San Quintín: Paisaje después de la batalla

“No hay denuncia inútil: hay que denunciarlo todo”. Paul Nizan.

San Quintín se debate en la inevitabilidad de una lucha por la justicia.

Viento de por medio, balas intrusas, el sur de Ensenada sostiene un conflicto de orden laboral que se mantiene firme ante la mano dura del gobierno de Baja California.

Rael Salvador/ Crítica de la razón cínica / A los Cuatro Vientos

Negada para la verdad, la Secretaría de Seguridad Pública del Estado rechazó –categórica, en un comunicado que, tras la evidencias de la prensa en el lugar de los hechos, ahora pasa por alegórico– el “uso excesivo de la fuerza de agentes de la Policía Estatal Preventiva, disparos con arma de fuego o acoso directo contra residentes de San Quintín y que sus agentes hayan ingresado a domicilios”.

Por un lado, Jornaleros en unidades de acción por el derecho y la igualdad; por otro, policías ufanos, altaneros, en ley de ordenanza debida (la más estúpida de todas las leyes), convertidos en palafreneros de quienes se enriquecen con la mano de obra desprotegida, abaratada por el desdén y el rechazo, negando condiciones mínimas de salvaguarda que la Constitución exige.

Déspotas en la miseria, olvidados de humanidad, los patrones son protegidos por la agresión de “los perros guardianes del orden”: envanecimiento de un Estado ensoberbecido, privado para el diálogo y la conciliación, el convenio y la concordia.

¿Más inconsciente que inconsistente?

¿Menosprecio que encubre cobardía? ¿Ninguneo oficial, enfrentando culturas opuestas, mundos que deberían ser uno?

Lo remarcan los líderes de la Alianza de Organizaciones Nacional, estatal y municipal por la justicia social del Valle de San Quintín (Maneadero incluido), y aquí valen las justas palabras de Justino Herrera: «Tenemos un problema con cuatro perros que han estado mordiendo al trabajador: Uno, Seguro Social; otro, Gobierno del Estado; otro, patrones; y el otro, sindicatos, “charros”, desgraciados, que se han mantenido como garrapatas en el trabajador del campo». Cancerbero, el ahora perro de cuatros cabezas, a las puertas del infierno oficial.

jornalero herido cabeza

El abuso convirtió en bestias de carga a los trabajadores del campo, reduciéndolos a una zoología de servidumbre…, igual a obreros de fábricas y talleres, a estudiantes o jóvenes profesionales que trabajan (si se tienen esta suerte rara, privilegio del nepotismo) en horarios abrumadores por salarios que humillan la dignidad –deuda añeja que tiene la Secretaría del Trabajo y Previsión social con la ciudadanía bajacaliforniana–, gracias a hambreadores empresariales, hijos locos de un sistema que concesiona el mundo laboral como trampa para unos y beneficio para pocos.

Crítica liviana, carilindo, a Pablo Alejo López, Subsecretario de Gobierno en Ensenada, amanuense del mandamás Kiko Vega, se le hace una flor en los dedos: un racimo de pétalos finos que más tarde en cerrarse, cuando ya está abierta de nuevo… ad infinitum, en respuesta a las demandas de los jornaleros.

Desbordado por la represión, así como el menosprecio y la violencia, la historia del sometimiento laboral San Quintín (antes imperceptible, ahora vivificado: llamas que están) da paso a un proyecto de región más grave para los años por venir.

¿Huir hacia delante, tecnificar el campo, sombras de hule a goteo, despreciando la mano útil del jornalero?

Esto dejó de ser una promesa de arreglo y se ha convertido en un asunto de sobrevivencia.

Sin tibieza, sin mesura: ¿condenamos la radicalización o abordamos los reclamos y solucionamos?

Pero también…

¿La dolorosa agresión ofrece, ahora, en un terreno de igual a igual, la viabilidad de la lucha armada?

En los difíciles límites de la violencia, si alguna respuesta tienen estas interrogantes, deben de surgir por parte de la sociedad, no de la represión instrumentada del Estado, quien sólo ha ofrecido políticas de privilegio y beneficio a los dueños o a las empresas arrendatarias de las plantaciones del sur.

¿De los jornaleros? Décadas de invisibilidad y menosprecio.

raelart@hotmail.com