133 Aniversario de Ensenada

El 15 de mayo de 1882 tuvo lugar un acontecimiento que marcó el despegue de Ensenada: fue entonces cuando la capital de la entidad fue cambiada de Real del Castillo a este puerto al que alguien bautizara como La bella Cenicienta del Pacífico. Por este motivo, se considera esta fecha el día de la fundación de la ciudad.

Enrique A. Velasco Santana/ A los Cuatro Vientos

“Es paraje hermoso, bello llano de tierra toda buena y en su orilla junto a los cerros, que no son muy altos, frondosea con mucha arboleda por las orillas de un arrollo. Agua  hay buena y en tanta abundancia que podría alcanzar para una ciudad, sólo que está en varias pozas grandes y éstas están en bajo, aunque no mucho. Si se halla forma de poder aplicar esta agua a riego, o a buscarla en su origen, se podrá hacer con ella grande labor. Fuera de eso la tierra está toda muy vestida de pasto verde, y se conoce tener bastante humedad, ya que es sitio donde llueve. Ello es que el paraje convida a una misión, que con las circunstancias de marítimas, y costa mansa en tan bella ensenada, podría dar y recibir de los navegantes consuelo y utilidades.”

Era el año de 1769 cuando hizo estas notas testimoniales fray Junípero Serra, presidente de los misioneros franciscanos, a cuyo cargo quedó el sistema misional de California cuando los jesuitas fueron expulsados de los dominios españoles un año antes. El franciscano había emprendido un viaje de Loreto a San Diego e iba en una de las columnas que marcharon por tierra y que pasaron el mes de junio por el paraje de Ensenada de Todos Santos. Días después los expedicionarios llegaron al puerto de San Diego y fue cuando Serra fundó la misión de san Diego de Alcalá.       

Este hecho dio lugar a la división del sistema misional, habiéndose delegado a los dominicos la administración de lo que se llamó la Antigua California. Durante el periodo dominico el paraje de Ensenada se convirtió en un punto de descanso para los viajeros que se trasladaban desde diversos puntos de ambas Californias.

Un momento relevante en el proceso histórico del puerto de Ensenada se relaciona con el proyecto colonizador de las Californias emprendido por don José de Gálvez, pues esto dio origen a los primeros ranchos del lugar. A principios del siglo XIX se otorgaron algunas concesiones de tierras a particulares, principalmente a militares, como compensación por servicios prestados a la Corona de España (recordemos que aún nuestro país estaba bajo su dominio). En el paraje de Ensenada, le fueron adjudicados dos sitios de ganado mayor a José Manuel Ruiz, alférez de caballería de la Compañía del Real Presidio de Loreto y Comandante de la Frontera de Baja California. La Frontera era el nombre con que se designó desde el siglo XVIII y casi todo el XIX al extremo norte de la Baja California, desde la Misión de San Fernando Velicatá hasta San Diego. Tiempo después, al ser designado este pionero como gobernador de la Antigua California, se trasladó a Loreto, vendiendo por ello su rancho en Ensenada a su yerno Francisco Salvador Gastélum.

El año de 1846 marcó el inicio de la guerra entre México y los Estados Unidos que tuvo como consecuencia la pérdida de más de la mitad del territorio de nuestro país. Con la firma del Tratado de Guadalupe Hidalgo, en 1848 se puso fin al conflicto y, a partir de entonces, la porción norte de la península de Baja California se constituyó en zona fronteriza con Estados Unidos.

ENSENADA ANTIGUA

Pocos años después de este acontecimiento, en 1853, llegó a Cabo San Lucas un extraño personaje que quedó en la historia como el frustrado fundador de una pretendida “República de Baja California”. Era el filibustero William Walker, procedente de Estados Unidos quien comandaba una expedición la cual pasó de Cabo San Lucas a La Paz y de ahí se replegó al norte de la península, en donde declararon a la Ensenada de Todos Santos capital de la nueva república y centro de operaciones, a la cual llamaron “Fuerte McKibin”. Los enfrentamientos con los pobladores de la región,  encabezados por Antonio María Meléndrez no se hicieron esperar, hasta que Walker decidió cambiar la “capital” a San Vicente, para, finalmente, regresar  su país. Esta incursión dejó severamente castigada la economía del lugar y fue además causa de la migración de la mayoría de los vecinos a la Alta California.

Al transcurrir de unos años, tiene un lugar un suceso que fue determinante en el curso de la historia ensenadense. Fue en 1870, cuando Ambrosio Castillo realiza un fabuloso descubrimiento: la existencia de placeres de oro y depósitos de cuarzo en el valle de San Rafael, después nombrado Real del Castillo, desde luego, en su honor.

Esto dio lugar, como sucede siempre en estos casos, a una fiebre del oro que repercutió en todos los aspectos de la vida de la Frontera, originando cambios en lo político, económico y social. Pronto el lugar se convirtió en una población superior en número habitantes a todas las de la región. Cientos de gambusinos y aventureros se trasladaron desde  diversos puntos a Real del Castillo. Ya para 1872 la actividad comercial se concentraba allí, y era tal el dinamismo que el sub-prefecto político, Manuel Clemente Rojo decidió cambiar la cabecera del Partido Norte de Santo Tomás, en donde entonces se encontraba, al centro minero.         

Los habitantes de Real del Castillo y sus alrededores obtenían sus provisiones, herramientas, maquinaria y productos diversos procedentes de San Francisco y San Diego. Los proveedores realizaban el recorrido por vía terrestre, atravesando por Tijuana principalmente, o bien, por vía  marina, siendo el punto natural de introducción de los vapores la bahía de Ensenada, lo que dio lugar al surgimiento de almacenes, fondas o albergues para viajeros.

Aun cuando desde antes del auge minero la bahía de Ensenada era el principal punto de acceso y salida a la Frontera, el puerto cobró una vitalidad sin precedentes a partir de la fiebre minera.

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