Soñé contigo

Para Fernando Betancourt, para Olga y Omar.

“En la oscuridad abren los ojos / Y les cae en ellos el espanto / Encuentran alacranes bajo la sábana / Y su cama flota como sobre un lago /”

Jaime Sabines.

Él está soñando. Sueña con ella. Caminan abrazados por la arena de la playa. Conversan. Azul, muy azul el mar. Como azul es el cielo sin nubes. Te sueño. Estoy soñando contigo y no quiero despertar. La brisa refresca sus cuerpos. No quiero. No quiero. Se detienen. Me dices y te digo cosas sin importancia. Aspiramos los olores marinos. Miran el mar. Los dos, ella y yo. Sabemos que soñamos, que somos soñadores. Vuelven a caminar. Se detienen. Voltean a mirar las palmeras, las plantas, el verdor esmeralda. Sobre ellos vuelan planeando las gaviotas. Se detienen y se sientan sobre un tronco. El ruido del mar, de las olas. Yacen sobre la arena, abrazados, hechos un solo cuerpo, que gira, que rueda, trenzados los brazos y las piernas… Soñando nos abrazamos. Ella me invita a entrar abriéndose. Y yo entro. Ya somos un solo cuerpo. La piel requemada por el sol. Cubierta de sudor. Besándose. Repasando con las manos sus cuerpos. Se miran. Uno al otro se miran y repasan con la mirada el cuerpo del otro. Si nos quedamos aquí hasta que se haga de noche, nos pondremos a contar las estrellas fugaces. La mirada de ella brilla luminosa, juguetona. Veo tu cuerpo desnudo. Me alegra comprobar que no es perfecto. Aunque soñada, es un cuerpo de mujer real, desprovista de ropa y de afeites. Y me veo en tus ojos color avellana. Te veo e intento memorizarlo, con todas sus imperfecciones, con tu olor. Hueles a mujer. Y me pongo a descubrir y a contar tus lunares y sé que no voy a escribirte un poema porque sencillamente no soy poeta. ¿Su nombre? ¿De ella? No lo sé. No nos dijimos nuestros nombres, en los sueños los nombres no importan. No. Despierta. Siente sobre su cuerpo el peso de la sábana, del cobertor, del edredón. Escucha los ruidos provenientes de la calle. Abre los ojos y con un hilito de voz muy baja canta: “Anoche, anoche soñé contigo / soñé una cosa bonita / ¡Qué cosa maravillosa! / ¡Ay cosita linda, mamá! /Soñaba, soñaba  que me besabas / y que en mis brazos dormías / ¡Ay cosita linda, mamá! /”

Alberto Huerta. Jerez, Zacatecas