La Certeza

De acuerdo con el diccionario de la Real Academia Española, la  palabra certeza (de cierto) tiene dos acepciones: 1. f. Conocimiento seguro y claro de algo. 2. f. Firme adhesión de la mente a algo conocible, sin temor de errar.

Manuel Figueroa / A los Cuatro Vientos

Aparentemente la palabra certeza es una palabra sencilla, su origen etimológico es bastante claro, es la suma del adjetivo latino certus (preciso, seguro) con la partícula  eza (sufijo que indica cualidad, la palabra pobreza (pauper+eza) es un ejemplo de entre miles (de palabras, no de pobres, de esos hay millones).

Etimologías aparte, sobre el concepto contenido en la palabra certeza han sido escritas muchas páginas, desde Aristóteles y Platón –a más de otros clásicos griegos- hasta Kant, Russel, Popper y otros filósofos contemporáneos; un resumen interesante y ameno se puede leer en el libro de Jostein Gaarden: El Mundo de Sofía.

Básicamente la discusión se ha centrado sobre cómo construimos nuestras certezas, un ejemplo multicitado es la conocidísima y “malentendidísima” frase de Descartes:  Cogito ergo sum (pienso luego existo) con la que pretendió dejar claro que la certeza no está –en general- basada en el conocimiento sino en la conciencia que adquirimos sobre un hecho concreto.

El concepto contrario a la certeza es la ignorancia y entre ellas está la duda, que surge cuando no estamos en condiciones de probar la veracidad de algo y a cuyo beneficio no siempre nos dejan acogernos.

ANUNCOS PROCESO ELECTORAL

Etimologías y filosofía aparte, este escrito –necesariamente breve- va sobre las próximas elecciones y el vendaval  publicitario que nos está cayendo encima y que continuará cayendo  hasta el día 4 de junio de acuerdo con el calendario electoral del INE para el 2015  http://www.ine.mx/archivos2/portal/Elecciones/PEF/2014-2015/. Esto es que nos restan varios días de tormento a más de los que ya nos han endilgado por todos los medios de difusión posible, oficialmente desde el 10 de enero cuando arrancaron las precampañas (figura legal por demás tramposa).

Los Nada Verdes –por ejemplo- se aparecieron hasta en las palomitas del cine desde octubre del año pasado.

¿Y la certeza? Bueno, a mí al menos, y seguro que miles más también, me queda claro que la intención de las campañas electorales es construir en nosotros la certeza de que son ellos los que salvarán a nuestro país de la debacle en la que vive inmerso, pretenden que no tengamos ninguna duda para que no les cuestionemos en lo más mínimo, pero pretenden que lo hagamos desde la ignorancia, construida ésta a partir de bombardearnos con frases inanes, propuestas huecas, programas vacíos e intercambiables (ayer parecíamos de izquierda, ahora de derechas, mañana del centro y después quien sabe).

Si resumimos sus “propuestas”, éstas quedan en una frase: “nosotros o el caos”, donde el nosotros puede ser sustituido por el nombre de cada uno de los partidos y candidatos contendientes, la frase no es mía, fue famosa durante la campaña presidencial de 1970: “¡Luis Echeverría o el caos!”. Ya sabemos cómo nos fue.

De acuerdo con Jorge Alcocer ( http://aristeguinoticias.com/2808/mexico/el-chistecito-electoral-nos-va-a-costar-37-mil-mdp-en-2015-alcocer/), reconocido especialista en temas electorales, el chistecito democrático nos costará $ 37,000000000, sí, treinta y siete mil millones de pesos; y según la página del INE (http://www.ine.mx/archivos3/portal/historico/contenido/Estadisticas_Lista_Nominal_y_Padron_Electoral/) en el universo de votantes habemos 87 millones de ciudadanos, suponiendo –vana ilusión-  que todos vayamos a votar,  cada voto nos costará entonces $425.00 aproximadamente.

De acuerdo con la Fundación  Internacional para Sistemas Electorales (IFES, por sus siglas en inglés) en su informe de 2008, el costo de un voto, en dólares de entonces, en las  democracias latinoamericanas fue: en Brasil 29 centavos; en Colombia, 1.95; Ecuador, 1.09; Panamá, 5.25; Uruguay, 3.72, Costa Rica,  8.58 dólares y 17.24 en México.

En estas elecciones, en dólares de 2015, un voto nos costará 29.31 dólares. Un incremento del setenta por ciento.  Faltaría comparar si el incremento del precio del voto en nuestro país corresponde a un incremento proporcional en la calidad de la democracia.

No tengo duda alguna al respecto,  la información de la que todos disponemos me permite afirmar con certeza que la democracia que tenemos es cara y de mala calidad. Dejemos de fingir ignorancia al respecto.