«¡Denle a los hijos de su chingada madre!»

“¡A quien se acerque, tírenle a matar. Denle a los hijos de su chingada madre!”, gritó disparando su pistola reglamentaria al aire quien parecía ser el jefe de 100 agentes de la policía Municipal de Ensenada y elementos de la Policía Estatal Preventiva que retomaron la comandancia de Vicente Guerrero después de dos horas de zafarranchos y enfrentamientos con jornaleros agrícolas en cuatro colonias de esa delegación municipal.

Olga  Aragón y Javier Cruz / A los Cuatro Vientos / Fotos: Roberto Armocida / La Jornada BC

San Juan Copala, Vicente Guerrero.- Eran las 8 de la mañana del sábado 9 de mayo. Los rafagazos ensordecedores no amortiguaron los gritos de una joven que con su niño en brazos les respondió: “¡Cobardes. Mi marido les pone el ejemplo, cabrones!”

¿Habrá imaginado el Subsecretario de Gobierno de la Secretaría de Gobernación Luis Enrique Miranda Nava la violencia que generaría su decisión de no acudir a la reunión con los jornaleros el día anterior, como se había comprometido?

Todo empezó a las seis de la mañana en Rancho Seco, propiedad de Felipe Ruiz Esparza, a quien los jornaleros consideran uno de los peores caciques de la región. Un grupo de trabajadores se acercó a las inmediaciones del rancho a exhortar a sus compañeros a que continuaran en el paro de labores al menos hasta el próximo miércoles, cuando presuntamente estará en San Quintín el Subsecretario de Gobernación para solucionar definitivamente la demanda de aumento salarial.

Este activismo pacífico provocó que Magdaleno, como nombran al capataz de la empresa, solicitara la presencia de la policía estatal para desalojar a los jornaleros de la Alianza de Organizaciones Nacional, Estatal y Municipal por la Justicia Social.

Ahí se dio el primer acto de represión que luego se extendería de la colonia Lomas de San Ramón a San Juan Copala, (Las Misiones), 13 de Mayo y Díaz Ordaz.

A bordo de cinco patrullas llegaron unos 25 policías estatales y arremetieron violentamente contra los jornaleros, quienes corrieron a protegerse en las casas vecinas al Rancho Seco.

Ya con refuerzos de 15 patrullas más, incluido el vehículo antimotines conocido como “El Tiburón”, los policías irrumpieron en decenas de hogares en Lomas de San Ramón, sorprendiendo a las familias que aún estaban dormidas o desayunando, y golpearon por parejo a niños, mujeres, adolescentes, adultos y ancianos.

Ofelia Merino López muestra las huellas de la golpiza; escoriaciones en todo el cuerpo y una herida en la cabeza de un toletazo. Dice que ocho policías entraron a su casa, la arrastraron por el piso, la patearon, la pisoteaban gritándole uno de ellos: “¡muérete de una vez, pinche vieja pendeja!”

JORNALERO CAPSULAS BALAS GOMA

– ¿Qué hizo usted para que la golpearan?

– “Nada. Los policías decían que en la calle los habían agarrado a pedradas y conmigo se desquitaban. Yo creo que esto lo hicieron para meternos miedo, para que no sigamos luchando por un mejor salario, pero soy jornalera del campo. Siento muy dolorido mi cuerpo, pero si quieren que yo muera, moriré luchando”.

La reacción de los jornaleros ante la brutalidad de la policía con sus familiares, amigos y vecinos, los llevó a armarse con piedras y enfrentar a los agentes policiacos haciéndolos huir. Ahí abandonaron una patrulla tipo camioneta pick up y el famoso “Tiburón”, que pronto fueron incendiados por la gente.

Ante el vehículo antimotines reducido a cenizas y chatarra, una mujer comentó: “Que venga el gobernador a ver lo que le pasó a su tiburón. Esto le va a pasar a su gobierno si nos siguen chingando”

Justino Herrera, uno de los líderes aliancistas que siempre estuvo al frente de su gente en este día de represión, envió también un mensaje a todas las autoridades: “Que ya se dejen de chingaderas y que atiendan el problema, porque lo que estamos exigiendo está dentro de la ley y ahora no solo pedimos el salario base de 200 pesos diarios para San Quintín, sino para toda Baja California”.

El líder, al saber que vendrían refuerzos policiacos de Ensenada y otras partes de Baja California, dijo: “Aquí los estaremos esperando, Si quieren que les demos más duro, más duro les vamos a dar. Y que quede claro, los responsables de esto que está ocurriendo son Miranda Nava, que no honró su palabra de dar respuesta a nuestras demandas de ayer, y el gobernador Francisco Vega, que tiene como estrategia reprimir a nuestro movimiento. Hemos sido tolerantes, pacíficos y respetuosos, pero no  vamos a permitir que ningún hijo de la chingada nos venga a provocar a nuestra propia casa. Si quieren guerra, guerra les damos”.

Y ese día precisó que el diálogo con el gobierno y los empresarios no estaba roto pese a los hechos violentos: «La mesa de diálogo es otra cosa. Seguimos en disposición de continuar la negociación, pero estas provocaciones tienen que terminar, ya».

Herrera y los demás voceros de la Alianza han insistido en la vía pacífica de su movimiento. El viernes 8 de mayo se deslindaron del grupo de provocadores que bloquearon la carretera transpeninsular en San Quintín, reventando así el plantón que cuatro mil jornaleros realizaron pacíficamente exigiendo la presencia del subsecretario Miranda.

PATRULLA PEPOS INCENDIADA

La noche del viernes los aliancistas habían decidido no movilizar a su gente para evitar provocaciones, reanudar el trabajo en los campos agrícolas el domingo 10 de mayo y presentarse el miércoles 13 a la mesa del diálogo, pero la mañana del sábado fueron sorprendidos por las agresiones de los policías estatales y municipales.

Por eso Justino Herrera y Bonifacio Martínez afirman que lo sucedido el 9 de mayo forma parte de una estrategia de provocación del gobernador Francisco Vega para desarticular el movimiento de los jornaleros.

“No lo van a lograr. Aquí seguimos y aquí los esperamos para continuar la mesa de diálogo”, afirmó Justino.

Se desconoce oficialmente el número de heridos. Muchos jornaleros y jornaleras de quienes este medio tiene testimonio de la forma en como fueron brutalmente lesionados, extrañamente no fueron detenidos.

En casi todos los casos la policía sólo los golpeó y pocos se reportan detenidos (11 es la cifra oficial del gobierno del estado, de los cuatro menores de edad fueron liberados el domingo 10 de mayo), y en varios casos los detenidos fueron liberados al momento de su captura en la refriega.

A partir de las dos de la tarde del sábado 9 de mayo entraron elementos militares a vigilar la delegación de Vicente Guerrero y no deja de ser raro que a un costado de la carretera transpeninsular está permanece un grupo de militares y frente a ellos se estableció un campamento de cientos de jornaleros, encabezados por el profesor Fermín Salazar, que por momentos bloquean el tránsito vehicular sin que se susciten enfrentamientos.

Entre las cosas extrañas de la jornada destaca el hecho de que los policías municipales y estatales que habían retomado la comandancia de Policía de Vicente Guerrero, de pronto la abandonaron por completo, dejándola como una tentación a los indignados jornaleros que también le encendieron fuego como lo hicieron con la patrulla y El Tiburón.

Bajo estas condiciones concluyó la jornadas más violentas desde que inició el movimiento el 17 de marzo por aumento de salario a 200 pesos diarios y respeto a los derechos laborales de los trabajadores del campo.

Fue un día de ventarrones y polvaderas.