Apagar incendios forestales en BC, política de conservación equivocada

A 16 años de que científicos de Baja California recomendaron al gobierno federal que dejara de aplicar la política de supresión a los incendios forestales, la situación de los bosques es muy sensible al embate de siniestros “incombatibles” como el que se presentó hace unos días en la Sierra de Juárez, en donde consumió 25 mil hectáreas de las cuales 250 eran de coníferas y otros árboles adultos.

Javier Cruz Aguirre / A los Cuatro Vientos

El exhorto al cambio lo presentaron en 1999 cuatro especialistas: tres de ellos del Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada (CICESE) -los doctores Horacio de la Cueva Salcedo, Ernesto Franco Vizcaíno y el ingeniero Celerino Montes-. El cuarto fue el doctor Richard Minnich, de la Universidad de California en Riverside.

“Este fue el origen del Sistema de Información sobre Incendios Forestales en Baja California y el Programa de Detección Temprana, que contó con recursos de la Comisión Nacional Forestal y del Consejo Nacional para la Ciencia y la Tecnología para su creación en 2006”, destacó el doctor Franco Vizcaíno.

Pero el anteproyecto no avanzó más porque la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), y la misma comisión forestal insistieron en aplicar la política de supresión del fuego, contó a su vez el doctor De la Cueva.

Este receso contuvo el saneamiento natural de los bosques ya que el calor que producen las llamas de un incendio forestal es necesario para que los árboles eliminen naturalmente las plagas que los estresan, como el escarabajo descortezador que está presente en las sierra de Juárez, San Pedro Mártir, de Ulloa y Blanca, dijo el investigador del Departamento de Biología de la Conservación del CICESE.

También contuvo la repoblación natural de los bosques de coníferas porque el fuego es un elemento necesario en el proceso de germinación de varias especies de pinos que habitan en las sierras.

La política oficial de apagar los incendios forestales en Baja Califfornia y el resto de México, pone en riesgo la estabilidad ambiental de los bosques (Foto: Internet).
La política oficial de apagar los incendios forestales en Baja Califfornia y el resto de México, aún cuando no pongan en riesgo propiedades humanas, pone en riesgo la estabilidad ambiental de los bosques (Foto: Internet).

Los científicos contaron que su innovadora propuesta consistió en pedir que se permitiera al fuego desplazarse libremente por los valles, cañones, laderas, cerros y sierras.

– “Nuestro enfoque principal era la prevención para evitar daños a los ecosistemas y proteger a las personas y a sus propiedades. Los funcionarios de la SEMARNAT, los mandos militares, diversas autoridades del estado y otros servidores públicos nos escuchaban y aceptaban que teníamos razón, pero a los pocos días estaban corriendo, desesperados, apagando los incendios”.

Así lo contó el doctor Franco, investigador que trabajó en el Departamento de Biología de la Conservación del CICESE y se ocupó por varios años al estudio comparativo en políticas de supresión de incendios forestales. Hoy es académico e investigador ambiental de la Universidad Estatal de California en la Bahía de Monterrey.

En medio del escepticismo a su propuesta, el grupo planteó a la SEMARNAT poner en marcha un programa científico que dejara “correr” a los incendios en zonas previamente seleccionadas y preparadas para el fuego.

También se propuso hacer mapas muy detallados de la región, ubicar zonas de riesgo y adoptar medidas preventivas en aquellos casos en que los incendios representaran un peligro para las personas o sus propiedades, según recuerda el ingeniero Celerino Montes García, coautor del estudio Estrategia para la conservación de la Sierra de San Pedro Mártir, en dónde él y sus colegas Franco y De la Cueva plantearon los incendios libres.

“En un lugar como Baja California –describió Franco Vizcaíno-, donde existe un mosaico de parches quemados en diferentes épocas, lo importante es determinar hasta dónde puede resistir el fuego y cómo responde el ecosistema al fenómeno: el incendio progresa hasta que llega a un parche quemado, se le acaba el combustible y se apaga solo”.

Lo que sucede en California, luego de años de supresión de los incendios forestales, es intimidante,  devastador (Foto: La República).
Lo que sucede en los bosques de California, luego de años de supresión de los incendios forestales, es intimidante, devastador (Foto: La República).

Expuso: “Cuando suprimimos el fuego lo que hacemos es acabar con ese mosaico de parches convirtiendo todo en un gran parche de combustible. Cuando por equis razón hay una ignición, el resultado es un incendio incombatible, como los de California”.

Correspondió al doctor Richard Minnich explicar la hipótesis de Franco

– “A diferencia de los bosques bajacalifornianos, los de California son muy densos. Esta diferencia de densidad es muy significativa si se toma en cuenta que mientras en la Sierra de San Pedro Mártir hay 100 árboles por hectárea, en los bosques del sur de California se pueden contar desde 500 hasta 2000 árboles por hectárea; por eso cuando hay un incendio en California los daños al ambiente y a la población son devastadores”.

Esta alta densidad de árboles –dijo- se originó por la ejecución de una política de supresión de los incendios en los bosques del Sur de California, acción que mediáticamente se conoció como “Smokie Bear”.

– “Y aun cuando compartimos las mismas condiciones climatológicas en las montañas de Baja California y el Sur de California, se calcula que cuando se presenta un gran incendio forestal la mortandad de árboles en California llega al 50 por ciento, mientras que del lado mexicano alcanza un máximo de cinco por ciento”.

Esta lógica impulsó al gobierno de Canadá, país en donde existen grandes extensiones de bosques, y a últimas fechas a la administración pública de California, permitir que los incendios forestales “corran” naturalmente en zonas despobladas por humanos pero siempre cuidando las áreas habitadas, “ejemplo que desafortunadamente –lamentó Ernesto Franco- no seguimos en ninguna parte de México”.