Sondeo: Sobre las carreras fuera de camino

Es un hecho que a muchos ensenadenses les gustan. No me atrevería a decir que la mayoría porque aunque miles van a los eventos relacionados con esta actividad, miles también nos quedamos en casa, nos repelen o ni nos van ni nos vienen.

Néstor Cruz Tijerina / Reportaje / A los Cuatro Vientos

Las opiniones al respecto, por lo tanto, son muy polarizadas. Están los que dicen que «no mames, es lo mejor que le pasa a la ciudad güey», hasta los que exigen «que los gringos vayan a hacer su desmadre a su país y dejen de venir aquí a destruir la naturaleza y a exhibir la pobreza de nuestras autoridades que se les abren de patas».

Así de contrastante. La realidad es que visualmente es un espectáculo atractivo porque podemos apreciar a vehículos de cientos de miles de dólares brincar vados a velocidades extraordinarias, con lo último de la tecnología automotriz.

También es cierto que durante las «bajas» 1000 y 500 Ensenada recibe mucho turismo y ese sector comercial se activa considerablemente. El nombre de la ciudad suena a nivel mundial, nos voltea a ver mucha gente y cosas por el estilo.

Pero es un hecho que las autoridades estatales y municipales ponen todo en bandeja de plata. Le pagan a los ejidatarios el paso por sus terrenos -500 mil pesos entregó la Secture al Ayuntamiento para cubrir eso, según la prensa local-, cierran el boulevard Costero por 3 ó 4 días, desquiciando la ciudad; ponen a su disposición a una parte importante de la seguridad pública; les cobran una cantidad ridícula en permisos, en comparación con las ganancias de los organizadores y cumplen los caprichos de los promotores referentes a las rutas, sin exigir estudios serios del impacto ambiental que realizan, según han denunciado por años agrupaciones preocupadas por este tema.

Otro impacto negativo es el efecto psicológico que produce en miles de ensenadenses. De entrada, muchos se creen corredores y los ves, particularmente en esos días, acelerando sus vehículos, generalmente humildes, ya que hay una clara relación entre la falta de educación, recursos económicos y su fácil manipulación para creerse corredores. Aunque claro que hay clase media y alta que pierde el control y hace lo mismo.

Además es una época en la que el alcoholismo y el machismo viven su máxima gloria. Las empresas cerveceras sí que le meten mucho dinero al patrocinio, pero el embelesado por el evento, casi como religión, se surte de hieleras y más hieleras para «disfrutar como se debe» el espectáculo, según palabras que he escuchado tantas veces.

Ah, y machismo, porque la foto con la edecán, la cual parece ser un accesorio más del carro y una admiradora fiel de los temerarios corredores y espectadores, es una tradición. La mujer en estos eventos se limita llevar ropa diminuta para hacer más agradable la borrachera entre compadres.

Lo más «fanáticos» producen, año con año, accidentes viales y muertos por imprudencias. Mientras los organizadores y autoridades no han solucionado el grave problema de seguridad que tienen con tanta gente que se ubica en la ruta y, por la «adrenalina» que dicen sentir, se ponen en el camino de los carros para tomarles fotos, o simplemente sentir el vértigo de la muerte que viven los corredores. Sólo que son más los espectadores muertos.

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Es increíble que tantos decesos, año con año, no han puesto a pensar a los involucrados en que algo está mal. No se ha hecho un análisis comparativo de lo que sucede en otras carreras, sean Fórmula 1, Indi Car, Nascar, etcétera, donde no se muere la gente en cada carrera.

Es un hecho que todas estas irregularidades mencionadas no suceden en Estados Unidos o Europa, porque allá parece que no están dispuestos a que una empresa haga lo que quiera con su medio ambiente y sus ciudadanos. Aquí en Baja California el mensaje es que el dinero y la excitación valen más que cualquier otra cosa.

Por eso cuando me preguntan si me gustan o no las carreras fuera de camino, no puedo omitir todos estos «pequeños» detalles. Porque aunque digan que la derrama económica es grande «sobre la ciudad», en realidad sólo ciertos sectores empresariales se benefician enormemente, y no sé si eso justifique los enormes gastos que pagamos con nuestra aportación tributaria.

Sin duda, a nivel personal, siento admiración por el desarrollo tecnológico; incluso por la valentía de los participantes al enfrentar terrenos difíciles y superarlos también con habilidad personal. Yo mismo creo que correría, pero en algún circuito cerrado, donde si alguien saldrá lastimado seré solamente yo, no un espectador, ni mi entorno natural.

Pero yo no fui hoy en encuestado. Les presento un pequeño sondeo entre gente que vive de forma diferente las carreras fuera de camino, ¿o desencaminadas?.

-José, vendedor de camisetas.

Antes no había problema con Score y vendíamos más playeras, pero ahora nos pueden confiscar nuestra mercancía si usamos su logo. Por eso los gringos sobre todo ya no nos compran tanto, les gusta ver la marca, aunque aquí en Ensenada sí sigue siendo buen negocio.

Además de las carreras, ponemos el puesto todo el año y salen los gastos. A la gente de Ensenada le gustan mucho las carreras, forman parte de la cultura popular. No se concibe una Ensenada sin las carreras, yo creo que a todos nos gustan. Salvo una «razilla» amargada que hay por ahí.

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Los hoteles y los restaurantes se llenan, la ciudad tiene vida, nos va bien a todos.

-Policía. Decidió dar su declaración de forma anónima. Se le preguntó si la ciudad queda desprotegida por tantos agentes cuidando la carrera.

La verdad es que sí, a veces hasta más de la mitad de los compañeros se abocan a cubrir el evento. Desde controlar el tránsito hasta andar en la ruta vigilando que la gente no cometa actos imprudentes. Es la orden del mando y nosotros obedecemos, aunque ya ha pasado que los malandrines aprovechan para hacer sus desmanes en la ciudad, sobre todo robo a casa habitación y robo a transeúntes. Y a veces la capacidad de respuesta es más lenta. Pero tratamos de hacer nuestro trabajo lo mejor posible para auxiliar al ensenadense.

-Alberto, comerciante del Boulevard Costero.

Primero viene Peña Nieto y nos secuestra la ciudad, ahora vienen los gringos y hacen lo mismo. ¿Qué significa esto? Si lo sumamos a las obras del boulevard, ha sido un año muy difícil para todos nosotros.

Las ventas van mal. El gobierno ya nos prometió apoyos pero sólo le han llegado a unos, a los que conocen a los funcionarios. Es una crisis muy dura que muchos no van a resistir. Ojalá los gringos vinieran y nos compraran, pero muchos nadamás vienen por la cheve o por el «curios». Los que ofrecemos otros servicios nos la vemos negras.

-Gabriel, espectador, «fanático».

Está bien chilo todo, las morras, el cotorreo, las rampeadas, la raza bien prendida, la adrenalina, las morritas al 100, ya lo dije; la banda, los compas, el tierrero, los conductores que se la rifan.

Cada año venimos a la revisión y se pone chilo el cotorreo. Luego cargamos la ranfla de cheve y nos vamos al cerro. A veces acampamos y se agarra una buena cura. Y temprano empiezan a pasar los carros y las motos. Ahí estamos todo el día y quedamos empanizados, pero bien chilo. Nos gusta la velocidad. el Robby Gordon, el Ivan Stewart… ah, no, ese ya no corre (risas).

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-Caros Lazcano Sahagún. Espelólogo.

Existe un negocio que resulta incómodo en Estados Unidos, es el de las carreras fuera de camino, pomposamente llamadas «off road” en Baja California. El «bussisnes”  empezó a perder terreno debido a los destrozos ambientales que provoca.

Como de aquel lado existe una mayor preocupación por el calentamiento global y el cambio climático, así como por la pérdida de la biodiversidad y otras alteraciones que empiezan a afectarnos gravemente, a este tipo de carreras se les empezó a acotar, al grado de que sólo en contados sitios las permiten, y a condición de que paguen fuertes compensaciones.

Siendo los «gringos” como son, expertos en hacer negocios a su favor y teniendo a un lado nuestra tierra, pronto vieron que Baja California podría convertirse en su paraíso del «off-road”.

Con el conocimiento de la corrupción predominante entre las autoridades, el bajo nivel de cultura y educación de los bajacalifornianos, el desconocimiento que tienen de su propia tierra, su baja autoestima y el malinchismo exagerado ante lo extranjero, especialmente ante lo estadounidense, no tardaron en darse cuenta de que en nuestra tierra podrían suplir con creces la caída del negocio en su propio territorio.

No sólo eso, sino que aquí podrían ganar más, mucho más, y hacer lo que les diera la gana, sin que nadie les pusiera un alto, al contrario.

Al desconocer su tierra, los bajacalifornianos no la defienden. No saben nada de su flora, su fauna, sus ecosistemas. No saben nada de su historia, de su propia evolución. Así, manipularlos resulta demasiado fácil.

Además, con autoridades que sólo les interesa el dinero fácil y rápido, las leyes se flexibilizan o de plano no se aplican. Autoridades que aman más el dinero que a México o a Baja California.

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Por si fuera poco, con una sociedad a la que le fascina el fútbol y las telenovelas, inventarles ídolos es lo más fácil del mundo, como en el caso de las «estrellas” del «off road”.

Y lo peor de todo es que los organizadores prácticamente no invierten un quinto. Para eso están las autoridades que les hacen todos los mandados. Desde gestionarles todos los permisos, limpiarles los caminos, ponerles policías y soldados para que los cuiden, darles cuartos de hotel, darles todas las concesiones posibles, no cobrarles impuestos y un largo etcétera.

Además, no tienen que pagar ningún daño ambiental, ninguna compensación, ya que para las autoridades no causan ningún daño.

Ganan todo. Eso sí es negocio, y este tipo de negocios en grande, que sólo benefician a una parte, sólo ocurren en México.

¡Ahhhh! la derrama económica. Es otra cosa de lo «padre” de hacer negocio aquí. En realidad no llega dinero de afuera, es el mismo dinero de los bajacalifornianos el que se mueve, y no en gran escala.

La única derrama de dinero fresco le llega al hotel Coral y Marina y al San Nicolás, y quizá a uno que otro. Lo demás es dinero de aquí mismo. Son las migajas.

Las verdaderas ganancias vienen de los contratos con los fabricantes de autos, de piezas, de llantas, de tantas cosas. Con las televisoras que transmiten el evento. Y de esas ganancias ni un solo quinto queda en Baja California. Ya lo he dicho, aquí solo quedan las pérdidas y las ganancias se las llevan al otro lado.

Aquí queda un ambiente natural cada vez más afectado, tesoro que los bajacalifornianos no parecen amar, ni les interesa. Aquí queda una cultura de lo vulgar que cada vez va tomando mejor sitio en detrimento de los viejos valores de nuestra sociedad.

Aquí quedan masas que aman máquinas en lugar de seres vivos. Aquí va quedando una pobreza mental y espiritual que cada día nos va haciendo más mediocres. Lo más triste es que ya muchos no tienen visión para más. No existe ya la capacidad de apreciar lo verdaderamente nuestro, lo verdaderamente valioso.

Se nos ha estado educando para que seamos un patio trasero, y así está ocurriendo. Ya somos el patio trasero de los «gringos”, en donde ponen sus basureros y todo lo que por allá no quieren. Ya hace tiempo que nuestro destino dejó de estar en nuestras manos.

En la medida en que en los Estados Unidos le vayan cerrando más las puertas a este tipo de carreras, en esa medida las estarán abriendo en Baja California.