Lecciones de política, humanismo y dignidad

Provocó tristeza su partida. Ante la falta de avances de la mesa de diálogo y la inminente soledad citadina por la Semana Santa, los 400 jornaleros agrícolas que acamparon durante tres días en el Centro Cívico de Mexicali decidieron regresar a San Quintín, pero no por ello claudicar en sus demandas.

Raúl Ramírez Baena* / A los Cuatro Vientos / La Jornada Baja California

Quienes fuimos testigos de su estancia en la capital de Baja California quedamos sorprendidos por su capacidad de organización, su convicción ideológica, su humildad, sencillez, orgullo indígena, orden y disciplina. Bastó observar como al irse dejaron impecablemente limpios los jardines y explanada adyacentes al edificio de gobierno en Mexicali. Ello explica la integridad y fortaleza de principios que sostiene el movimiento, algo que muchos no han logrado comprender.

“No somos animales, no comemos seres humanos”, decía a las autoridades Fidel Sánchez Gabriel, uno de sus líderes, al inicio del paro laboral.

Gracias a la solidaridad, nunca les faltó comida ni agua. Lo que el choque cultural no logró descifrar es que los jornaleros indígenas no comen pan birote ni pan de caja, sino tortillas. Pero aun así agradecieron profundamente el apoyo y se los comieron.

El lunes 30 de marzo, por la tarde, media hora antes de que arribara la caravana de jornaleros a la explanada del Centro Cívico de Mexicali, las autoridades del gobierno del estado y del ayuntamiento de Mexicali tomaron la desafortunada decisión de cerrar todo acceso a los baños públicos de esos edificios. ¿Pensaron acaso que por ser indígenas, morenos y trabajadores del campo iban a “ensuciar” los sanitarios? Esa decisión oficial, que constituyó una violación al derecho a la salud, amenazó con crear un problema de salud pública que, afortunadamente se logró subsanar por las propias autoridades.

Apoyados por la solidaridad, los jornaleros sortearon durante el plantón cosas tan cotidianas como el lugar para dormir, el baño, el lavado de dientes, el cambio de ropa, las enfermedades y, por supuesto, la comida. Todo se resolvió. Hacían fila para todo.

A pesar de que el movimiento cuenta con 5 dirigentes-voceros políticamente cohesionados, sorprende cómo cualquier hombre o mujer indígena habla con soltura de sus demandas, conocen sus derechos y se indignan ante la cerrazón del gobierno para resolver sus demandas.

La trascendencia del movimiento

JORNALEROS EN MEXICALI DEMANDA

Ningún otro sector de trabajadores del país ha logrado el aumento del 15 por ciento en el jornal, aprobado unilateralmente por la patronal, el gobierno estatal y los sindicatos no reconocidos por el movimiento indígena (CTM, CROC, CROM). Aun así, el aumento no es aceptado por los jornaleros en virtud de que el salario no alcanza a cubrir sus necesidades y las de sus familiares para llevar una vida conforme a la dignidad humana, como lo disponen el Artículo 123-A Constitucional y los tratados internacionales.

Los dirigentes de la “Alianza de Organizaciones Nacionales, Estatales y Municipales por la Justicia Social” han sabido traducir las necesidades de los trabajadores de la región. Además del aumento a 20 pesos por caja de fresas, plantean un salario de 200 pesos al día para toda la clase trabajadora de Baja California, no sólo para los jornaleros, lo que da un carácter de vanguardia a su movimiento.

A esta demanda se agregan la obligatoria inscripción al IMSS de los jornaleros y sus familiares, la dotación gratuita de agua potable y, lamentable, denuncian el abuso sexual de mujeres indígenas, incluso menores, por parte de los “mayordomos” de los campos agrícolas, sin que patrones y autoridades lo prevengan y sancionen.

La dirigencia de los jornaleros fue capaz de bloquear la carretera transpeninsular, contener la represión, deslindarse del pillaje, liberar a los jornaleros detenidos arbitrariamente, forzar la presencia del gobernador Kiko Vega aunque sea sólo para que los saludara de mano, sentar en la mesa de diálogo a autoridades y patrones (a los dirigentes de los sindicatos blancos los corrieron), exhibir ante el mundo la explotación y esclavitud de que son objeto, organizar la caravana a Mexicali, dejar abierta la mesa de diálogo, lograr la solidaridad de ONGs, activistas y población; evidenciar la cerrazón del gobierno, empresarios agrícolas y sindicatos de protección patronal y trascender el movimiento al ámbito nacional y binacional. No es cualquier cosa.

Autoridades, patrones y sindicatos contra la pared

JORNALEROS CENTRO GOB MEXICALI

El gobierno estatal, los patrones y los sindicatos oficiales, como uno solo, desplegaron una intensa campaña en medios para convencer a la opinión pública de que el 15 por ciento es un gran aumento, que respetan los derechos humanos de los jornaleros, que el paro laboral generó fuertes pérdidas a la economía de la región y que aceptaron el aumento y regresaron felices a trabajar. La realidad indica otra cosa. Tan desesperados están que hasta crearon páginas xenofóbicas en Facebook contra los oaxaqueños.

Al momento de escribir estas líneas el gobierno no ha reabierto el diálogo, como tampoco ha podido operar posibles acciones legales en contra de los dirigentes. No es para menos, el Estado Mexicano está hoy bajo el riguroso escrutinio de la comunidad internacional por la corrupción y la desastrosa diplomacia en torno a los casos Tlatlaya, Ayotzinapa, las desapariciones forzadas y la tortura, y el caso Aristegui.

El régimen se encuentra hoy sometido a una fuerte presión en los medios independientes y en las redes sociales, además de la creciente inconformidad y protesta social, lo que políticamente dificulta represalias a los jornaleros. Ganas, no les faltan.

RAUL RAMIREZ BAENA* Director de la Comisión Ciudadana de Derechos Humanos del Noroeste y ex procurador de los Derechos Humanos y Protección Ciudadana de Baja California.