Hacia el futuro de la humanidad

La humanidad vive en este Siglo XXI una época de cambios vertiginosos marcados por el avance de la ciencia y la tecnología. Sin embargo, en paralelo a este gran avance, las relaciones entre las personas, los grupos y los pueblos se deterioran gradualmente, haciendo retroceder los anhelos de democracia, justicia social y respeto a la soberanía de los pueblos.

Raúl Ramírez Baena* / A los Cuatro Vientos

Hoy vemos con desaliento cómo se diluye la esperanza surgida tras la Segunda Guerra Mundial con la firma de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, cuyo gran objetivo fue crear un nuevo orden mundial basado en la paz entre las naciones y en el respeto irrestricto a la dignidad y los derechos humanos, que dio lugar a la doctrina del Estado Garante. El ideal ha cedido tras el fin de la llamada Guerra Fría a finales de los 80’s y, con ello, se impuso una fuerza ideológica, política y económica, que privatiza los derechos sociales e impone a los pueblos, cual Destino Manifiesto, una forma de gobierno único y visión del mundo: la Economía de Mercado.

A la caída del campo socialista, que representaba un mecanismo mundial de equilibrio de fuerzas, la Economía de Mercado trajo consigo un cambio de dogmas y paradigmas donde se impone la visión radical, pragmática, materialista e individualista, de privilegios para las minorías y exclusión para las mayorías.

La pobreza y pobreza extrema, la discriminación hacia los grupos vulnerables de la sociedad, la violencia de género y hacia los migrantes y los grupos de la diversidad sexual, es un botón de muestra de las consecuencias que acarrea el modelo de desarrollo actual.

Hoy no gobiernan los gobernantes, menos los ciudadanos; gobiernan los empresarios, las trasnacionales, los oligopolios, los centros financieros internacionales y el Club Bilderberger.

No conformes con ello, las fuerzas que dominan el planeta han colocado a las fuerzas armadas y a las fuerzas del orden como fieles guardianes de los intereses del capital financiero. Con ello, el derecho a la seguridad pública es suplido por la Doctrina de la Seguridad Nacional, la política del Gran Garrote.

Observamos con preocupación la criminalización y represión de la protesta social, que surge como último recurso de los grupos y colectivos en resistencia ante el agotamiento de las vías jurisdiccional, administrativa, de diálogo y de negociación, y que tiene su origen en violaciones a los derechos humanos y en demandas por justicia social.

Controlando a los principales medios de comunicación se ha logrado minimizar el despojo y posible extinción de tribus y pueblos indígenas, así como de comunidades rurales y urbanas. Los macroproyectos y la superexplotación de los recursos naturales utilizando métodos extremos como el fracking, en aras del “desarrollo”, favorecidos por legislaciones laxas y la corrupción, han puesto en grave peligro la salud humana y han quitado a los pueblos originarios y a las comunidades no sólo sus derechos, sino también sus territorios, su hábitat natural, su cosmovisión y sus costumbres ancestrales.

Por otra parte, vemos impotentes cómo en el modelo actual de democracia representativa, los sistemas electorales se las arreglan para asegurar mayorías que aprueben normas que favorezcan al poder político-económico. La izquierda institucional y “moderna” es hoy una oposición domesticada en el juego de la partidocracia legislativa. El modelo neoliberal podrá permitir alternancia en el poder, pero difícilmente el tránsito hacia la democracia participativa.

CAPITALISMO MIGAJAS CARTON

En la Economía de Mercado cambiamos de la geopolítica a la geoeconomía, donde las fronteras se vuelven artificiales, se abren y se cierran en función de los ciclos económicos. Así, el tráfico de personas, de drogas y de armas, al igual que las mercancías, se administra y se controla, mas no se frena, siempre de acuerdo a las necesidades del mercado, no de las personas.

La criminalización de las y los migrantes en el mundo surge a partir de la administración de los flujos de trabajadores migratorios, que tienen su origen en la pobreza y en la violencia en sus lugares de origen.

El nuevo liberalismo económico trajo consigo el aumento de la violencia criminal y de la violencia institucional, así como de la corrupción, el crimen y el narcotráfico, que es una relación difícil de separar y, peor aún, de abatir.

El poder ha construido un mito popular haciendo creer a la población que la criminalidad tiene su base únicamente en el comportamiento individual y que no está relacionada con causas sociales, eximiendo la obligación y responsabilidad del Estado de garantizar condiciones de vida digna para todas las personas.

El tejido social se ha roto y las sociedades no construyen ciudadanía. En cambio, el individualismo materialista ha suplido a la consciencia social, a la solidaria, la fraternidad, la convivencia, la empatía, la amistad y el amor al prójimo. En este modelo de desarrollo todo tiene precio, todo se compra y todo se vende, desde la vida hasta la libertad de expresión.

Noam Chomsky ha advertido recientemente que la humanidad sufre dos grandes peligros que amenazan su extinción: El holocausto nuclear, producto de un esquizofrénico aumento del armamentismo y la catástrofe ambiental.

Así que ni declaraciones, cumbres, convenios multilaterales, memorándums de entendimiento, tratados de libre comercio, iniciativas, pactos, reformas estructurales y elecciones, serán suficientes para cambiar la correlación de fuerzas en un mundo unipolar.

Son los pueblos y las consciencias libres las que habrán de cambiar las cosas en el planeta. Sea el Foro Social Mundial Binacional el que siente las bases para la hermandad entre los pueblos de México y los Estados Unidos, y para proponer acciones futuras que siembren el futuro de un mundo incluyente, equitativo, distributivo, justo y en paz.

Discurso pronunciado en la apertura del Foro Social Mundial (Tijuana, B.C., 25 de junio de 2015).

RAUL RAMIREZ BAENA* Director de la Comisión Ciudadana de Derechos Humanos del Noroeste. Ex procurador de los Derechos Humanos y Protección Ciudadana de Baja California