El manejo de incendios en BC, reto mayúsculo

El aumento en los incendios forestales se debe principalmente a dos factores: por una parte, el cambio climático que mantiene a la región en una intensa sequía, y por otra parte, al descuido humano.

Nain Martínez* / A los Cuatro Vientos/ La Jornada BC

Conforme nos acercábamos a la zona del siniestro se sentía un ambiente pesado y un intenso olor a quemado. El viernes 26 de junio, mi compañera y yo llegamos a la Delegación de Ojos Negros, donde se encontraba el mando móvil de Protección Civil, centro neurálgico para la coordinación de la logística y las acciones de mitigación del incendio más grave registrado en Baja California en la última década.

Nos identificamos y describimos la modesta carga de equipo y víveres que traíamos. Nos pidieron esperar un momento. Al parecer, el personal de logística tenía más de una semana operando sin descansar, había demasiadas corporaciones, equipo, vehículos, comidas que abastecer y zonas de atención para que alguien más pudiera entender esos delgados y largos hilos, y así sustituirlos en sus funciones. Aun así, nos recibieron con amabilidad, mantenían una actitud casi heroica en lo que hacían.

Después de esa pequeña contribución, nos dirigimos a Parque Nacional Constitución de 1857 para llevar víveres y provisiones a nuestro equipo. Por el seguimiento en satélite y los informes de nuestros compañeros, sabíamos que el incendio había estado muy cerca del área, prácticamente rodeando su cara suroeste.

Para quienes conocemos la zona, el paisaje era simplemente impactante: a lo lejos se veían enormes columnas de humo que se perdían en la atmósfera como nubes color plomo, zonas de chaparral carbonizadas, montículos de arbustos y madera derivados de las acciones de contención, enormes camiones que transportaban materiales a toda velocidad por los caminos vecinales, pequeñas chimeneas subterráneas donde se extingan restos de fuego, las caras exhaustas de los combatientes y un cielo color naranja que exhibía un sol de rojo intenso, colores derivados de las altas concentraciones de bióxido de carbono en la atmósfera.

Fotografía: página facebook de Elizabeth Dukes
Fotografía: página facebook de Elizabeth Dukes

Era un paisaje digno de la mejor película de ciencia ficción post-apocalíptica. En ese entorno, entendí por qué se les llamaba a los brigadistas “combatientes”, y es que ahí se había librado una guerra. Una guerra que requirió de la intervención de un ejército de hombres y mujeres en que, pese a los intensos esfuerzos, se habían perdido miles de hectáreas de chaparral y varias más de una franja que marcaba el inicio del bosque en el suroeste de Sierra de Juárez.

El incendio forestal que ocurrió entre 22 de junio y el primero de julio requirió de la participación de alrededor de 500 combatientes. Se estima que afectó más de 15 mil hectáreas, lo cual lo convierte en el incendio forestal más intenso en al menos una década.

El chaparral fue la vegetación con mayor daño, no obstante alrededor de 500 hectáreas de bosque también fueron blanco del siniestro. La magnitud del área afectada es tal que podría equivaler a entre tres y cinco veces la extensión de Parque Nacional Constitución de 1857.  Sin duda, una tragedia ambiental para nuestra entidad.

En el mediterráneo norteamericano, que encuentra el noroeste de la península de Baja California, los incendios forestales son parte de los procesos ecológicos en la región. Por ejemplo, al crecer el chaparral se acumula en el ambiente madera, hojas y restos de plantas que son combustible para el fuego. Al paso del tiempo, la acumulación de combustibles es tan grande que los incendios forestales consumen todo esa materia, liberando espacio y nutrientes para renovar el ecosistema.

Los incendios forestales esporádicos son un proceso natural en nuestro chaparral. Las especies de plantas y animales están adaptadas a ellos, e incluso, algunas especies dependen de los incendios para mantener la salud de sus poblaciones. Sin embargo, en las últimas décadas existen evidencias de un aumento en la frecuencia y severidad de los incendios forestales en la región. Esto significa que cada vez hay un mayor número de incendios, cada vez más destructivos y abarcan extensiones más grandes.

INCENDIO FORESTAL BAJO CONTROL BOMBERO

El aumento en los incendios forestales se debe principalmente a dos factores: por una parte, el cambio climático que mantiene a la región en una intensa sequía, y por otra parte, al descuido humano. Al menos el 90 por ciento de los incendios forestales son iniciados por los humanos. Hay investigaciones que señalan que los incendios forestales en nuestra región podrían aumentar entre un 40 y 50 por ciento durante el siguiente siglo (Fried et al., 2004). El reto en materia de manejo de incendios para nuestro estado es mayúsculo.

Un área tan extensa como la consumida en este reciente incendio tardará décadas en recuperarse, y los efectos adversos irán más allá del impacto sobre nuestros ecosistemas.

El bosque y el chaparral prestan importantes servicios a los bajacalifornianos, por ejemplo, contribuyen a la recarga de la cuenca Arroyo Guadalupe, principal suministro de agua en Ensenada; proveen productos forestales para uso tradicional y comercial; producen grandes cantidades de oxígeno; aportan sedimentos y nutrientes de gran relevancia para la productividad de los valles agrícolas y contribuyen a regular el clima regional. Los impactos de este incendio los padeceremos los bajacalifornianos durante los siguientes años.

En el futuro, los incendios forestales serán sucesos más frecuente para nuestra región. Por ello, es indispensable construir una cultura de la prevención ciudadana en la materia, valorar los servicios ambientales que prestan nuestros ecosistemas y apoyar los proyectos de conservación de la biodiversidad que realizan instituciones gubernamentales y organizaciones sociales.

NAIN MARTINEZ*Maestro en ciencias en manejo de ecosistemas de zonas áridas. Oficial de Campo del Proyecto “Fortalecimiento de la efectividad del manejo y la resiliencia de las áreas naturales protegidas para proteger la biodiversidad amenazada por el cambio climático” del Programa para las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).