Ruta del Vino, fortalezas, debilidades y amenazas

La Ruta del Vino de Baja California es un ejemplo de sustentabilidad como producto turístico, cultural, competitivo, sostenible y diferenciado a nivel mundial, pero con grandes conflictos sin resolver a partir del 2004, cuando el interés por la industria vinícola se incrementó en el estado.

Lorena Rosas* / A los Cuatro Vientos

La producción de uva en el estado ocupa el 5º lugar, después del tomate, fresa, trigo y cebolla. Aquí se produce el 82 por ciento del vino mexicano.

El municipio de Ensenada es el principal productor de vino y uva para vino en el estado, con más de 730 kilómetros cuadrados de vides plantadas, mientras que la zona agrícola de Mexicali, con clima semidesértico y cálido, es el principal productor de uva pasa.

Sobre el consumo de vino en México, que aumentó hasta 60 millones de litros, el 74 por ciento es producto de importación y solo 26 por ciento es de origen nacional, en su mayoría procedente de la Ruta del Vino de Valle de Guadalupe, donde el Sistema Producto Vid de Baja California está integrado por 200 viticultores, de acuerdo con el informe elaborado por María Tereza Cavazos Pérez, investigadora del Departamento de Oceanografía Física del Centro de Investigación Científica y Educación Superior de Ensenada (CICESE).

Sin embargo, enfatizó la doctora Cavazos, la superficie sembrada y cosechada, así como la producción de uva, no alcanzan actualmente las cifras registradas a principios de los 90s en el estado.

El valor de la producción de la uva bajacaliforniana creció de 50 millones de pesos a principios de los 90s hasta 226 millones al cierre del 2010. En los últimos cinco años, sin embargo, el rendimiento ha sido inferior.

VIÑEDO GUADALUPE

El bajo consumo de vinos mexicanos, considera Cavazos, se deriva en parte de su alto precio, pues los impuestos que se pagan por el vino de Baja California son iguales o superiores a los vinos importados de Europa y Sudamérica.

El comportamiento del valor y la producción nacional de uva se rige por el estado de Sonora, productor del 75 por ciento de la uva nacional para diversos usos; mientras que las principales zonas productoras de uva en Baja California se localizan en la Ruta del Vino, en el municipio de Ensenada: Valle de Guadalupe, San Vicente, Santo Tomás, San Antonio de las Minas, Ejido Uruapan y Ojos Negros, especializadas en cultivar uva óptima para la producción de vino tipo mediterráneo.

Esas ventajas son insuficientes para garantizar que la Ruta del Vino sea exitosa, según el análisis FODA (Fortalezas, Oportunidades, Debilidades y Amenazas), realizado por investigadores del Colegio de la Frontera Norte (COLEF) y la Secretaría de Turismo del Estado.

Entre las debilidades identificadas por los investigadores Nora Bringas y José de Jesús Quiñones, destacan la carencia de transporte público para arribar a esa zona, escasa conectividad entre atractivos y rutas, falta de servicios locales de apoyo y nula certificación de establecimientos y prestadores de servicios. Además, una grave sobre explotación del agua en el Valle de Guadalupe.

Etnias nativas, su cultura y su tierra

En esa zona turística e histórica destacan recursos de gran valor cultural: pinturas rupestres, misiones, vestigios arqueológicos, morteros gigantes, gastronomía y artesanías. Todo ello gracias a la cercanía de dos comunidades indígenas nativas: Pai Pai y Kumiai, de las comunidades de San Antonio Nécua y San José de la Zorra, a 15 kilómetros al noroeste del Valle de Guadalupe.

Los integrantes de esas etnias fueron despojados de gran parte de sus territorios por familias de políticos y empresarios. Son 5 mil hectáreas que les corresponden, pero los indígenas sólo conservan un polígono de 1 mil 782 hectáreas.

Niños nativos y mestizos bailando el Kuri-Kuri en San Antonio Necua (Foto: internet).
Niños nativos y mestizos bailando el Kuri-Kuri en San Antonio Necua (Foto: internet).

El conflicto por esas tierras ubicadas en la Ruta del Vino tiene más de 13 años, señala el delegado peninsular de la. Comisión para el Desarrollo de los Pueblo Indígenas, Juan Malagamba Zentella. Algunas familias aceptaron dinero por sus tierras y les pagaron un precio mínimo, pero la mayoría de los Kumiai mantiene un desgastante litigio contra la compañía vitivinícola L.A. Cetto,  la más poderosa de la región.

Aunque los indígenas Kumiai consiguieron hace años un apoyo del gobierno federal para introducir un limitado sistema de agua potable, señalan que el desarrollo turístico les afecta no sólo por perder sus recursos naturales, también porque no hay agua para casi 200 familias de San Antonio Necua.

Los acuíferos de Tijuana, Tecate y Santo Tomás están sobre-explotados y los del Valle de Guadalupe y Ojos Negros tienen sobre-concesión, indicó la doctora Cavazos. La disponibilidad del agua en el Valle de Guadalupe se agrava por el consumo en la ciudad de Ensenada, la explotación de arena en los arroyos del municipio y la creciente urbanización de los Valles.

En tanto, la Secretaría de Turismo estatal estima que 160 mil personas recorren la Ruta del Vino cada año. La cifra crece en 30 mil más durante las Fiestas de la Vendimia, con visitas a las casas vinícolas de los diversos valles, mientras que la oferta de hospedaje no supera las 100 habitaciones a lo largo de esa zona, la mayoría en pequeños establecimientos, lo que limita el turismo.

Nora Bringas, investigadora del Colegio de la Frontera Norte, quien participó en el estudio de fortalezas y debilidades sobre la Ruta del Vino, dijo que se requiere reestructurar el sistema de señalización en los caminos para facilitar los accesos a la Ruta del Vino; reparar la red de caminos vecinales que comunican diversos poblados del Valle de Guadalupe y permiten el acceso a los sitios de interés natural y cultural.

El análisis FODA advierte amenazas en esa zona, como el deterioro de imagen urbana y descuido de sitios históricos, desaprovechamiento del gran potencial productivo, turístico y de desarrollo de la región, deterioro de calidad de servicios, altos costos de desplazamiento por la inexistencia de transporte público, incremento de las desigualdades de desarrollo económico y rápido crecimiento de otras regiones productores de vino en México y en el extranjero.

Todo un reto que debe ser planificado, regulado y gestionado por los sectores público y privado, sin marginar a las comunidades aledañas.

LORENA ROSAS* Lorena Rosas, periodista de investigación y defensora de derechos humanos de indígenas, mujeres y migrantes. Ex coordinadora de la Revista Contrapunto en Baja California.