El Sur también existe: San Quintín en tres tiempos

“Con las limosnas deberían/ haber

comprado cuchillos, no olvido”.

Claes Andersson.

I

Opiniones, no sólo reacciones

En términos de equidad, San Quintín será mañana lo que hoy resuelva.

Y ello es una belleza que no se admira pasivamente.

Rael Salvador/ A los Cuatro Vientos

Si la siembra de justicia se da, su cosecha en el campo se volverá ejemplo para las demandas y sueños de otros obreros: los de Ensenada (urbe), Tijuana, Mexicali, sur de California.

Maquiladores, sindicalistas, estudiantes, docentes, ambulantes se volverán espejo de un proceso íntegro y objetivo del trabajo y la libertad.

Ya lo dice Claudio Magris: “Utopía significa no rendirse a las cosas tal como son y luchar por las cosas tal como deberían ser”.

Subestimados y despreciados, en una época en que los gobernantes se preocupan sólo de su propia suerte –ni mala ni buena, sólo pagada por el pueblo, que es el peor insulto político–, los peones de San Quintín se vuelven su propio órgano de difusión.

La mayoría de ellos no lee ni escribe: canta y danza (su lenguaje son sus raíces).

Cuando se lucha por la orografía, la ortografía sale sobrando: con faltas, pero siempre estando, los jornaleros del valle ofrecen sus lecciones de humildad y de humanidad.

Ante ellos, enardecidos en su calidad de líderes, los capataces vociferaron lumbre: “Cabrones, ahí tienen ya su aumento, pero ahora chingarán a su madre porque van a trabajar más”. 

Ellos responden: “Nuestra ambre no desalluna temor”.

El poder se entiende a partir de la represión, como el blanco se deja ver a partir del negro: ahí se comprende –en una línea de argumentación retorcida– por qué todas las metáforas del gobierno son tan maternales.

JORNALEROS MARCHA MUJER

La poesía es otra cosa, otra casa, otra casta, otra causa.

– “Hay graneros repletos de dulzura/ para el hombre que avanza en su paz”, refiere Georges Schehadé, después de escribir estos versos: «Mi madre era más poeta que yo./ Mi madre escribía a su hermana: “Como una tierra la voz es dulce…” »

Hay que tener opiniones, no sólo reacciones.

Da ahí, que nadie tiene el derecho de ser anónimo, tampoco la obligación enajenada de ser la ruina de un hombre fértil.

¿Que por lo anterior, el llano arda en llamas? Contingencia que se debe tener muy presente.

Cuando la fuerza de trabajo es reducida sólo a valor contable, damos cuenta de una pérdida humana, donde ya nada limita su explotación como objeto. Enchiquerados en la nada, como se les quiere dejar, el transcurso a una resolución es pesaroso y penoso, pero también peligroso: “La sociedad que pierde el contacto con el pasado –como  bien lo dice Trevor J. Saunders se halla en peligro, porque engendra hombres que desconocen todo cuanto no sea presente e ignoran que la vida ha sido y podría ser diferente de cómo es hoy. Estos hombres aceptan la tiranía con facilidad, pues nada tienen con que compararla”.

Trajadores del campo que han sido humillados desde siempre, por la apesadumbrada astucia de que los terratenientes de todas partes no guardan ninguna preocupación o respeto por su gente; así los gobiernos traicionan a los ciudadanos que, con su voto y su dinero, los colocan y los mantienen en el poder, de igual manera, en su procurada desmemoria, las familias del sur de Ensenada olvidan la fuente ilícita de sus riquezas.

¿Conformes y en la comodidad, ven el campo como una bella obra de muerte o sólo observan cómo éste destila su pobreza en todo su mugroso esplendor? 

Pienso en la dignidad, y considero imposible vivir en desacuerdo con uno mismo: ¿Por qué ser esclavo, si la jurisdicción del trabajo ya garantiza la libertad?

Aquí es donde San Quintín será mañana lo que hoy sea.

II

Apocalipsis colateral

JORNALEROS EN LUCHA PUÑO

No se ha sabido nunca que un muerto entierre una revolución; por el contrario, es de todos conocido que el mártir es el combustible que la alimenta y la mantiene viva.

¿Será que esperamos, triviales espectadores del apocalipsis moderno, que la cola del demonio agite más la ventolera y promueva su cadáver como simple y colateral víctima?

Los acontecimientos recientes al sur de Ensenada, inducidos por la beligerancia torpe de un gobierno que no sabe dialogar, lo están bosquejando a fuego lento sobre una mesa de acuerdos que viene y que va, pero que no se da.

 –Te escucho, pero no te hago caso; te atiendo, pero no te entiendo…

Si nos dejamos llevar por el fácil discurso de los voceros de Estado –en una línea de argumentación por demás hipócrita–, la desavenencia de criterios se expone como vacía de sentido, inútilmente cruenta, izquierdosa, infiltrada, jodida y taciturna, cascajo de tiempos idos, miseria que se apaga al brillo del dinero, olvidándose que la ofensa a la dignidad humana es una dura barra de razonamiento que va, paralela de tren, férrea –en igual sentido y con similar fuerza y propósito–, a un segundo riel: el de las injusticias históricas, de las cuales innegablemente han sido objetos los trabajadores del campo y por las que, encarnadas en más de un símbolo que los unifica, se ven obligados exigir justicia.

 –Como antes, despistados en ley y desmemoria, ¿se consentirá de nuevo que todo permanezca en la desigualdad?

Si permitimos arrastrarnos, lodo de todos los tiempos, por el sentido fatalista que implementa el gobierno de Kiko Vega, “víctima de la indiada” y su necia dimisión a la pobreza –indigencia vista como vicisitud eventual con carácter de transitoria, en la ruta agrícola o vitivinícola de la prosperidad–, se caería en una trampa semejante a la que se tiene acostumbrado a los profesores o a otros frentes laborales que ya también lo cercan o se acercan.

Suma de sentires: la desaprobación de los aliancistas de San Quintín es un llamado general a la compostura de leyes laborales omitidas por muchísimas décadas: si sólo un contador pudo atrapar a Al Capone, sería provechoso ir sacando cuentas con Kiko Vega y los solventes mandamases de la “comarca”.

En un clima propicio para la tensión, el palabrerío hace piñata: “Tú no me conoces, Fidel, no sabes quién soy”, suelta, vocinglero, Luis Enrique Miranda Nava, Subsecretario de Gobernación, a la cabeza visible que lidera la Alianza de Organizaciones Nacional, estatal y municipal por la justicia social.

A las hostilidades oficiales, se le enquistan amenazas extraoficiales.

III

Estrategia del menosprecio

JORNALEROS CARRETERA MANTA

San Quintín se debate en la inevitabilidad de una lucha por la justicia.

Viento de por medio, balas intrusas, el sur de Ensenada sostiene un conflicto de orden laboral que se mantiene firme ante la mano dura del gobierno de Baja California.

Negada para la verdad, el secretario de Seguridad Pública del Estado rechazó –categórico, en un comunicado que, menospreciando las evidencias de la prensa en el lugar de los hechos, ahora pasa por alegórico– el “uso excesivo de la fuerza de agentes de la Policía Estatal Preventiva, disparos con arma de fuego o acoso directo contra residentes de San Quintín y que sus agentes hayan ingresado a domicilios”.

Por un lado, Jornaleros en unidades de acción por el derecho y la igualdad; por otro, policías ufanos, altaneros, en ley de ordenanza debida (la más estúpida de todas las leyes), convertidos en palafreneros de quienes se enriquecen con la mano de obra desprotegida, abaratada por el desdén y el rechazo, negando condiciones mínimas de salvaguarda que la Constitución exige.

Déspotas en la miseria, desdeñando humanidad, los patrones son protegidos por la agresión de “los perros guardianes del desorden”: envanecimiento de un Estado ensoberbecido, privado para el diálogo y la conciliación, el convenio y la concordia.

¿Más inconsciente que inconsistente? ¿Menosprecio que encubre cobardía? ¿Ninguneo oficial, enfrentando culturas opuestas, mundos que deberían ser uno?

Lo remarcan los líderes de la Alianza de Organizaciones Nacional, estatal y municipal por la justicia social del Valle de San Quintín (Maneadero incluido), y aquí valen las justas palabras de Justino Herrera: «Tenemos un problema con cuatro perros que han estado mordiendo al trabajador: Uno, Seguro Social; otro, Gobierno del Estado; otro, patrones; y el otro, sindicatos, “charros”, desgraciados, que se han mantenido como garrapatas en el trabajador del campo». Cancerbero, el ahora perro de cuatros cabezas, a las puertas del infierno oficial.

El abuso convirtió en bestias de carga a los trabajadores del campo, reduciéndolos a una zoología de servidumbre…, igual a obreros de fábricas y talleres, a estudiantes o jóvenes profesionales que trabajan (si se tiene esa suerte rara, privilegio del nepotismo) en horarios embrutecedores por salarios que humillan la dignidad –deuda añeja que tiene la Secretaría del Trabajo y Previsión Social con la ciudadanía bajacaliforniana–, gracias a hambreadores empresariales, hijos locos de un sistema que concesiona el mundo laboral como trampa para unos y beneficio para pocos.

Crítica liviana, carilindo, a Pablo Alejo López, Subsecretario de Gobierno en Ensenada, amanuense del mandamás Kiko Vega, se le hace una flor en los dedos: un racimo de pétalos finos que más tarde en cerrarse, cuando ya está abierta de nuevo… ad infinitum, en respuesta a las demandas de los jornaleros.

Desbordado por la represión, así como el menosprecio y la violencia, la historia del sometimiento laboral San Quintín (antes imperceptible, ahora vivificado: llamas que están) da paso a un proyecto de región más grave para los años por venir.

¿Huir hacia delante, tecnificar el campo, sombras de hule a goteo, despreciando la mano útil del jornalero?

Esto dejó de ser una promesa de arreglo y se ha convertido en un asunto de sobrevivencia.

Sin tibieza, sin mesura: ¿condenamos la radicalización o abordamos los reclamos y solucionamos?

Pero también…

¿La dolorosa agresión ofrece, ahora, en un terreno de igual a igual (provisto vienes, provisto te recibo) la viabilidad de la lucha armada?

En los difíciles límites de la violencia, si alguna respuesta tienen estas interrogantes, deben de surgir por parte de la sociedad, no de la represión instrumentada del Estado, quien sólo ha ofrecido hasta ahora una política de privilegio y beneficio a los dueños o a las empresas arrendatarias de las plantaciones del sur.

¿De los jornaleros? Décadas de invisibilidad y menosprecio.

 raelart@hotmail.com