La batalla por el sexenio

Bien podría haber titulado este artículo la batalla del sexenio, pero creo que no va por ahí. El caso reciente del despido de los colaboradores de Carmen Aristegui, que por casualidad descubrieron la famosa casa blanca, e investigaban la otra casa adquirida por el secretario de hacienda apestan desde lejos.

Ramiro Padilla Atondo / A los Cuatro Vientos

Si bien, la famosa periodista no es ajena a este tipo de presiones (podemos ver un ejemplo del uso del poder con fines de presión <misma periodista-sexenio diferente>):

https://www.youtube.com/watch?v=Bnu8-ZDuk_M

La realidad demuestra que sus investigaciones lastimaron, y mucho. Ayer escuchaba el audio sobre la postura asumida por Carmen y su equipo. Tienen toda la razón. La reacción virulenta de los dueños de MVS demuestra de manera clara las presiones a las que están sometidos ellos también. Buscan encontrar el balance entre quedar bien con Dios y con el diablo. Y pues no se puede.

El manotazo autoritario es siempre más fácil cuando se tiene el poder, mucha de la publicidad de MVS es del gobierno. Me causa una infinita gracia la frase que dice que no pagan para que les peguen.

Les recuerdo a los idiotas del gobierno que no pagan publicidad oficial de sus ahorros adquiridos después de una vida de esfuerzos.

CASA BLANCA DISEÑO

Pagan (o malgastan sería la palabra más adecuada) dinero que sale de nuestros impuestos. Los intentos de coartar a libertad de expresión pone de nuevo al gobierno en una posición delicada.

A nosotros (pueblo periodistas etc.) no nos van a amenazar usando el dinero que no les pertenece. Si fueran un poco más inteligentes lo que deberían de hacer es dejar de robar. Y vieran que fácil y que rápido se acaba el conflicto de interés y nadie los molestaría.

El conflicto con Carmen Aristegui es un tema del cual no se ha dicho la última palabra, ¿Y sabe por qué el gobierno? Porque nosotros la tenemos. Podrán recontratar o no a los periodistas despedidos, quizá Carmen renuncie. No lo sabemos. Lo que sí sabemos es que no nos callarán. Y seguiremos expresándonos de la misma manera y denunciando sus tropelías.

En el fondo es la batalla por el sexenio. Si permitimos el atropello estaremos entregando una parcela de libertad duramente ganada. De cómo se defina este conflicto depende la suerte de la libertad de expresión en este país, y sobre todo del periodismo de investigación.

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