No mataron a un perro. Cristopher Raymundo: el juego que todos jugamos

“Es su carne la que es educada en la forma de su espíritu”.

Pier Paolo Pasolini.

Niño de jardín, 6 años; sueño que ardía de luz en la escuela, tierno semblante donde la sorpresa dibujaba sus sonrisas.

Ya no habrá creatura, ni asombro, ni asomo de rostro, sólo la desdicha que se hará cargo de la angustia.

Justo cuando se recibe el arco iris de los lápices, él sufrió la impiedad de la tortura: culmina su muerte de espalda a sus victimarios: 27 puñaladas.

Rael Salvador* / A los Cuatro Vientos

Cristopher Raymundo Márquez Alvarado, martirizado hasta lo exánime, se quiere hacer pasar su cadáver como “juego”.

Con un leño al cuello, amarrado de pies y manos, lo asfixian al mismo tiempo que lo golpean: piedras le revientan el rostro, y todavía le continúan turnos a palo de espinas. Al ver que ya no respira, lo dan por muerto: “el secuestrado no ha sido rescatado”, entonces lo apuñalan decenas de veces, le sacan los ojos, le parten el labio, le rebanan la mejilla: lo desfiguran.

Recogen los restos maltrechos de Cristopher en una bolsa de plástico, cavan un hoyo para sepultarlo y cubren su cuerpo “con tierra, maleza y un animal muerto”, se confiesa.

En manos del goce obsceno, el pequeño deja de convulsionarse: saña y alevosía hacen de la ingenuidad un recreación fatídica: “juego de secuestro”, como lo llaman los cinco menores de edad implicados en el crimen: un rapaz de 11, dos muchachitas de 13 y dos adolescentes de 15 años, quienes no mataron a un perro. 

Laderas de San Guillermo, colonia marginal en la ciudad de Chihuahua, Chihuahua, el escenario homicida.

El móvil: imitar, emular, copiar…

Es decir, la normalización de la violencia permite que la consciencia se deslave ante la fuerza ejemplar del crimen organizado.

Al existir en México la nula “promoción de la cultura de paz”, a decir de la Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM), los adolescentes pervierten sus roles y se convierten en presas del “orden” circundante.

CHRISTOPHER JUSTICIA ANGEL

La notoriedad del mal ahora bendice las tragedias.

Son los submundos del terror humano, sombras desgarbadas que terminan por exponer los escenarios de nuestro propio infierno: la sociedad insana –por dieta propia, a través de sus mismas instituciones adulteradas, como lo es la familia, la iglesia, la escuela, la policía o el ejército– que alimentan a las víctimas de esperanza y prosperidad, que las obligan a crear su propia tortura y, a la vez, a no creer en su posible muerte.

Yo, yo, yo, yo, yo…

Quiero, quiero, quiero, quiero…

Para mí, para mí, para mí, para mí…

Mío, mío, mío, mío, mío…

Dame, dame, dame, dame…

Autobiografías de espejos encontrados, donde podemos vernos, observarnos en infinitum, con las mismas taras, con las mismas obsesiones, con las mismas ignorancias, reflejando el indecoroso hartazgo de los crímenes que ahora lamentamos.

Mis interrogatorios no son metafísicos, agotan las pesquisas de aquello que los expertos nunca harán público: que los asesinos también somos nosotros, que la complicidad es evidente en la desatención filial, la incorrección de la existencia y la pericia con la que estrangulamos, silencio a silencio, nuestra calidad de vida.

CHRISTOPER ESCENA CRIMEN JUAREZ

Son cinco, tienen entre once y quince años, todos fuman la adrenalina que oferta la sangre esparcida.

Juveniles, como higueras ambulantes, alimentados con la mostaza de la desavenencia familiar, la vida se les hizo noche demasiado pronto.

¿Son hijos de un traficante de nervios o de una mujer que lleva ya el profundo dolor de llorar sin lágrimas? ¿Alguna madre violada los parió en desgano o un padre alcohólico los apaleó hasta el desconocimiento? ¿Cómo reconocer al enemigo en nosotros mismos?

Todo sucede tan deprisa, que la realidad queda insatisfecha.

Le entran, se salpican, se apartan.

Agonía en el insomnio, una de ellas no duerme; inerme y desprotegida (aún no consume las droga del olvido), se autodenuncia.

Cristopher Raymundo Márquez Alvarado estaba reportado como desaparecido desde la tarde del pasado jueves (14 de mayo), cuando salió a jugar, a invitación de sus “amigos” y “parientes”.

Es encontrado y desenterrado el sábado 17 del mismo mes, en las condiciones ya descritas.

Los restos, contrasentidos de nuestra propia condición humana, descansan ya, enterrados, en el panteón de Santa Eulalia.

RAEL SALVADOR*Rael Salvador. Poeta, maestro, periodista. raelart@hotmail.com