Jornaleros agrícolas: quisimos mostrarnos y demostrar nuestra fuerza

“Quisimos mostrarnos, que nos vieran y comprendieran que los jornaleros somos hombres y mujeres de carne y hueso, no sólo manos para trabajar el campo. Tenemos rostro, nombre y familia; somos decenas de miles, porque junto a nosotros están nuestros hijos también jornaleros como lo han sido nuestros padres”, dijo Fidel Sánchez Gabriel, uno de los líderes del movimiento más grande de trabajadores agrícolas que se haya registrado en el valle de San Quintín, al sur de Ensenada.

Olga Alicia Aragón/ A los Cuatro Vientos

Contundente, agregó: “Quisimos mostrar nuestra fuerza”.

El dirigente de la Alianza de Organizaciones Nacional, Estatal y Municipal por la Justicia Social explicó así la estratégica acción de bloquear durante más de 26 horas 120 kilómetros de la carretera transpeninsular y declarar el  paro general de labores, que aún continúa en los ranchos agrícolas de la región desde el pasado día 17.

–¿Alcanza la fuerza para lograr el triunfo de sus demandas?

“Es nuestra esperanza: hacerles comprender que somos 80 mil trabajadores agrícolas, quienes con nuestro trabajo generamos una gran riqueza en todo el valle (de San Quintín). De uno en uno nos ven débiles, pero ahora saben que somos muy fuertes porque somos muchos y estamos unidos”.

Ya lograron algo inédito: que autoridades de los tres niveles de gobierno escuchen sus demandas en una mesa de diálogo en la que construyen acuerdos.

FIDEL SANCHEZ LIDER JORNALEROS BC
Fidel Sánchez, vocero de los paristas (Fotos: internet)

 

“Nos sentíamos burlados porque desde el año pasado el gobernador Francisco Vega de Lamadrid nos hizo creer que tendríamos diálogo, sin que tuviese intención de cumplir su palabra”, comentó Sánchez Gabriel quien afirmó que desde enero, los funcionarios estatales no respondían ni a la solicitud de audiencia.

“Nada de esto habría ocurrido si el gobierno nos hubiese atendido”, enfatizó al referirse al bloqueo carretero y las movilizaciones de los jornaleros, pero también a los actos vandálicos efectuados por gente que aprovechó la oportunidad para saquear comercios y -según comentó el delegado de la Comisión Nacional para el Desarrollo de Pueblos Indígenas (CDI), Juan Malagamba Zentella-, también por pequeños grupos de vándalos ligados a corporaciones sindicalistas como la CTM y la CROC.

Por ello, cuando la noche del jueves finalmente se presentó el gobernador en una breve visita de 30 minutos a la  mesa del diálogo en San Quintín, fue recibido por los jornaleros con frialdad y reclamos.

“La gente está encabronada”, había dicho otro de los líderes del movimiento, en multitudinaria asamblea que tuvieron en un paraje de San José Copala, 20 kilómetros al norte de San Quintín, para deslindarse de provocadores y vándalos que seguían cometiendo desmanes, después de que el día anterior saquearan mercados y destruyeran negocios.

En esta lucha participan decenas de miles de jornaleros agrícolas de todas las edades, desde ancianos hasta adolescentes, así como muchas mujeres mestizas e indígenas de varias etnias, en su mayoría mixtecas y triquis; algunas andan ataviadas con sus largos vestidos rojos y cargan en brazos a sus hijos pequeños.

JRONALEROS SQ PROTESTA

Son tres generaciones de jornaleros, muchos de ellos originarios de Oaxaca, Michoacán, Guerrero, Chiapas y Sinaloa, pero con hijos que ya nacieron en Baja California.

Durante las manifestaciones que iniciaron el martes 17, en español y en sus lenguas maternas gritan consignas que forman parte de un pliego petitorio y hacer recordar la época del porfirismo.

Exigen la revocación del contrato colectivo de trabajo firmado por la CTM y la CROC con la asociación de agricultores, “por las graves violaciones a nuestros derechos laborales y humanos”; afiliación al IMSS; pago de prestaciones de ley; un día de descanso a la semana, jornada de ocho horas y pago de horas extras y días festivos conforme a la ley; aumento de salario; cese de la discriminación y maltratos; cese del acoso sexual a las mujeres por parte de los capataces.

Los jornaleros piden que se les paguen 30 pesos por caja de fresa pizcada, ya que desde el 2001 les pagan sólo 10 y 12 pesos, sin ganar ni un centavo más en domingos y días festivos; 17 pesos por jarra de moras y 8 pesos por cubeta de tomate. “Hay ranchos donde nomás nos pagan un peso por caja”, asegura trabada de coraje una mujer jornalera que tiene 20 años en la pizca.

El tamaño de la sorpresa

JORNALEROS MULTITUD

El movimiento de jornaleros agrícolas del sur del municipio de Ensenada, que se detonó a las tres de la madrugada del martes 17 de marzo, alcanzó magnitud histórica sorprendiendo al gobierno en sus tres niveles, a las fuerzas policiacas y militares, a los poderosos patrones de los ranchos agrícolas, a empresarios y a la población entera.

Dos días consecutivos controlaron toda la región del Valle de San Quintín, al sostener por más de 26 horas el bloqueo de la carretera transpeninsular.

Aún se aprecian a lo largo de esos 120 kilómetros, los manchones que dejaron la quemas de llantas y restos de las barricadas de piedras en más de medio centenar de puntos del tramo carretero de la Ruta Ensenada-La Paz, a partir de la desviación al ejido Eréndira, a la colonia Santa María, cerca del Rancho Los Pinos, esto es del kilómetro 80 al 210 de la ruta Ensenada-La Paz.

En el recorrido de ese enorme tramo, la vista se perdía en un paisaje de extensos sembradíos de fresa, tomate y varias hortalizas, sin descubrir a un solo jornalero trabajando esos campos donde se ubican 20 de los más grandes ranchos productores de diversas hortalizas y del 80 por ciento de tomate y fresa que se cultiva en la región y se exporta a Estados Unidos.

Destacan entre esos ranchos Driscoll, trasnacional estadounidense; BerryMex, el mayor latifundio extranjero entre Eréndira y San Quintín; Los Pinos, propiedad del exsecretario de Fomento Agropecuario de Baja California y compadre del expresidente Felipe Calderón; Rancho Agrícola Camalú, de la familia Silva; Rancho Valladolid, propiedad de Manuel Valladolid Seamanduras, actual secretario estatal de Fomento Agropecuario; Rancho de los Hermanos García, de Camalú, y el Rancho Castañeda, propiedad de la familia del actual delegado municipal de Camalú, Juan Manuel Castañeda Cisneros.

El paro laboral ocurre justo en la temporada de pizca de tomate y fresa, dos de los cultivos más rentables que generan decenas de miles de empleos con sueldos miserables y, a la vez, gran acumulación de riqueza en unas cuantas manos.

JORNALEROS FRESEROS

Esta región produce 85 mil toneladas de fresa al año, con un rendimiento de 46.7 toneladas por hectárea, el más alto del país, según información de Fomento Agropecuario del Estado.

Este viernes, algunos jornaleros regresaron a la pizca. Dice Fidel Sánchez que el 10 por ciento de los 80 mil que paralizaron labores fueron a trabajar, a solicitud de los patrones y  “como muestra de buena voluntad para que no se pudra la fresa”, pero el paro general continúa, hasta que se firmen los acuerdos de la mesa del diálogo.

Lentamente empiezan a normalizarse las actividades comerciales, productivas y de servicio, al sur de  Baja California, donde las manifestaciones de los jornaleros paralizaron la economía desde la madrugada del martes 17 al mediodía del jueves 19.

Esos días permanecieron cerrados comercios, restaurantes, casi todas las empresas, desde  instituciones bancarias hasta tiendas de abarrotes; las gasolineras no dieron servicio; cerraron las oficinas de gobierno y desaparecieron durante muchas horas las autoridades delegacionales y las policías municipales; también  cerraron las escuelas, desde jardines de niños hasta universitarias.

“Jamás había sucedido algo así. No hubo gobierno para nadie. Ni los militares atendieron mi llamado de auxilio”, dijo Don Basilio Hernández, propietario del Mercado El Reloj, del poblado de Camalú, saqueado y destruido por los vándalos durante nueve horas sin que interviniera autoridad alguna.

El paro de labores de los jornaleros agrícolas, se convirtió en un paro general.