Sobre la caminata a San Antonio de las Minas

Hace como un año leí una crónica al respecto. Era de una muchacha, jovencita según vi en su foto, para una revista digital. Y me ataqué de la risa. Todavía a veces, cuando estoy triste, la recuerdo y pasa todo lo feo.

Néstor Cruz Tijerina / Reportaje / A los Cuatro Vientos / Fotos: Néstor Cruz, rtodos-santos.com, internet

Describió la travesía como si fuera a escalar Los Andes. Cansadísimo, difícilisimo y peligrosísimo por la fauna salvaje y lo accidentado del terreno.

Para quien ya conoce, sabrá por qué tanta risa. Pero el que no, pudiera espantarse, creerle y suspender ese paseo obligado para el ensenadense que quiere, sin ir muy lejos, disfrutar un lindo paisaje y hacer un ejercicio elemental para cualquier persona con actividad más o menos frecuente.

1.- No es inalcanzable. Como mencioné, si caminas lo elemental y no vas a la tienda de la esquina en carro, podrás superarlo. En un buen rato, pero terminaras. Ahora, si haces ejercicio constante, no tendrás ningún problema, seguro.

2.- Puedes ver pinos. Sí, pinos, aquí cerquita, a hora y media a pie, sin necesidad de ir a nuestras sierras cercanas. Esto sucede porque subes, sí, a veces un poco empinado, pero en serio que no te mueres si tienes una salud promedio.

3.- Te sales de la rutina y entras a una actividad cada vez más de moda entre los ensenadenses: El senderismo. ¿Has escuchado o visto en tu Facebook que cada vez más gente sube al famoso Picacho del Diablo, o que trepan el cerro de Los Attenuatas, o que andan por la zona de Punta Banda visitando loberas o playas escondidas? Ah, pues eso es el senderismo.

El puro paseo mensual, ya tradicional, a San Antonio, que sale el primer domingo de cada mes, reúne a un promedio de 400 personas. A veces más, a veces menos, dependiendo el clima.

Es una cosa impresionante, cuando son más, ver cómo el camino ancho que recorre los 19.5 kilómetros de travesía, parece una calle del centro de la ciudad por tanta gente que ves.

Y te encuentras de todo: Niños desde los 4 años, señoras gorditas, gente de la tercera edad, fortachones del gimnasio, perros, ciclistas, corredores, personas con zapatos de vestir o botas… Todos, como les da su imaginación, ahí andan, disfrutando el paisaje tan lindo.

Y en realidad son pocos los que no lo han disfrutado, como la muchacha del artículo que comenté al principio, o los que se ampollan, o los que de plano son sedentarios e imprudentes por animarse, de la nada, a caminar.

La verdad es que si lo quieres disfrutar plenamente, sí debes de tener un respaldo físico. Yo tenía una novia que con un mes previo de salir a caminar por su casa, empezando prácticamente de cero, pudo completar el paseo en 4 horas con 15 minutos; y tranquila, sin batallar, parando sólo a tomar algo y comer el famoso «lonche».

Eso de la comida es algo importante. Seas primerizo o experto, siempre es bueno llevar algo en una mochilita. Nunca se sabe cuánto tiempo durarás en caso de contingencia. Y además los alimentos con un importante valor energético como granolas, miel, cacahuates o lo que desees, hacen más fácil el paseo.

Normalmente la gente se reúne a las 6 de la mañana al final de la calle Ruiz, por la zona de Las Fincas. Ahí muchos dejan el carro y luego regresan en camión. Otros son recogidos allá por amigos o familiares.

El caso es que ese lugar es el de la salida oficial. «Oficial» para que cuente como que hiciste el viaje sin trampas, como últimamente hacen muchos que son dejados en una parte más alta, aprovechando hasta donde hay pavimento, y ahorrándose como 3 kilómetros.

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Menciono la palabra «trampa» porque muchos lo consideran, o consideramos -aunque ya lo hayamos hecho docenas de veces- un reto. Y como que cortar camino le resta algo de esa magia. Claro que si no quieres sufrir poquito más, se vale. Yo dejo el comentario aquí, como no queriendo la cosa.

Sufrir por gusto propio es una de las cosas más cuestionadas de cualquier deporte, sobre todo por personas sedentarias que no conocen de primera mano el placer que generan las endorfinas. En el caso del senderismo el sufrimiento placentero también existe un poco.

Como corredor de distancias largas puedo decir que es un sufrimiento menor al de mi actividad, pero en el senderismo, cuando lo practicas seguido, en kilometrajes elevados y por muchas horas, desarrollas una resistencia y tolerancia al dolor considerables.

Caminantes avanzados llegan a San Antonio entre 3 y 4 horas. Intermedios entre 4 y 5. Y una vez me tocó ir con un grupo que hicimos como 7 horas porque a uno se le bajó la presión, se ampolló, acalambró y nomás le faltó que le escupiera la famosa llama asesina que narró la asustadiza comunicóloga de la célebre crónica digital.

Bueno, va de nuevo: la gente sale a las 6 de la mañana y se va por el camino pavimentado que lleva a los fraccionamientos nuevos que terminaron con la belleza del Cañón de Doña Petra y tiran sus aguas negras mal tratadas al lecho del arroyo.

Es un tema que no supero, que se ha denunciado decenas de veces y las autoridades de los tres órdenes de gobierno no hacen otra cosa que tirarse la bolita entre ellos para no solucionarlo.

Pasando el camino pavimentado, más o menos a la altura del nuevo puente del libramiento que unirá la carretera a Tecate con la zona noroeste de la ciudad, empieza la primera parte de subida y la terracería.

Al principio la subida está un poco fuerte, lo reconozco. Algo empinada y han de ser unos 400 metros de un poco de esfuerzo, hasta llegar a unas antenas y las primeras obras de un nuevo cárcamo de la Cespe.

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Una subida que los novatos, si hacen como le recomendé a mi ex  de que fuera despacito, superarán sin mayores problemas. En la cima, gozando la primera vista hermosa de la ciudad de Ensenada desde las altura, puedes tomar agua, parar un ratito y seguir, porque apenas es el principio.

Bajas un poco, cruzas una reja -generalmente abierta para los caminantes y ciclistas, no motos- y llegas a las instalaciones principales del cárcamo, el cual prometía solucionar los problemas de abasto de agua de la zona, pero según algunos residentes no fue así.

Avanzas poco menos de un kilómetro de terreno plano y sigues con la pendiente, mucho más moderada.

A medida que vas subiendo la vegetación cambia. Empiezas a ver los primeros árboles de la familia de los pinos. Cuando menos te das cuenta, ya estás en un ambiente que parece lejísimos de la ciudad, inimaginable si sólo ves todos los días oficina, casa y restaurante.

Pareciera que estás bien lejos, cuando en realidad apenas llevas una hora caminando. Es cuando muchos primerizos se preguntan: ¿Por qué no había venido antes?

Tristemente, conozco a muchos ensenadeses adultos que, habiendo nacido aquí, ni siquiera conocen el Cañón de Doña Petra, tan bonito en su etapa de esplendor -aún lo es en lo que dejaron de su bosque de encinos-.

Para muchos vecinos, la vida es del hogar al trabajo y los fines de semana casa, familia, borrachera, compadres, sillón, cama, tele o simplemente siempre los mismos lugares. Y está bien, lo que nos gusta a unos no tiene por qué ser ley para todos. Aunque crea sinceramente que estamos aquí en la vida para tocar y conocer lo más posible.

Después de caminar unos pocos kilómetros de subida moderada llegas a la zona conocida como El Mirador. Aquí podemos disfrutar de una vista más espectacular.

Casi siempre la ciudad de Ensenada está cubierta por una neblina, y más por las mañanas; eso es algo que aprendes cuando la ves desde ahí. Pero cuando está despejado alcanzas a observar hasta Punta Banda, la bahía, la Isla Todos Santos, el crecimiento de la zona urbana… Y ahí muchos aprovechan para descansar otra vez en lo que toman fotos, agua y algunos empiezan a comer, se vale.

De ahí en adelante empieza la zona de pinos. El que no haya pensado o dicho en broma, sobre todo en diciembre, que le gustaría llevarse uno para navidad, mentiría. Son pinos muy bellos, no muy frondosos, pero forman un bosque importante. Mientras más te adentras en el camino, más disfrutas del nuevo paisaje.

El camino sigue subiendo, con momentos cortos de inclinación considerable y sendero accidentado por las piedras y las zanjas, pero sigue siendo muy transitable.

Llega el momento, por ahí del kilómetro 9, en que dejas de subir y sigue lo obvio, una bajada larga, a veces peligrosa por las piedras sueltas y muy divertida si vas corriendo o en bicicleta. Aunque producto de esa diversión ya me ha tocado ver a más de un fracturado.

En mis recientes entrenamientos corriendo me ha tocado ver a varias personas que van caminando caer «de sentón», pero siempre se sacuden, se ríen o se quejan un poco y le siguen.

No es un buen lugar para parar, ya que en ese momento el cansancio de tanto subir se empieza a hacer presente y ver a lo lejos, desde la altura, el valle de San Antonio, es un aliciente extra para terminar.

Terminada la bajada cambia drásticamente el escenario y te recibe un tupido bosque de árboles que no sé cómo se llaman técnicamente, pero son más comunes en la ciudad. Empieza lo plano, con algunos vados que ya no representan ningún problema para el caminante.

Ahí, en medio de la zona boscosa, está el más famoso punto de descanso: Un monumento que le hicieron a una persona de la tercera edad que ahí falleció.

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La muerte de esta persona parece que impactó mucho a la novel senderista escritora que ya he citado hasta el cansancio, pero lo cierto es que esa persona pereció víctima de una enfermedad cardiaca y, tristemente, fue en ese lugar. Con la esperanza de que haya muerto haciendo lo que le gustaba.

Ahí mucha gente se quita los zapatos, saca tierra y piedritas de ellos, se tiran, comen, beben, se sientan, platican anécdotas, se burlan o preocupan por los más cansados, ríen y viven.

Me ha tocado saber de gente que se pasa ahí hasta una hora. Unos porque están bien a gusto en el «cotorreo», otros porque de verdad ya están muy cansados. Pero lo cierto es que mientras más tardes, más feo es el regreso a caminar, ya que aún quedan diez kilómetros, los cuales generalmente son expuestos 100 por ciento a los rayos del sol, porque pasando el bosque, un kilómetro más adelante, todo es campo abierto.

CAMINATA SA MINAS 6Cuando llegas a esta zona sin sombra entras al terreno de la mítica llama asesina citada por la anterior fuente. Los que tenemos años recorriendo este camino sabemos que hace tiempo, años también, unas llamas pertenecientes a algún ranchero del rumbo a veces andaban sueltas, y llegaron a escupir y morder a algunos caminantes. Sí, alguien resultó con heridas considerables, pero eso ya pasó, ya no hay llamas.

Hablando de animales, sólo una vez he visto a una víbora en el camino, un día que iba solo, fuera del día del paseo tradicional. Es ilógico que si va tanta gente a la caminata y la terracería parece, por momentos, la plena Avenida Juárez, los animales se acerquen y se expongan. Así que no hay fauna salvaje, definitivamente.

Aunque por ahí me han contado que han visto, a lo lejos, venados y gatos monteses. Qué envidia.

En esta parte del camino avanzas más rápido. Se hace más pesado porque la gente ya viene más cansada y porque podría considerarse aburrido visualmente, luego de lo que acabas de ver, pero aquí entra la fortaleza mental de cada quien, las ganas de superar el reto, de no tenerle miedo a nada. Y puede ser muy agradable el trayecto si lo enfrentas así; y con buen humor.

Empiezas a ver un «sendero interpretativo» que puso el gobierno federal, con unas banquitas -sin sombras; yo nunca me sentaría ahí- y letreros que hablan de la fauna del lugar. Asimismo, comienzas a notar los primeros signos de signos de civilización materializados en casas, ranchos y diversos cultivos. La vid, siempre muy presente en esa delegación.

Más adelante te topas con un cruce de arroyo que generalmente está vacío por el problema de sequía que sufrimos en la región. Aquí, desde que leí el artículo, siempre me muero de la risa, porque en esos días que fue la muchacha acababa de llover, tenía agua y lo describió como si fuera «una laguna», cuando más bien parece un charco. La verdad es que en bicicleta lo he pasado rodando y hay por ahí unas piedras por donde lo puedes cruzar. Mojándote un poco, obvio, pero hasta eso es parte de la aventura. Cuando hay agua, claro.

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Después de eso restarán unos 4 kilómetros para llegar a la carretera. En el trayecto puedes ver cada vez más casas, ranchos, vinícolas e incluso, últimamente, algunos restaurantes, que abrieron aprovechando la fama del paseo.

Al final, cuando cubres los 19.5 kilómetros y llegas a la vialidad que va a Tecate, la satisfacción siempre es grande.

Muchos cruzan la carretera y agarran el camión de regreso a Ensenada. Camión que tarda a veces mucho en pasar, de 20 minutos a media hora, a veces. Y que siempre va llenísimo en esos días de travesía, convirtiéndose en un verdadero riesgo para la seguridad del senderista; más incluso, quizá, que lo vivido en los cerros.

Otros se van a los restaurantes cercanos. La mayoría agarran a la izquierda, rumbo al famoso Correcaminos o al Mustafá. Estos dos siempre saturados y a veces hay que esperar hasta más de una hora para agarrar mesa.  Otros dan vuelta a la derecha y llegan a un lugar de comida más pequeño, pero igual rico, llamado El Ranchito. Ahí siempre he encontrado lugar. Ninguno pagó publicidad, sólo es lo que he visto.

Y así, en un camión viejo con rumbo al carro o a casa, o en un restaurante desayunando abundantemente, termina el  paseo que reúne mes con mes a cada vez más gente que decide salirse de la rutina.

Como dije, es necesario llevar correcto calzado y calcetines, botanas, agua y la ropa debe ser cómoda y deportiva. Si se hace por primera vez, debe tomarse en cuenta que estarán haciendo actividad física por más de 4 horas, así que tienen que ir preparados psicológicamente para eso, de preferencia sin prisas.

Así podrán disfrutar este regalo que nos da la naturaleza sin mayores problemas, y sin duda les darán ganas de regresar el próximo mes.

Posdata: Ya que tanta lata di con el texto de la muchacha, aquí les comparto la liga. En serio que es una joya del humor involuntario, y más cuando has visto hasta a ancianitos cumpliendo el reto: http://rtodos-santos.com/archives/2666  Sí, ya sé que está mal burlarse de la gente , pero al menos no se murió y por eso se vale reírse un rato.