donde practicarla”.

–Tu fotografía tiene profundo sentido social.

–Sí, la pasión por el fotoperiodismo creció y se afirmó de inmediato. Durante mis estudios mantenía un compromiso social y político constante, eran años de muchos cambios en ese sentido. Me di cuenta que mi verdadero interés era comulgar las dos cosas: fotografía y compromiso social, imagen y documento. Este fue el camino que se abrió frente a mi y simplemente empecé a recorrerlo”.

El quehacer fotoperiodístico de Armocida, en efecto, resalta esta inquietud y conciencia profesional. Su temática está vinculada a nuestras realidades sociales: marginación, pobreza, migración, discriminación, derechos humanos, religión y cultos, poblaciones indígenas y minorías…

–¿Cómo puedes comprender el mundo en imágenes?

–Desde su creación, la fotografía es registro y documento de la realidad. El verdadero poder de este nuevo arte irrumpió en la vida cotidiana de millones de personas, describiendo la realidad de forma fidedigna, a través de imágenes reales. Imágenes de la realidad y la realidad en imágenes. Por eso la fotografía desplazó en poco tiempo lo que únicamente los artistas habían tratado de describir hasta aquel momento. Al poder expresivo de las imágenes artísticas se sumó el poder descriptivo de las imágenes fotográficas, abriendo camino a nuevos cuestionamientos sociales, éticos y creando una nueva figura profesional.

–¿Dónde ubicas la frontera entre arte y fotografía periodística?

–En esta poderosa disciplina pueden convivir aspectos estéticos y artísticos con un mensaje documental y descriptivo. Una buena fotografía periodística puede ser al mismo tiempo estéticamente perfecta, responder a los cánones de la composición clásica, sin perder su fuerza y su mensaje. La evolución de la fotografía ha hecho el resto, tomando características y ramas aparentemente diferentes y distantes, como la fotografía documental y periodística, o la fotografía comercial y publicitaria, o la fotografía de moda y de arte, etc. Sin embargo, cada una de estas disciplinas fotográficas mantiene elementos comunes que no se ha perdido y que siguen representando su propia esencia”.

FOTÓGRAFO DE GUERRA

ROBERTO ARMOCIDA MANOS EN ROSTROS

América Latina ha significado para Roberto Armocida la oportunidad de convertirse en fotoperiodista y madurar como ser humano.

– “Trabajar en este continente ha sido mi verdadera escuela y el campo donde aprendí y puse en práctica la fotografía documental y fotoperiodística. Apenas terminados mis estudios, y con una pequeña cámara fotográfica llegué a América central, teatro de un conflicto militar y civil cruento y sumamente doloroso. En un marco así empecé mi verdadera profesión. Enfrentando una realidad de guerra y dolor a través de mi cámara senté las bases más firme de lo que hoy día considero mi experiencia y mi capacidad. Fueron años muy duros pero maravillosamente estimulantes, durante los cuales trabajé con una de las principales agencias internacionales de noticias, la agencia Reuters. Hombro a hombro con compañeros y colegas de más experiencia, enfrentado una realidad tan compleja y dramática, puedo sencillamente indicar que fue el periodo más formativo de toda mi carrera. Mi experiencia en México llegó años después, tras un largo paréntesis de regreso a Italia.

Después de la guerra, vino la calma. Armocida regresó un tiempo a Italia, donde fue corresponsal para los diarios mexicanos Excelsior y Reforma. “Cubrí los últimos años de pontificado de Juan Pablo II, la vida social, cultural y política de mi país, el conflicto balcánico y de Kosovo, los procesos antimafia y anticorrupción”.

Comenta que también colaboró entonces con los principales diarios y semanarios italianos: El Corriere della Sera, La Repubblica, L’Espresso, Panorama, La Stampa y Il Messaggero, realizando reportajes en toda el área de Mediterráneo y en algunos países europeos.

“La fotografía es como la vida misma”, dice ahora, al paso de los años. “Toda experiencia anterior te sirve para dar el paso siguiente, para ampliar visiones y experimentar nuevos caminos. Aquí en México empecé un nuevo camino”.

–Arribaste a México en 2009, cuando el gobierno de Felipe Calderón desató una incontenible violencia con su guerra al narcotráfico, ¿cómo impacta esta violencia a tu trabajo?

–Así es, llegué a México en unos de sus momentos históricos más delicados y contundentes. He tenido la suerte de vivir y presenciar este periodo trabajando para importantes diarios, como El Universal y La Jornada. Esto me ha dado la oportunidad de conocer a este hermoso país en sus entrañas, descubriendo y describiendo realidades complejas y profundas.

ROBERTO ARMOCIDA JORNALEROS FRESA

“El trabajo de un fotoperiodista jamás termina, tampoco se condiciona por las realidades del momento. Llegué a México en un momento crucial también de mi vida, donde mi madurez como ser humano, mi percepción de la justicia y de los problemas sociales no son los mismos de hace diez o veinte años. Un fotógrafo vive su tiempo, aprende a ser un ladrón del tiempo, congelando por siempre instantes irrepetibles. Esto no se puede eludir. Y es un reto increíble y fascinante tener la oportunidad de ser testigo de las luchas o las transformaciones de una sociedad. Es una gran responsabilidad, pero es el único camino para quienes ejercemos esta apasionante profesión”.

¿Cómo ves, con tu mirada de fotógrafo, a la fronteriza Tijuana?

–La frontera es tierra de límites y de la manera de cómo sobrepasarlos. Las fronteras desafortunadamente son una invención del ser humano y forman parte de nuestra evolución. Sin embargo, no son límites absolutos y no son una limitación para quienes deseamos un mundo cada vez con menos barreras. Hay temas aquí muy peculiares, por lo peculiar de esta realidad, y para un fotógrafo como yo es sumamente interesante percibir esta realidad nueva y tratar de describirla para quienes no la conocen. Creo que las verdaderas fronteras se forman entre nosotros mismos, sin la necesidad de un muro o una malla. Las fronteras más difíciles de superar son hechas por la discriminación, por la injusticia social y laboral, por la pobreza, por la falta de derechos humanos, por la violencia y la prevaricación. Estas fronteras se viven a diario en cualquier punto geográfico de México y de cualquier otro país. Una malla o un muro pueden ser la proyección material y física de una separación, pero hay muchas otras fronteras más difíciles que se necesita conocer y superar, sea como simples individuos o como sociedad y humanidad.

 – ¿Cuáles imágenes han quedado en tu alma y cuáles son las que no aún no tomas y quieres capturar con tu cámara?

–En tantos años de profesión y tantos países conocidos es normal que se queden en mi alma algunos momentos que jamás olvidaré y que han marcado mi recorrido profesional y como ser humano. Puedo decir que vivir la fotografía de manera tan intensa me ha ayudado a tomar conciencia de tantas cosas, y esta conciencia regresa en los temas que prefiero seguir. Recuerdo muchas fotografías, pero sobre todo recuerdo momentos y contextos en que estas fotografías han nacido. Si es cierto, como sostengo, que toda fotografía es documento, en cuanto registro de una realidad y de un preciso instante, este principio se afirma aún más en la fotografía documental y fotoperiodística. Y así debe ser.

“La fotografía que ha quedado en mi alma es la última que he hecho, y las que más quiero hacer son las que haré mañana. Aquello que hace más de treinta años me ha empujado a hacer de la fotografía mi vida y mi forma de vivir, no ha cambiado. Trabajo cada día con la misma pasión y el mismo compromiso de aquel entonces, aprendiendo cada día más de una profesión que me ha dado y me seguirá dando hasta el final la posibilidad de conocer, describir y ser testigo de mi tiempo.

LA REALIDAD ENTERA EN UNA IMAGEN

Roberto Armocida
Roberto Armocida

— ¿Cómo ha sido tu transformación profesional a partir de la evolución de la tecnología hacia la cámara digital?

–Amo los cambios y aprecio la tecnología. No podría ser diferente, por mi curiosidad como persona y periodista, también porque quiero aprovechar los adelantos tecnológicos como parte de nuestra evolución. No le tengo miedo a la tecnología y no pertenezco a aquella familia de fotógrafos que siguen amando la fotografía análoga, la de rollos y cámara oscura para entendernos, rechazando lo nuevo. Creo que la substancia no cambia. Un fotógrafo sigue siendo tal, use una antigua cámara manual o uno de los modelos más avanzados de cámaras digitales. El problema no es de  soporte, sino de ética.

“Pero no creo que para ser un buen fotógrafo y fotoperiodista sea absolutamente necesario tener lo último de la tecnología. La esencia de esta profesión radica en vivirla con pasión, instinto, entrega. Es tener la absoluta y firme conciencia que una sola imagen, tomada en el momento y en lugar adecuado, puede tener el poder de describir una entera realidad, por su inmensa fuerza de síntesis, por su capacidad de impactar nuestra memoria colectiva e individual, y quedar para siempre.

-– Dicen que ahora, en un año, creamos más imágenes que todas las que se crearon en la historia de la humanidad ¿Qué opinas de esto? ¿Vamos a un mundo de imágenes?

–Ese dato no me sorprende. Tampoco me sorprendería saber que en este último año los seres humanos escribieron más palabras que todas las que se han escrito desde que existe la humanidad. ¿Cuántos billones de mensajes, textos, sms, email, libros, diarios y publicaciones de varios géneros se habrán creado y enviado entre todos los rincones del planeta? Así que no vamos hacia un mundo de imágenes: ya vivimos en un mundo de imágenes. La fotografía abrió paso a otras poderosas formas de comunicación, como la cinematografía y la televisión. El siempre mayor y más fácil acceso a la “imagen”, ya sea como producción o consumo, ha determinado este proceso ineludible. Tomar una fotografía ya no es una prerrogativa de pocos: hoy día es suficiente tener un teléfono celular. Y darle espacio y difusión a esa imagen, tampoco es prerrogativa de unos cuantos: hoy día es suficiente tener acceso a internet y a una red social.

“Todo esto es una enorme conquista en términos de democracia y pluralidad de expresión”, dijo Armocida, pero acotó:

“Claro, en una cultura donde todo es siempre imagen hay una peligrosa contraindicación. Ante esta masiva producción y consumo de imágenes nuestra capacidad de discernir y entender puede verse mermada. Ese es el gran reto que debemos enfrentar todos los que trabajamos en la comunicación, y en el periodismo en particular. Yo creo en la contribución y diversidad de cada individuo y en la completa aceptación que la nuestra es una época en la que comunicar jamás ha sido tan fácil y directo. Sin embargo, exactamente por esa facilidad y amplitud, es siempre más difícil decir algo que valga la pena ser escuchado o visto. Si el poder de una fotografía ha sido claro desde sus inicios, ahora tenemos lo que antes no existía; la posibilidad de que esta fotografía pueda ser vista en pocos instantes en cualquier rincón del planeta. Como todo adelanto humano está en nuestras manos utilizar y aprovechar de la forma más apropiada este inmenso poder”.

–¿Cuáles son, en lo personal, tus sueños más preciados?

–Tengo algunos deseos y sueños personales, pero no creo sea este el espacio para comentarlos. Puedo decir que espero tener la posibilidad de continuar este apasionante e intenso camino que todos llamamos vida, sin jamás dejar de cargar mis cámaras fotográficas.

Concluye así la entrevista el fotógrafo Roberto Armocida, sin dar margen a la confidencia personal. Al final, como al principio, sólo habla de su apasionante amor por la fotografía.