Prostitución, una historia de soledad

«La pobreza la lleva uno en la mente, esa es la más fea de todas».

Esta no es una frase sacada de un libro de superación personal, ni un meme de internet, ni el razonamiento de un filósofo. Es algo que me dijo una prostituta el otro día.

Néstor Cruz Tijerina / Reportaje / A los Cuatro Vientos / Foto en portada: El Mexicano

Conseguir una entrevista con alguien de su ramo es difícil. Lo intenté cuatro veces antes de que me diera el visto bueno. De hecho ya me iba a rendir; pensé que ninguna me haría caso en este proyecto de contar historias de personajes ensenadenses interesantes, o por lo menos diferentes a lo que vemos en los medios de comunicación convencionales.

«Lupita», como la llamaremos, dijo que me tomó confianza porque no me parezco a sus clientes comunes. Yo vestía camiseta de un medio maratón, tenis, pantalón de mezclilla deslavado (otros lo llamarán «moderno»)… y los que la frecuentan, dice, generalmente son hombres mayores, de sombrero y botas vaqueras, algo gordos, «algo feos»: Me lo dijo como un cumplido.

Le expliqué que pretendo ser algo así como un cronista urbano, alguien que se interesa por todos esos detalles que las demás personas no ven por su ritmo de vida, o simplemente no quieren ver por su moral y tradición.

Le digo que yo creo que la prostitución es una actividad que ha sobrevivido con éxito cientos de años, que me gustaría saber por qué. Y que esa es mi finalidad al platicar con ella.

«La prostitución sobrevive porque siempre ha habido gente sola, gente que no sabe relacionarse con el sexo opuesto, gente que no hace con sus parejas lo que realmente quiere», me comenta. Y después me dice que ella también ha querido contar su historia, porque considera que de ahí saldría un buen libro.

Para motivos prácticos, me invitó a pasar a un cuarto que ella renta en pleno centro de la ciudad, cerca de la «zona de tolerancia» o «bajío», como se le llama en la jerga ensenadense.

Desconfié, sí, porque la inseguridad está fea en todos lados. Y es bien sabido que en lugares donde abunda la pobreza, más. Pero a veces hay que arriesgarse poquito. Por mi mente pasó que al menos corro rápido, en caso de cualquier incidente. Menso, inocente, pero de perdida estoy aquí escribiendo esto.

Lupita es una dama acinturada, con pechos y nalgas generosas, abundantes, más bonita y más mujer de cara tierna que lo que se ve a lo lejos, con esa mini falda y ese parado de coquetería inherente. Tiene 28 años.

El cuarto donde vive y trabaja me hizo pensar de entrada en la palabra pobreza, pero ya fijándome bien tiene esos detalles de cualquier hogar familiar: las fotos de dos viejitos que abrazan a una niña, flores, tazas con adornos de ositos cariñosos, monos de peluche, cuadros de artistas no famosos, figuras de cerámica, una lámpara de escritorio… todo más normal de lo que te puedes imaginar como un lugar donde hombres van a saciar su placer más obsceno.

-¿Y por qué trabajas en tu casa? ¿No es mejor en los hoteles?

«Puede que sí, pero puede que no. Allá afuera lo malo es que te trabajan los padrotes, y a ellos les dan hasta el 50 por ciento de lo que ganas. Y si tú dijeras que te cuidan, pero no. Más bien las maltratan más que los clientes. Por eso no me paro en las esquinas. Tengo unos anuncios en el periódico, me llaman, hacemos cita y se hace el trabajo. O a veces camino en la calle y me encuentro a gente como tú, sentaditos afuera de mi casa».

Esa última frase fue coqueteo, pero la tomé con una sonrisa. Efectivamente, yo había estado tratando de conectar con alguna prostituta y fallé varias veces. Me vio. Ya estaba sentado en un escalón mandando mensajes en el celular, cuando apareció Lupita, tan guapa, y me sorprendió.

PROSTI SENTADA TRISTE

-¿Qué es lo que más te piden hacer los clientes? (Le pregunté y justo después me sentí como un pervertido que sólo se interesa por la parte porno de la historia)

«Que los abrace, ¿esa no es la respuesta que esperabas, ¿verdad?»

Me sentí pequeño ante su respuesta inteligente. Me notó el morbo. ¿O será que su actividad hace que afloren los impulsos más bajos de los hombres y ella aprendió a leernos como un libro abierto?

Es raro no sentir el control de la entrevista. Su seguridad es muy diferente a la de funcionarios o empresarios poderosos. Ella tiene control sobre mis instintos. Abriendo poquito -o mucho- las piernas para que la vea, se me olvidan las preguntas. Sería tan buena política, pensé. Y luego recordé cosas que no van en este trabajo.

-¿Así te lo piden directamente, que los abraces?

«Bueno, no. Quieren llegar y coger. Acabar, pronto, como si tuvieran prisa. Y se vienen casi siempre muy rápido. Ni un minuto. A veces los masturbas en el previo, y ya terminaron. Y casi siempre me abrazan y parecen bebés. Unos se quedan callados y otros se tardan más tiempo justificándose que lo que duraron. Es triste y es bonito, ¿sabes? Son como niños».

-¿Y tú sientes el instinto maternal, o qué sientes?

«A veces nada.  A veces me dan sentimiento, ternura. Es feo, sabes, que no tengan cariño de sus esposas, o que estén tan solos. Que se gasten el poquito dinero que ganan en su trabajo en sentir el calor de otra persona, porque nadie más se los da. Obvio yo no les digo nada de eso, te lo digo a ti, que eres el señor periodista que va a hacer mi reportaje».

-¿Y tú te sientes sola?

«Sí, pero no. Cómo te explico… yo una vez me enamoré mucho, luego me enteré de que andaba con varias. Fue cuando descubrí que el amor de una sola persona es falso. O de plano tienes que ser muy fiel y estar muy comprometido. Pero la gente ahora como que ya no le da mucha importancia a eso. No sé si antes sí, pero ahora la gente está muy acelerada y una sola pareja no les basta».

-Dice la sabiduría popular que tener muchas parejas te hace sentir más solo…

«Sí, pero no. Yo por ejemplo ya no sufro por amor, aunque a veces extrañe esa sensación de sentirme tonta. Pero no vale la pena por lo que sufres después, y por lo que sacrificas por mantener a tu pareja. Acá todo es informal, vienen, se van y muchas veces no los vuelves a ver. Aunque a algunos otros sí, se vuelven clientes. Tengo dos que tienen viéndome más de tres  años, sabes».

PROSTI NOCHE CALLE-¿Y con ellos la relación cómo es, ya son tus amigos?

«Pues a los amigos no se les cobra, pero particularmente con uno ya he ido al café y al cine. Es un muchacho lindo como tú, jovencito. Ya me dijo que me quiere y que ya no quiere que me dedique a eso. Muuuuchos me han dicho eso, y los mando al diablo, pero él me cae bien y por eso lo sigo viendo. Aunque, sabes, no creo ser buena mujer para él. Los muchachos lindos como tú se merecen mujeres que los quieran sólo a ellos, que los atiendan. Yo ya no podría cambiar mi vida».

-¿Y cuando pasen los años y ya no estés así de guapa?

«¿Te parezco guapa? Gracias. Estoy ahorrando dinero y pondré un negocito de una estética, a eso me quiero dedicar. Por eso vivo así modestamente como ves, en este cuartito, pero no necesito más. La pobreza la lleva uno en la mente, esa es la más fea de todas».

-Me pareces muy inteligente, de esa inteligencia natural para tratar a la gente…

«Gracias, y a mí me parece que me estás coqueteando… Pero bueno, qué esperabas de alguien con mi trabajo. Estoy segura de que soy más psicóloga que muchos psicólogos. Aquí después del sexo me hablan de sus cosas más profundas, más oscuras, más tristes. Aunque también están los que son muy graciosos y son todo risas y seguridad. Se les nota hasta en su forma de hacerlo. Les gusta tomar la iniciativa, sentir el control, hacerme lo que quieren sin preguntar…»

-¿Y has tenido malas experiencias en el plano físico?

«Si, pero la verdad no me ha ido tan feo como otras compañeras, que han parado en el hospital con desgarres, hemorragias o golpes muy feos. A mí nunca me ha pasado eso, sólo por algunas enfermedades que no han sido de transmisión sexual, eh. Estoy limpia».

-¿Cómo llevas el control?

«Voy al doctor cada mes, religiosamente, nunca fallo. Me he enfermado de la panza, de la gripa, pero nunca de allá abajo. Siempre condón, no hay falla»

-Cambiándote el tema, ¿qué piensas de la gente que cree que la prostitución es una actividad indigna para la mujer? Una actividad que la denigra…

«Yo creo que el hombre se denigra más al venir y pagarle a una mujer por no tener con quien estar por los medios normales entre comillas, pero bueno, cada quien… Si me preguntas si yo me siento con dignidad, claro que sí, porque sólo estoy vendiendo una parte de mi cuerpo, una actuación incluso, si así lo quieres ver. ¿Es indigno el que sale de asesino en la tele? Pues no, ¿verdad? Yo creo que ser mujer y el feminismo va más allá de lo que haces con tu cuerpo. Más bien es lo que piensas, si eres feliz, si tienes metas, si te quieres y te aceptas. Y la verdad que yo sí, eh. Estoy joven, estoy buena, muchos hombres me desean, estoy tranquila y me siento en paz con la vida. ¿Qué más puedo pedir?»

Me ofreció un vaso con soda de limón y me convidó de sus papitas. Tenía años sin comer Rancheritos, pero la ocasión extraordinaria lo ameritaba.

Me dijo que la disculpara, pero que se quería cambiar la ropa. Lo hizo frente a mí. Se despojó del vestido y sólo traía una pequeña tanga, nada arriba. Se puso una camiseta de los Rolling Stones, unos pants viejos que parecían pijama y se quedó descalza. Sentí un desenfado total de la vida y una naturalidad que me dieron ganas de vivir en ese mundo para siempre. O al menos de quitarme los tenis y la camiseta y andar como acostumbro en mi casa.

-¿Qué opinas de la religión y cómo juzga a los que ejercen tu trabajo? Porque hay que anotar que también lo hacen muchos hombres…

«Hace mucho que dejé de creer en los que hablan en el nombre de dios. Dios, no sé si exista, ¿pero quiénes se creen un montón de reprimidos sexuales de venir a decirnos cómo nos debemos de comportar? Primero que descubran lo que es vivir la vida, y luego que vengan a decirnos. ¿Sabes qué me da mucho coraje? Ver por aquí a muchos jotitos que son bien creyentes, que traen  sus rosarios y hasta van a misas escondiendo lo que son? Dios no debe de odiarnos a nosotros, si somos sus creaciones a imagen y semejanza, ¿qué no? Dudo mucho de que si existiera un dios fuera así de cerrado».

PROSTI GORDITA

-¿Qué es para ti el amor?

«El amor es platicar horas con un morrito lindo, caminar de su mano y acabarle rico en la cara, o al mismo tiempo. Ese es el amor, ¿qué no?»

Para mis adentros respondí que sí, pero tenía más curiosidad.

-¿Ese es todo el amor?

«Está el amor a los hijos, a los padres, a los perritos, ¿pero de ese amor quieres hablar?»

-No. En realidad quería entrevistar a una de esas viejas prostitutas como con las que me viste afuera. Quería que me contaran historias de tristeza, de dolor, de pobreza, de falta de educación y de oportunidades. Todo eso que se cree pero no se sabe a ciencia cierta que hay detrás de ellas, las que vemos en las esquinas del «bajío». ¿Esa percepción que tengo es correcta? ¿Sí viven en esas condiciones?

«Bueno, muchas sí, no lo voy a negar. Pero muchas estamos aquí porque es buen negocio y hay un mercado muy grande, se vale, ¿qué no? Y encima puedes ganar hasta algo de placer. Las putas viejas esas que dices existen y viven muy amargadas, pero también no se cuidan y agarran cualquier cosa a precios muy bajos. Yo soy cara, sabes. Pago el gimnasio y mi ropa bien. Tengo carro, celular siempre con crédito, internet».

-¿Cómo te ayuda Internet para realizar tu trabajo?

«Mucho. Tengo anuncios en ensenada.net y un perfil de Facebook. También un anuncio en El Mexicano. Y solitos los clientes llegan. Subo fotos, me marcan y se hacen las citas. En un buen día tengo hasta tres, pero a veces pasan días y no llama nadie. No me quejo, me va bien».

-¿Has tenido problemas con la policía?

«Yo no, pero allá afuera las que dices, sí. Les piden dinero, las levantan. He sabido que han abusado de algunas, incluso. Pero yo no. Yo tengo incluso clientes que son policías, si te contara, pero soy profesional y no».

-¿Recomendarías a otras mujeres que le entren al oficio de la prostitución?

«Depende de qué mujeres. Si son gordas que no se preocupan por su cuerpo, no. Si son señoras amas de casa, pues no. Si son jovencitas que están estudiando la carrera, tampoco. Pero si tienen la mente abierta, no tienen miedo y les vale madre lo que digan de ellas, sí, por qué no, pero con cuidado».

-¿Cuáles son las medidas de precaución en este oficio?

«No querer abarcar mucho. Ver con quien te metes antes de. Yo a los clientes los cito en un lugar, no los meto a mi casa como a ti…Que ya sé que no eres mi cliente, no me mires así. Pero bueno, a ellos los veo en un café o en un lugar público. Platicamos, me cuentan qué quieren hacer, los veo y si me dan buena espina, nos vamos. Si no, ahí mismo los corto».

PROSTI BOTAS NOCHE

-¿No te has metido en problemas por eso?

«Afortunadamente no. Sí se han enojado, pero no ha pasado de ahí. Estamos en lugares públicos y nunca me han seguido, he tenido cuidado».

-Todo suena muy bien…

«No todo. A veces extraño que me quiera un muchacho lindo como tú. O como mi amigo del que te platiqué. Pero no me gustaría que me conocieran así. Yo creo realmente que nadie se puede enamorar de una puta de profesión. De una puta particular, para ti solito, sí. Pero no de una como yo».

-¿Cuándo te piensas retirar, entonces, para cumplir ese sueño y el de la estética?

«Ya no falta mucho. A lo mejor un día te vas a cortar el cabello y la historia sea distinta».

Pausé. Ya me estaba llevando a sus terrenos en la entrevista.

-Leí recientemente que hay en el estado una red de prostitución infantil y de mujeres, que los obligan a trabajar en esto. ¿Sabes algo?

«Sí, pero no quiero hablar de eso. Son gente peligrosa».

-¿Son muchos?

«Más o menos».

-¿Sabe el gobierno?

«Obvio».

-Para finalizar, cuéntame por favor en qué momento de tu vida decidiste meterte en esto.

«¿En qué momento de tu vida decidiste ser periodista?»

-Cuando reprobé una materia de la secundaria y me tuve que poner a trabajar.

Risas.

«Ah, pues yo algo así. Nunca fui buena para los números y la escuela, sabes. Sí terminé la prepa, pero ahí conocí a un grupo de amigas que éramos un desmadre. Se nos hizo fácil empezar a cobrar por coger. Muchas lo hacen, sabes, sólo que no se consideran a sí mismas putas. Muchas se casan de un panzón feo y son sus putas para siempre. Porque no los quieren, obvio. Y muchas son putas que van a los antros y se cogen al que les paga la peda. Así es la vida actualmente, casi nada del amor que dices, ¿qué cosas, no?»

Lupita agradeció la entrevista, la cual consideró, más bien, una plática agradable. Yo también, aunque sólo me la pasara preguntando. Ya después le di mi opinión de algunos de los temas tratados, pero eso no es de interés público.

No conseguí mi objetivo de contar una historia dramática, sino más bien una historia de comportamientos humanos tan elementales como la soledad y la sexualidad. Confirmé además que no todas las trabajadoras sexuales son víctimas, o mujeres que lo ven todo muy fácil, como suele creerse.

También hay un mundo peligroso en este ambiente. Un mundo de abusos, oculto, que sólo las autoridades ministeriales y sus recursos podrían investigar. Ni Lupita ni yo estamos dispuestos a tratar con esas mafias.

Por lo pronto, esta es la historia del día.