La cultura del disfraz y el disimulo

El poder burocrático, dice Arkadi Rajkin (1) “hace que jamás se encuentren los actos, las palabras y los pensamientos. Los actos quedan en el lugar del trabajo, las palabras en las reuniones y los pensamientos en la almohada”.

Jesús Sosa Castro* / A los Cuatro Vientos

El escritor y actor teatral letonés, muerto en Moscú, Rusia, el 17 de diciembre de 1987, agrega: “La humanidad ha aprendido mucho de los camaleones: Se considera inteligente a quien no lo es, se reverencia la cultura del disfraz, se habla el doble lenguaje de los artistas del disimulo. Para hacerse rico se lleva una doble contabilidad, hay una moral para decir y otra para hacer. La moral para hacer se llama realismo. La ley de la realidad es la ley del poder. Para que la realidad no sea irreal, nos dicen los que mandan, la moral tiene que ser inmoral”.

Estos son los principios de los políticos sistémicos. El escritor uruguayo Eduardo Galeano los clasificó bien en “El libro de los abrazos”.

Por eso es corriente decir que la mayoría de los políticos mexicanos son como esos reptiles saurios. Cambian de color según las circunstancias. Dicen hacer leyes para beneficiar a los ciudadanos y en la realidad le afectan sus derechos. Se portan como pavorreales y son una bola de incultos. Entregan nuestros recursos naturales y dicen que es para bien del país. Son traidores a la Patria pero afirman que lo que hacen es por patriotismo. ¡Su moral es la inmoralidad! Si la política la hacemos bajo estos principios, violatorios de la ética y de la honorabilidad, entonces, seguimos chapoteando en las viejas prácticas que asquean a la gente y convierten la política en una caricatura.

Dar los pasos necesarios para construir una sociedad diferente requiere de ideales y de ideas. De trabajo, de organización. Entre los ideales, valen aquellos que en 1942 planteó Palmiro Togliati sobre las cualidades de los que luchan por transformar su país.

“En la política -dijo- está contenida toda la filosofía real de cada persona, está la sustancia de la historia. Y para el individuo que ha alcanzado la conciencia crítica de la realidad y de la tarea que le espera en la lucha para transformarla, está toda la sustancia de su vida moral” (2)

En los comportamientos de los políticos que mal dirigen el país, encontramos, en cambio, una gruesa costra de inconsecuencias y desvíos. En ellos están, sustancialmente, las partes visibles de sus miserias  humanas, sus deformaciones, los genes de su doble lenguaje y la consiguiente  contradicción entre los dichos y los hechos.

HIPOCRATAS CARTEL

Vivimos una degradación política, es verdad. Estudios hechos por la Revista Veredas, de la Universidad Autónoma Metropolitana, señalan que existe “una crisis de los partidos políticos. Desde el 2008, el 71.1 % de los ciudadanos les había retirado su confianza y aceptación y sólo el 28.9 % los siguen considerando como necesarios.  Las propias dirigencias de esos partidos aceptaban entonces que se había erosionado su credibilidad, y que esto tenía graves repercusiones en la falta de confianza y de legitimidad en sus convocatorias políticas” (3)

Siete años después, esos partidos sufren el desprecio de la inmensa mayoría de la sociedad.

Siendo las cosas como son, ¿qué hacer para volver a recuperar a los ciudadanos para la vida partidista, consecuente y realmente lograr una sociedad humana?

Lo primero que hay que hacer es luchar por acabar con el sistema político, transformarlo en un poder popular. Desplegar una intensa y profunda campaña de concientización para echar abajo lo que ha impuesto como cultura a los ciudadanos.

Querer atraerlos a las filas de un Partido Nuevo sin haber saldado cuentas con la aculturación enajenante, es morir en un seco desierto, dice la visión del gran escritor japonés Haruki Murakami.

Comprendidas estas urgencias, se entiende que hay que librar una enorme batalla para convencer a la gente de que existen otras opciones en las que ella es la principal protagonista. Para que nos crea y se pase de nuestro lado, siempre deben ir de la mano los dichos con los hechos. No se puede decir y hacer campañas a favor de la democracia, de la honestidad y de la toma horizontal de decisiones, y al mismo tiempo promover, por abajo, a los pelafustanes de la política.

DOBLE CARA

Parte de la debacle en la que se encuentran los partidos del sistema está en que se alejaron deliberadamente de sus bases de apoyo. Abandonaron programas, ideales y proyectos políticos para dar paso a una burocracia ignorante y agachona que ya no quiere dejar el poder.

La ganó la corrupción y los apapachos que, en abundancia, reparten los gobernantes del PRIANRD.

Entre más alejados estuvieron de los ciudadanos y de sus electores, reales o supuestos, mayor libertad tuvieron para aliarse con los adversarios políticos de la gente. Esto los llevó a la ampliación de los espacios para pactar acuerdos en contra de los intereses del pueblo.

No tuvieron ningún contrapeso que los mantuviera en el redil, y cayeron de cúbito dorsal en el cunero de Peña Nieto

Si Morena no aprende de estas situaciones, si sus dirigentes siguen empeñados en continuar con sus disimulos, hablando un doble lenguaje para que al final las cosas sigan como están o peor aún, si siguen actuando como avestruces sin ver que mucho de lo que dificulta el trabajo y la organización de Morena es justamente  estos asuntos, entonces, no se culpe a los ciudadanos y a los militantes de la flojedad en el cumplimiento de las tareas, en el desencanto que campea en varios sectores de la militancia y en la cooptación del partido por parte de una buena partida de búfalos.

Ojalá los dirigentes observen el terreno en que se encuentran pisando. Los buscadores de puestos ya hace tiempo que se soltaron y no, por cierto, a favor del proyecto de Morena. Si nadie los controla y los mete en cintura, llegaremos al siete de junio con una situación desbordada y un partido lleno de gandallas y de tribus al mejor estilo del perredismo.

Si los directivos no modifican sus prácticas imposicionistas, respetan a los órganos electos e institucionalizan sus relaciones con las bases y en cambio todo sigue como si nada, entonces, como dice la prole: ¡Ay se los haiga!

 (1)  En el libro de los abrazos, Eduardo Galeano hace mención a la sátira política de A. Rajkin

(2)  Ensayos marxistas sobre historia y política. Adolfo Sánchez Vázquez

(3)  Veredas. Revista del pensamiento Sociológico. Universidad Autónoma Metropolitana

JESUS CASTRO SOSA*Jesús Sosa Castro. Destacado militante de la izquierda mexicana. Articulista de SDP Noticias y colaborador de A los Cuatro Vientos.