Saber Ver: El asesinato de un niño por adolescentes que juegan “al secuestrado”

En una colonia situada en la afueras de Chihuahua capital se cometió un crimen que sorprende.  La noticia estruja el corazón. La tarde del jueves 14 de mayo un niño de seis años fue muerto a manos de otros cinco cuyas edades fluctúan entre los once y los quince años.

Myrna Pastrana / A los Cuatro Vientos

Esa tarde el grupo de adolescentes, todos vecinos y conocidos entre sí, lo invitó inicialmente a recoger leña pero hubo un cambio de planes: al llegar a un lugar despoblado le propusieron  jugar con él para simular un secuestro.

Sin embargo, el juego se deslizó por una peligrosa espiral descendente. Lo ataron de pies y manos, le pusieron una vara en el cuello, lo apedrearon, le enterraron una navaja en la espalda. Ya muerto arrastraron su cadáver hasta una excavación que hicieron para posteriormente taparlo con maleza y un animal muerto para despistar a quienes lo buscaran. Luego regresaron a la zona habitacional e incluso ayudaron a la madre a buscarlo cuando notó su desaparición.

Desde cualquier ángulo el hecho constituye una tragedia: para la madre del niño asesinado, para las madres de los cinco adolescentes involucrados, para la sociedad entera.

La ciudadanía y las autoridades opinan sobre las causas que lo provocaron. Ausencia de valores, afirman. Otras voces agregan que el hecho por sí mismo refleja un factor de descomposición social debido en gran parte a los años de violencia a la que estuvo sometido el Estado de Chihuahua en la guerra contra el narcotráfico implementada por el ex presidente Calderón, y habrá razón.

El cuerpo sin vida del menor listo para ser trasladado al Servicio Médico Forense (Fotos: internet).
El cuerpo sin vida del menor listo para ser trasladado al Servicio Médico Forense (Fotos: internet).

Pero hay otros elementos que se pueden aportar a juicio de los expertos en criminalística. Se trata de un grupo aparentemente homogéneo que atraviesa por la etapa adolescente en la que en principio por su edad, algunos  jóvenes no tienen la suficiente capacidad para evaluar la consecuencia de sus actos.

Sin embargo hay diferencias sustanciales porque en este tipo de grupos delincuenciales existe generalmente en uno de sus miembros una conducta sociopática muy desarrollada que funciona al interior como el incitador y que involucra a los demás en sus planes.

Esto amerita que independientemente de la reclusión o la tutela del DIF que se ejerza sobre ellos, se hagan los estudios y los tratamientos individualizados pertinentes para tratar de que algunos puedan ser rescatados e insertados nuevamente a la sociedad.

Ciertamente el crimen es un reflejo más de la sociedad en que vivimos, como lo es que alrededor del niño está la familia y la escuela, observadores a tiempo de este tipo de conductas sociopáticas aún desde los nueve años de vida.