Mireynato, la otra desigualdad

En 1964 aparece un libro señero en las ciencias sociales mexicanas: “La Democracia en México”, de Don Pablo González Casanova. Es anatomía del poder al término casi exacto del Milagro Mexicano, de la época del desarrollo estabilizador y del llamado Nacionalismo Revolucionario.

Víctor M. Quintana S./ A los Cuatro Vientos

En sus conclusiones para un futuro inmediato, Don Pablo clamaba por la democratización como base y requisito indispensable para el desarrollo, establecidos ciertos mínimos de éste por el incremento del ingreso per cápita, la urbanización y la educación. Ponía como principal reto la integración de quienes estaban en los márgenes excluidos de la ciudadanía política, y económica.

Cincuenta años después, Ricardo Raphael De la Madrid nos regala el libro “Mirreynato, la otra desigualdad”. Podría ser una respuesta a los interrogantes que planteaba Don Pablo hace 50 años. ¿Qué le pasó a México luego de 32 años de abandonado el modelo del Nacionalismo Revolucionario, del ingreso atropellado de nuestro país a la globalización económica, a la sociedad de la información; luego de un indudable proceso de democratización, aunque limitado y algunos aspectos atorado? Se trata, no de una radiografía, sino una tomografía axial de los mecanismos de construcción, acceso y permanencia en el poder en el México actual. De una muy completa resonancia magnética que nos puede responder hasta qué punto se lograron la democracia burguesa y el desarrollo capitalista incluyente que planteaba Don Pablo. De entrada cuestiona los alcances y los límites de la democracia, al constatar que los privilegios de antes se han transmutado y robustecido, que las élites son más presuntuosas, que la corrupción y la impunidad se hacen más visibles, que la trabazón entre el poder y la economía de compadres está más vigente que nunca. Que las desigualadas siguen siendo abismales, y la movilidad social dejó de funcionar, aunque el modelo produjo ya al hombre más rico de mundo y a un número de multimillonarios de la lista Forbes que no estaban presentes cuando el país adoptaba el modelo neoliberal.

El autor adopta un punto de vista y una figura icónica para su análisis. El punto de vista es desde una grúa, desde donde se vea la parte de arriba del edificio social: las élites. Y la figura icónica que adopta con gran acierto es la del Mirrey: “…una tribu urbana que desde fines del siglo pasado comenzó a ser un síntoma vergonzoso de la ostentación mexicana. El Mirrey es el personaje que mayor privilegio obtuvo con el cambio de época, y por ello el régimen actual puede ser bautizado como el Mirreynato”. (p. 18)

El libro está dividido en una introducción, ocho capítulos y uno más de conclusiones. Me deleitó la forma de construirlo, el manejo de fuentes, pues lo mismo acude a lo más actual de la economía política como el ya famoso “El capital en el siglo XXI” del francés Tomas Piketty, o un abundante arsenal de investigaciones sociales, sobre todo la Encuesta Nacional sobre la Discriminación (2012), dirigida por el propio autor, que las secciones de sociales de los diarios y revistas de la alta sociedad como “Quién” y “Caras”, o acude a películas como “Nosotros los Nobles” o incluso telenovelas. Emplea muy bien el material de las redes sociales. Esto hace el trabajo de Ricardo ágil, muy disfrutable y sustancioso en todo momento.

Primer capítulo: la manifestación de la enfermedad: “Entre mirreyes te veas”: el autor nos presenta muy plásticamente al sujeto, símbolo y protagonista principal de esta época: el Mirrey. Nos muestra las extravagancias, anécdotas trágicas o vergonzosas, el espectáculo dado en el extranjero por los hijos de los mexicanos económica o políticamente poderosos. La ostentación de los mismos en sus gustos, sus excesos, sus actos. Los prototipos principales serían Luis Mirrey, Roberto Palazuelos y Jaime Camil. Sonrientes, musculosos, siempre bronceados, desabotonados casi hasta el ombligo, rodeados de su corte y de bellísimas mujeres. Con éstos y éstas mantienen una separación absoluta pueden ser lo que son porque hay otros que no lo son, que son despojados de su dignidad. A diferencia de los juniors y de los fresas del alemanismo y de los años sesentas y setentas, al mirrey lo tiene sin cuidado la ostentación pública, pues se mueve en una sociedad que es incapaz de establecer controles sobre la élite y no paga costo alguno por su conducta. Proporciona una muy sabrosa lista de los diez criterios para distinguir un mirrey (p. 34). Pero el autor no se queda en lo anecdótico o gráfico, para él el mirrey debe ser observado no como un síntoma aislado sino como la principal manifestación de una enfermedad social que recorre México. El Mirrey representa nuestros vicios más desagradables, no está en el margen, sino en el corazón de la vida mexicana actual. Por eso, en los capítulos siguientes se tratará de responder la pregunta: ¿por qué el tránsito a la democracia electoral en México vino acompañado de una concentración sorprendente de la riqueza y también del pode en unas cuantas manos?

Así, el Mirrey es el personaje que identifica al régimen que lo genera: el Mirreynato, un régimen moral donde predominan la prepotencia, la impunidad, la corrupción, la discriminación, la desigualdad, el desprecio por la cultura del esfuerzo, el privilegio que otorgan las redes familiares y un pésimo funcionamiento del ascensor social. Cada uno de estos síntomas del régimen mirreynal será objeto de los siguientes capítulos.

La ostentación: en el capítulo dos se exploran algunas de las formas de la ostentación, los modos que caracterizan y reproducen las dinámicas de las relaciones del poder económico en México: el despilfarro del dinero, la mujer como objeto a lucir, la servidumbre, ambas como reveladoras   de la clara discriminación de género y de clase presentes en el Mirreynato. La moda, los autos, yates y aviones, las casas en México y en el extranjero, el ocio, la necesidad del escaparate y del espectáculo. Todo esto debe ser no sólo visto, sino exhibido. La vida en tiempos del Mirreynato necesita ser histriónica para sobrevivir, las personalidades cuentan poco. La clave es convertir al sujeto en una marca, producir impacto y ocultar sus deformidades.

La impunidad, (capítulo 3), es de los pilares básicos del Mirreynato. Casos emblemáticos: el “Niño Verde”, el golpeador de mujeres Gerardo Saade Murillo, los responsables del incendio de la guardería ABC. Por casos como éstos seis de cada diez mexicanos piensan que las leyes se aplican sólo en beneficio de unos cuantos. La impunidad se sustenta en la trabazón del poder económico, del poder político y del poder mediático en torno a intereses particulares. Sin embargo la impunidad no es pareja, es selectiva, en los márgenes de la sociedad, se victimiza, se criminaliza por partida doble, tanto las fuerzas del orden como los criminales, sobre todo a los jóvenes y a las mujeres. La violencia no proviene de los márgenes de la sociedad, sino de la impunidad que gozan los poderosos. Una de las consecuencias de esta impunidad es la Despacificación: el regreso a la barbarie, el fruto de la pérdida del monopolio de la violencia, del surgimiento de múltiples actores armados impunes, distribución asimétrica e injusta de castigos y sanciones. También, por la pérdida de los límites los que el Estado obliga, los que la sociedad instituye y los que la propia conciencia impone. Yo más bien le llamo a todo esto, “el calentamiento social”: la multiplicación de roces, de tensiones, de enfrentamientos, armados y no armados por el tener más, por el ostentar tener más. Una vez establecido el objetivo del consumo conspicuo de los mirreyes, que lo hacen sin parar mientes en lo legal o en lo ilegal, ¿qué impide que en otros pisos de más abajo del edificio social otros, otras roben, se dediquen al narco, extorsionen para emularlos? Iván Illich señalaba con mucha sabiduría, refiriéndose a los límites de la sustentabilidad ambiental del planeta: “los límites de lo bueno están muy cercanos a los límites de lo necesario”, pues bien, lo que nos está llevando al calentamiento global y al calentamiento social es que los límites de lo necesario hace mucho que se superaron para una minoría que es referencia de multitudes y que ha hecho pensar que lo único bueno es lo superfluo, el despilfarro, la ostentación.

La corrupción es un problema cultural (capítulo 4), Sí, pero porque está instalado de lleno en la mente, en los valores del gobernante, en los que se imponen desde las altas esferas, en la imbricación de los funcionarios públicos y privados. Ejemplos: las fortunas de los hombres más ricos de México, Slim, Larrea, Baillleres, provienen, no de que hayan realizado importantes desarrollos científicos o tecnológicos, sino de las compras de bienes del Estado. Las figura emblemáticas de esta imbricación, surgida del alemanismo, sería el profesor Carlos Hank González, La diferencia del Mirreynato con los “cachorros de la revolución” de los años cuarentas y cincuentas y con los junios y fresas de las décadas posteriores es que ahora hay una mayor número de corruptos, más ostentosos, más impunes, por la diversificación de partidos, una mayor independencia de los gobernadores y más poderes de ellos al interior de sus estados, con más capacidad para corromper a las instituciones. Los ejemplos sobran, Granier, ex gobernador de Tabasco, Humberto Moreira, ex gobernador de Coahuila; la deuda pública de varias entidades, los “moches” de los diputados por “bajar recursos” del presupuesto federal a municipios, la historia de los Sahagún, Oceanografía.

La corrupción se ha incrementado con el mercado inagotable de votos al que concurren los partidos. Por el uso ilegal de recursos más allá de los límites establecidos por la ley o de recursos francamente ilegales. Además, la intervención del crimen organizado con su gran capacidad de soborno en las diversas esferas del Estado disloca profundamente las instituciones y torna aun más vulnerable la sociedad al delito. Todo esto que analiza certeramente el autor puede encontrarse más detallado en un excelente artículo “Por qué más democracia significa más corrupción”, de Luis Carlos Ugalde en el Nexos de febrero de 2015.

Ricardo Raphael (Foto: internet).
Ricardo Raphael (Foto: internet).

El problema es que la corrupción tiene un grave impacto desintegrador, desigualador, señala el Ricardo Raphael: “La corrupción pronuncia gravemente las desigualdades. En una estructura de oportunidades lastrada por la corrupción los más pudientes obtienen la mejor tajada del Estado y sus leyes…México es un país desigual porque tiene una élite muy corrupta y ésta es así porque ha logrado que sus instituciones prodiguen impunidad, fueros y privilegios…Es la cultura del grupo Atlacomulco y del emblemático Hank González la que reproduce la desigualdad y no la cultura general de la población que muy poco se beneficia de ella. “(p. 125):

La discriminación (capítulo 5). El autor parte de que en los poderosos la discriminación es “Deficiencia neuronal resultado de una pedagogía construida para vivir con naturalidad la separación sideral de los estamentos”. (p.128). Este capítulo está dedicado “… a analizar el cierre social del Mirreynato desde el punto de vista de la desigualdad de trato….sobre aquellas asimetrías injustas y sistemáticas que operan desde el plano simbólico sobre las leyes, las instituciones, el Estado y la Economía.” (p.154)

Como diría Pierre Bourdieu, a la lucha de clases ha sobrevenido la lucha de clasificaciones, inducida por el racismo. La distancia, la barrera entre el territorio bárbaro y el de los aventajados es uno de los principios sobre los cuales se edifican nuestras ciudades… el rostro urbano de la ciudad mexicana tiene como sola regla la subasta de los actos de autoridad a favor del mejor postor. La desigualdad en México es obra de estructuras persistentes que reproducen contextos asimétricos en contra de poblaciones estigmatizadas por razones injustas. (p.138)

El autor emplea el concepto de “cierre social”, de Max Weber: estructura que sirve para justificar la inclusión y también la exclusión a partir de ciertas categorías artificiales elaboradas por la inteligencia humana De aquí se pasa al estigma: prejuicio construido a partir de una idea inflexible y por ello casi siempre equivocad que se utiliza contra: mujeres, indígenas, trabajo doméstico, homosexuales, etc. Todo esto lo hace empleando la Encuesta Nacional sobre Discriminación, de la que el mismo Ricardo Raphael fue el coordinador.

De ésta proporciona infinidad de datos. Algunos de los más relevantes: discriminación de género: sólo 7 de cada 100 varones se encuentran desempleados contra 32 mujeres. De los 27 millones de madres, 53% no cuentan con seguridad social y 8 millones no tienen pareja.etc. México, 111 de los 133 países en brecha de género. Discriminación étnica: el color de la piel, marcador para la exclusión; mala nutrición, mortalidad materno infantil, criminalización de las personas indígenas o con fenotipo indígena. Discriminación social: la más tolerada. Su peso en el empleo, en el salario, en la movilidad social, fija el estatus, epitomizada en la palabra Naco. Desiguala las oportunidades laborales, educativas recreativas, erosiona las expectativas de la persona.

Concluye a partir del análisis de esta encuesta: “El Mirreynato mexicano se distingue por una fractura entre lo que dicen el derecho y la ley, por un lado, y por el otro lo que hacen las instituciones y el aparato responsable de procurar e impartir la justicia”. (142).

A lo largo de este capítulo hay una nítida convergencia de Ricardo Raphael con Aníbal Quijano cuando habla de “Colonialidad del poder y sistema de clasificación social” El poder en este enfoque es “…una malla de relaciones de explotación/dominación/conflicto que se configuran entre las gentes en la disputa por el control del trabajo, de la naturaleza, del sexo, de la subjetividad y de la autoridad”. (QUIJANO, 2014).

La desigualdad. (Capítulo 6). La desigualdad económica y la debilidad de las instituciones democráticas es el marco que México comparte con otros países emergentes. Agudamente señala el autor que México es un país que no es pobre sino trágicamente desigual. Ocupa el lugar 170 en el mundo en crecimiento del PIB., Cita a Tomás Piketty señalando que a menor tasa de crecimiento económico, mayor concentración de la riqueza en un país, lo que lleva al nuestro a ocupar el sitio 108 mundial en cuanto al coeficiente de Gini que mide la desigualdad interna. Esto se debe en buena parte a la poca o nula acción equilibradora, redistribuidora del Estado. El hecho que ocupemos el lugar 148 en tasa de recaudación significa que hay, por lo tanto, una débil inversión en educación y salud: debilidad recaudatoria, debilidad redistributiva.

Utiliza un ejemplo muy didáctico para ilustrar la distribución del ingreso en México, como un edificio de diez pisos donde el decil con el nivel más bajo del ingreso ocjupa la planta baja y el decil más alto, el penthouse. De nuevo, acude acertadamente a la Encuesta Nacional de Ingreso y Gasto de los Hogares, (ENIGH), para mostrar cómo los del piso de más arriba, es decir, el decil más rico, concentran 46% de la riqueza; contra tan sólo 0.3% de la riqueza a la que acceden los del piso más bajo. Refinando más los datos muestra cómo el departamento más privilegiado del piso más alto que representa 0.1% de la población, 32,297 hogares, tiene una entrada doscientas veces superior a la media de ingresos de los hogares y mil 86 veces mayor que decil más bajo: 2.5 millones de pesos al mes contra 2 mil 332 veces.

Continuando con el concepto weberiano de “cierres sociales” demuestra cómo se aplican en el campo del salario, por la diferenciación industria-servicios, favorable a aquel sector, o entre empleo formal/informal, favorable también al primero. O en contra de las mujeres y jóvenes.

MYRREY VS NACOS

Se ocupa brevemente de cuestionar la sabiduría convencional de que el salario real no se incrementa porque no hay aumentos a la productividad y plantea que si primero se diera incrementos reales habría incentivos para incrementar dicha productividad.

Por último se ocupa de la desigualdad regional en México: entre 1990 y 2010 en los estados del norte el ingreso creció 21% y en el sur sólo 6.8%. En la zona sur del país hay un claro predominio de la vulnerabilidad, la informalidad, la baja productividad, cimentadas en las grandes diferencia en nutrición, salud y educación con los estados del Norte.

Termina el capítulo mostrando la consecuencia más preocupante de la aguda desigualdad que vivimos: la violencia: los 130 mil muertos que hubo en el país entre 2006 y 2012. C consecuencia que no sólo brota de la desigualdad económica, sino y sobre todo, de la política, del secuestro de la representación popular, de la exclusión, de los bienes públicos que se hacen privados, de la corrupción y la impunidad (p.181).

El elevador descompuesto. (Capítulo 7): la movilidad social ascendente no se da más en este país. Ya no es posible elevarse socialmente mediante el estudio o el mérito, sino sólo gracias al capital relacional, al capital social, como diría Pierre Bourdieu. El Mirreynato es un régimen basado en el triunfo contundente de los lazos familiares y sociales. Un ejemplo, de acuerdo a un estudio de Adán Murillo y Rosa Isabel islas, 7 de cada 10 personas obtuvieron empleo en México gracias a que un familiar o amigo los recomendó. El self made man, ícono de nuestras generaciones está hecho trizas.

Mala educación: (Capítulo 8): es el capítulo que cierra las formas en que se expresa el Mirreynato. Y no se refiere sólo a la mala educación pública. Comienza incluso por pintarnos varios cuadros muy gráficos de la educación de las instituciones religiosas del juanpablismo II: la de los Legionarios de Cristo, la de las monjas del Instituto Miraflores de Toluca. Como una vez San Ignacio de Loyola diría que la Compañía de Jesús era para la educación de los príncipes, estas nuevas y millonarias congregaciones se dedican a la educación de los Mirreyes y las Mirreynas en los valores, los usos y costumbres que aquí se han descrito, en la ostentación, el exceso, la discriminación, como acaba de mostrar el video de los graduados del Instituto Cumbres. Pero por otro lado, con precisión analiza Ricardo Raphael el grave problema de la calidad de la educación en México, que no prepara a los individuos a adquirir las capacidades para emplear ventajosamente la tecnología. Más aún, no los prepara ser sujetos autónomos de su vida cultural, profesional o técnica, no les da las competencias básicas para desarrollarse en esta cultura y esto sucede tanto en la educación pública como en la privada. Y todo esto también tiene su origen en que el mérito, el esfuerzo, la competencia ya no tienen relevancia; son las relaciones, y sobre todo el origen social de las personas lo que puede elevar la posición social de las personas.

Ricardo Raphael concluye su formidable trabajo con el capítulo “El Mirreynato es obra de todos”, con varios párrafos excelentes:

– “Mientras sobreviva la convicción de que cerrarle el paso al otro es la forma más eficaz para tener éxito, el miedo de bajar la escalera será enorme y también provocará terror imaginar al nacido pobre por encima de la mayoría…Nos tenemos miedo los mexicanos Desconfiamos hasta de nosotros mismos y lo seguimos siendo durante el Mirreynato…La empatía se nos ha vuelto un bien escaso y sin embargo, estamos relacionados de una manera inevitable.” (p.226):

“El propósito de este libro: mostrar el retrato de una época y una generación donde algunos de nuestros vicios más envilecidos decidieron hacer erupción al mismo tiempo: violencia y desigualdad extremas son los dos síntomas de nuestra enfermedad”. (p.227)

Y para no dejarnos abandonados a la desesperanza propone el cultivo de la Comunidad y la Convergencia entre nosotros como las herramientas para un cambio justiciero. Pero el régimen moral y político impuesto no ayuda a obtenerlas, lo reconoce. Entonces señala que para derrocar al Mirreynato sería necesario imponer vergüenza sobre los prepotentes, los burladores de la legalidad, los ladrones de recurso público, los custodios del cierre social…..señalar a los peces más grandes cargando todos estos vicios sin que paguen por las consecuencias de sus actos. Y concluye constatando que junto al México agachado hay un México muy luchón.

De ese México luchón, ha por fortuna varios ejemplos: las pacientes comunidades zapatistas en Chiapas; los pueblos indios que defienden su territorio y sus recursos naturales; la enorme confluencia generada por los 43 de Ayotzinapa, las mujeres comprometidas en que no haya un feminicidio más, las y los derecho humanistas que denuncian las desapariciones forzadas y la tortura, las y los comunicadores que pugnan por espacios de verdad y libertad; las víctimas de la violencia que se aglutinaron que repiten con mil ecos el “¡¡Estamos hasta la madre¡¡”… Este México indignado, no el resignado, como diría Darcy Ribeiro, es el gran ariete para derrocar el Mirreynato.