Bicicletas y banquetas

Con el título de esta crónica se podría hacer un verso sin esfuerzo, pero el asunto es más serio. El repunte bicicletero en el país ha traído nuevos problemas que en el caso de la ciudad de México y otras grandes ciudades, agravan situaciones ya existentes sin que hasta la fecha se les haya dado solución.

Teresa Gil / Libros de ayer y hoy

Una de ellas es el de los accidentes viales en ciudades que están diseñadas para que el carro sea el rey.

Con un flujo vehicular que se calcula en 4 millones en el Distrito Federal, la bicicleta, como alternativa de transporte y de remedio ecológico se abre paso trabajosamente en un entorno de más de 100 mil viajes diarios, según INEGI, 57 por ciento de los cuales son para ir al trabajo.

Aparte de una legislación frágil y un automovilista en general poco respetuoso, ese medio de transporte ha creado dos serios problemas que la autoridad y el programa de Ecobici no saben cómo enfrentar: el despliegue bicicletero a zonas peatonales, en especial las banquetas y el robo de esos vehículos. Las banquetas que de por sí no ha habido autoridad que las rescate de restauranteros y comerciantes abusivos –que las han incorporado a sus negocios–, están siendo utilizadas por los ciclistas, sin que ni si quiera se tenga un claxon para indicar su presencia.

La falta de espacios seguros incita a invadir, creando un entorno peligroso que en cualquier momento puede estallar.

El robo de bicicletas por su parte, ha aumentado en 30 por ciento en los últimos años y se calcula que al menos se roban 10 bicicletas diarias. Sólo en el DF. No hay legislación, ni interés, por seguirles la pista.

LADRON DE BICICLETAS CARTON

La realidad supera la ficción dicen por ahí, pero en Ladrón de bicicletas (Ladri di biciclette, Sajalín Editores, 2009), novela de la posguerra escrita por Luigi Bartolini en 1945, el problema ya era acuciante. Nunca se imaginó este poeta, escritor, grabador y pintor italiano que una película (Ladrón de bicicletas, 1948) le iba a superar el crédito de su creación.

Vittorio De Sica se inspiró en el libro para crear un clásico del neorrealismo, considerado entre las cincuenta películas más importantes de todos los tiempos.

Tanto lo escrito como lo filmado giran en torno al robo de una bicicleta a un trabajador que había hecho grandes sacrificios para adquirirla. La búsqueda del vehículo transcurre en un agitado muestrario de personajes que reflejan los efectos de la guerra cruenta que acaba de terminar.

Bartolini, un luchador contra el fascismo lo que lo llevó a la cárcel durante cinco años, dio la pauta para que De Sica creara su gran obra maestra.

El símbolo de una bicicleta exhibe las consecuencias de los conflictos en los seres humanos. Al morir en 1963, el germen de su novela se expandía en el mundo como una advertencia de lo que no puede volver a ocurrir.

laislaquebrillaba@yahoo.com.mx