Balas de goma en San Quintín: urge frenar su uso

A  través de las redes sociales nos asombramos con las imágenes de lesiones producidas por balas de goma utilizadas en el conflicto de San Quintín por nuestras autoridades, que no están dispuestas a permitir que se sigan realizando diferentes hechos protagonizados por los jornaleros de esa área que a su vez se sienten engañados por la autoridad, al dejarlos plantados por el Subsecretario de Gobernación porque éste no encontró “raite” a esa área del Municipio de Ensenada.

Álvaro De Lachica y Bonilla / A los Cuatro Vientos

Las armas de balas de goma son una herramienta que han empleado numerosos cuerpos antidisturbios en manifestaciones y situaciones de masas en México. Sin embargo, desde hace años se han iniciado caminos de prohibición de estas armas en diferentes países, no en el nuestro, principalmente a raíz de la denuncia jurídica y social por parte de la sociedad civil, de sus deletéreas consecuencias.

Las mencionadas armas disparan proyectiles de goma a una velocidad de 720 km/h generando una energía cinética de 830 joules, cuando se ha demostrado que cualquier proyectil aunque sea de hule, con una energía cinética de 120 joules, puede producir daños aun mortales. El impacto de dichos proyectiles, cuyo control se pierde en el momento en que rebota, puede causar lesiones tales como graves daños oculares, hematomas cerebrales, fracturas de costillas o perforaciones pulmonares. 

Son muchos los motivos por los que deberíamos exigir como sociedad que las autoridades públicas retiren el uso de balas de goma como munición de los cuerpos policiales anti-motines, ya que además de los graves efectos que generan, no se puede poner por encima del derecho a la vida y a la integridad física de las personas un determinado modelo de “seguridad pública”, que trata de poner parches mediante la fuerza ante las fuertes situaciones de desigualdad estructural que existen en nuestra sociedad.

¿Cuántos ojos perdidos, fracturas de costillas o hematomas cerebrales deben producirse para que las balas de goma sean definitivamente abolidas por nuestros cuerpos policiacos?

Aprovechando que estamos en plenas campañas electorales, los candidatos de diferentes partidos políticos, deberían proponer en el Congreso de la Unión que se instituyan “Municipios libres de balas de goma”.

BALAS DE GOMA EN JORNALERO

Renombradas revistas médicas como The Lancet, informes de la Sociedad Española de Oftalmología o el balance de personas que han perdido un ojo son, al respecto, muy elocuentes.

La mayoría de los países europeos ya ha vetado su uso. Alemania, Bélgica, Holanda o Gran Bretaña han substituido las balas de goma por medios menos dañinos.  De hecho, desde hace años organismos e instituciones internacionales como el Parlamento Europeo y  Naciones Unidas vienen insistiendo en que debe de optarse por medios menos lesivos.

En un Estado que, al menos formalmente, asegura regirse por el principio del uso limitado y excepcional de su aparato represivo, este debe medirse por su racionalidad. Es decir, por los efectos que es capaz de producir y por su congruencia con los fines proclamados. Y las graves consecuencias producidas por su uso con toda seguridad no son queridas pero tampoco imprevisibles. Y más cuando parece innegable que son ya frecuentes los casos en que se producen disparos discrecionales.

En realidad, el uso de armas con un potencial nocivo tan grande no debería estar al alcance de un Estado de derecho para reprimir a los ciudadanos. Es una violencia desproporcionada e incontrolada reñida con el derecho que, a su vez, constituye su negación. Y ello, precisamente, por la prominencia que tiene el valor de la integridad física y la vida en un ordenamiento que se pretende democrático.

Dotar a la policía de armas que pueden producir heridas graves para intervenir en manifestaciones públicas es incompatible con cualquier noción no hipócrita del Estado de derecho.

Abolir las balas de goma es hoy una exigencia civilizatoria, como la abolición de la tortura o de la desaparición forzada. El único homenaje creíble a unas víctimas que no volverán nunca a ser las de antes.

andale94@gmail.com