La globalización de la pobreza

Este año del 2015, es el plazo que se fijó la ONU en la 71 sesión plenaria de diciembre de 1990 para erradicar la pobreza extrema y el hambre en el mundo

En aquella ocasión los representantes de 189 países miembros de las Naciones Unidas firmaron compromisos orientados a garantizar una justa distribución del progreso económico y evitar la concentración de la riqueza en unas cuantas manos.

José Luis Pérez Canchola* / A los Cuatro Vientos

Así mismo, dice la resolución, mientras el progreso no llegue a beneficiar a los sectores pobres y vulnerables, los gobiernos deben promover programas especiales en beneficio de estos grupos. Fueron acuerdos que los burócratas internacionales bautizaron como los Objetivos de Desarrollo del Milenio y con esto se inició la globalización como principal meta del siglo XXI.

No fue casual que aquella asamblea de la ONU se haya realizado un año después de la caída del Muro de Berlín (9 de noviembre de 1989), que desató la caída del bloque de países socialistas y la desintegración de la Unión Soviética.

Sin aquellos contrapesos políticos el momento resultaba oportuno para los países ricos y sin tardanza convocaron a una serie de cumbres internacionales con el propósito de “poner remedio a los grandes problemas de la humanidad”, tal como lo declaró el secretario general de la ONU en aquel tiempo, Butros Ghali, representante del gobierno egipcio.

Pues bien, han pasado 25 años de aquella resolución y muchas cumbres se han celebrado; sin embargo la pobreza extrema y el hambre están a la vista. La enorme desigualdad entre países ricos y pobres sigue igual o peor, y el abandono en que se encuentran millones de seres humanos no parece tener fin. Todo indica que la globalización, como lo ha dicho José Saramago, no es otra cosa más que “preparar al mundo para el disfrute de los ricos”.

En el último informe de la organización internacional Oxfam dedicada al combate a la pobreza y con presencia en 90 países, se afirma que el 1 por ciento de la población posee la mitad de la riqueza mundial. Solamente en América Latina y el Caribe, afirman los investigadores de Oxfam, la concentración de la riqueza ha sido frenética al pasar de 25 multimillonarios hace una década, a 114 en la actualidad.

MANO ANCIANO PIDE LIMOSNA

Lo que está sucediendo con la globalización es verdaderamente criminal y significa el camino más seguro para generar más violencia,  nuevas guerras y perpetuar la pobreza  de  millones  de  seres  humanos,  principalmente mujeres y niños.  Son las generaciones que no conocerán la paz, ni sabrán lo que es tener esperanza en un mejor futuro. Para el caso de México, por ejemplo y según UNICEF, el 40 por ciento de la población más pobre recibe el 12 por ciento del ingreso nacional,  mientras que el 20 por ciento de los más ricos recibe un 58 por ciento.

La globalización funcionó bien tratándose del movimiento mundial de dinero, mercancías, información y tecnología. Por lo mismo, el costo de las cumbres internacionales de la ONU fue a cargo de empresas transnacionales, del Banco Mundial, de la banca privada internacional, de las empresas de la computación y de gobiernos como el de Estados Unidos, sin duda el país más interesado en estos asuntos, como lo llegó a reconocer George W. Bush al declarar en su tiempo: “…somos una fuerza militar sin paralelo, tenemos el derecho a actuar en todo el mundo para imponer la economía de mercado y garantizar la seguridad estratégica”.

Hablar del derecho de los pueblos a vivir en paz, del derecho a tener esperanza en  un futuro mejor, nos obliga recordar las atrocidades cometidas por los dueños del dinero que en los años 80 financiaron las dictaduras militares. Son los mismos financieros que ahora aparecen entre nosotros con disfraces de banqueros, corredores de  bolsa y gerentes  internacionales.  Todos ellos afirman que la globalización es la vía más directa hacia el progreso de la humanidad. Y de verdad que logran confundir a unos y sembrar el entusiasmo en otros. Lo cierto es que todos los días nacen millones de seres humanos en la pobreza que van a morir pobres. Cada día son millones los que pierden toda esperanza, son los desempleados, los marginados, los que no tienen acceso a la salud, a la educación y menos a la cultura. Estamos ante un efecto devastador de la globalización, como lo calificó J. Stiglitz, premio nobel de Economía en 2001 y ex vicepresidente del Banco Mundial.

Como bien se señaló hace una década en la Conferencia Episcopal Mexicana sobre lo inaceptable del aumento inco ntenible de la pobreza, de la migración del campo a la ciudad, de la delincuencia, la violencia intrafamiliar, la drogadicción y el suicidio de jóvenes y adolescentes.

A fin de cuentas hoy en día el reto es crear conciencia frente a la globalización de la pobreza, del desempleo y la desigualdad. Ahora hay que luchar en defensa de los derechos humanos de las víctimas del mercado global y demandar que la economía, la ciencia y la tecnología, sirvan principalmente a los pueblos y no solo a las empresas privadas.

JOSE LUIS PEREZ CANCHOLA* El autor es miembro de la Academia Mexicana de Derechos Humanos. Fue primer ombudsman de los Derechos Humanos en Baja California.