La vigencia de Zapata y el zapatismo

Emiliano Zapata Salazar nació el 8 de agosto de 1879 en San Miguel Anenecuilco, municipio de Ayala en el Estado de Morelos. El llamado Caudillo del Sur fue hijo de Gabriel Zapata y Cleofas Salazar y fue asesinado el 10 de abril de 1919 en la hacienda de Chinameca, Morelos.

Manuel Guillén Guillén / A los Cuatro Vientos

La muerte de Zapata estuvo marcada por la traición al igual que otros caudillos de la revolución mexicana. Después de la derrota militar de Francisco Villa por Álvaro Obregón, las tropas carrancistas se concentraron contra el Ejército Libertador del Sur y en ese contexto, el coronel Jesús Guajardo, siguiendo órdenes del general Pablo González y  de Venustiano Carranza; fingió unirse a Zapata, por lo que entraron en negociaciones hasta que, finalmente, el 10 de abril acordaron conferenciar y sellar la alianza en la hacienda de Chinameca. A pesar de algunas advertencias de una posible traición, Emiliano Zapata y diez de sus hombres asistieron a la reunión, pero después de que les presentaron los honores correspondientes fueron acribillados.

Es curioso cómo dos hombres ligados de forma directa o indirecta a este acontecimiento, más tarde fueron nombrados por Lázaro Cárdenas gobernadores del Territorio Norte de la  Baja California. Por un lado, Gildardo Magaña Cerda, quien ocupó el cargo entre  septiembre de 1935 y febrero de 1936. Previamente, Magaña había  sido designado comandante en jefe del Ejército Libertador ante la muerte de Zapata. El otro personaje vinculado a este suceso fue Rodolfo Sánchez Taboada. Estuvo en la gubernatura entre 1937 y 1944. Sánchez Taboada estuvo ligado a Zapata no como elemento zapatista, sino porque participó directamente  en el complot para asesinar al Caudillo del Sur.

Las luchas zapatistas.

ZAPATA CON AMIGOS

Podemos mencionar que en 1909 Zapata fue designado por los ancianos de Anenecuilco como representante de la Junta de Defensa y que se sumaron al movimiento revolucionario apoyando el Plan de San Luis de Francisco I. Madero, pues en su artículo tercero se hablaba de la restitución de tierras a los pueblos que las hubiesen perdido, por lo que, a través de la revolución vieron la oportunidad legal de luchar por su causa.

Sin embargo, cuando la revolución maderista triunfó en lo militar con la firma de los Tratados de Ciudad Juárez (21 de mayo de 1911), se cancelaban también muchas de las demandas que el propio Plan de San Luis había prometido a los revolucionarios. Así pues, los zapatistas siguieron enfrentando a los gobiernos de Francisco León de la Barra, Francisco I. Madero, Victoriano Huerta y Venustiano Carranza.

En este sentido es fundamental entender la diferencia entre los dos líderes, para Madero la solución de los problemas del país radicaba en conseguir libertades democráticas, para Zapata era que la ley se respetara y se aplicara para lograr la restitución y repartición de tierras y aguas, además del respeto a la autonomía municipal y de los pueblos, muchas de estas demandas las llevaron a la práctica, principalmente en 1915.

Por tales motivos, los zapatistas dieron a conocer el Plan de Ayala el 25 de noviembre de 1911 y se convirtió automáticamente en el documento que le dio la base ideológica que necesitaba el movimiento.

ZAPATA CON ZAPATISTAS

Entre sus artículos más importantes podemos mencionar al 6º: “los terrenos, montes y aguas que hayan usurpado los hacendados, científicos o caciques a la sombra de la justicia venal, entrarán en posesión de esos bienes inmuebles desde luego, los pueblos o ciudadanos que tengan sus títulos, correspondientes a esas propiedades, de las cuales han sido despojados por la mala fe de nuestros opresores, manteniendo a todo trance con las armas en la mano la mencionada posesión […]”.

Destaca también el artículo 7º porque prevé la urgencia de dotar de tierras a los mexicanos que nunca habían poseído una tierra: “En virtud de que la inmensa mayoría de los pueblos y ciudadanos mexicanos no son más dueños que del terreno que pisan, sufriendo los horrores de la miseria sin poder mejorar en nada su condición social ni poder dedicarse a la industria o a la agricultura, por estar monopolizadas en unas cuantas manos las tierras, montes y aguas; por esta causa se expropiarán previa indemnización, de la tercera parte de esos monopolios a los poderosos propietarios de ellos, a fin de que los pueblos y ciudadanos de México, obtengan ejidos, colonias, fundos legales para pueblos o campos de sembradura o de labor y se mejore en todo y para todo la falta de prosperidad y bienestar de los mexicanos.”

Situación actual.

Si bien los gobiernos posrevolucionarios dieron cierta importancia al tema de la repartición agraria mediante el sistema ejidal, ésta normalmente se hizo de una forma muy burocratizada y sujeta a manipulación política, y para 1992 el entonces presidente de México, Carlos Salinas de Gortari, consolidando los modelos neoliberales impulsó la fragmentación de los ejidos, y con la puesta en práctica en 1994 del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos y Canadá, se dio un golpe mortal al campo mexicano.

Por esas razones, México sigue importando productos agrícolas básicos como el maíz, y a cambio, se incrementa la exportación de trabajadores “indocumentados” para el agro estadounidense; o en nuestro propio país, miles de jornaleros se ven en condiciones severas de explotación por diversos caciques.

ZAPATA

Este tema se agrava indudablemente con la reciente reforma energética, ya que da  pauta a las compañías extranjeras para que puedan  ocupar de forma “temporal” las tierras de los campesinos donde exista la posibilidad de exploración y extracción de hidrocarburos.

Estos cambios jurídicos representan un despojo y fortalecen la monopolización de la tierra por unos cuantos, poniendo en riesgo la ya devaluada soberanía nacional.

Casi de forma inmediata al asesinato de Zapata, mucha gente de su momento creyó firmemente que el que había muerto en la hacienda de Chinameca no era Emiliano, y entonces inició la leyenda de que Zapata volvería pronto.

Para este año 2015 y para los que vengan, se seguirá hablando de Zapata y el zapatismo, pues las demandas de tierra, atención al campo y el respeto a los trabajadores siguen latentes. Por lo que Zapata ha trascendido su momento histórico y en este personaje podemos resumir los anhelos de miles de campesinos anónimos que lucharon junto a él entre 1910 y 1919, pero también  hoy en día millones de mexicanos siguen viendo en Emiliano un símbolo de resistencia y esperanza de un México más justo para el pueblo, un simple ejemplo es la marcha que organizan los jornaleros de San Quintín precisamente un 10 de abril para recordar a Zapata y luchar por sus derechos laborales.

MANUEL GUILLEN GUILLEN* Historiador, docente en el Instituto Latinoamericano, fue integrante del equipo de investigaciones del Archivo Histórico de Ensenada. Correo electrónico: manuelg_guillen@hotmail.com