Persiste desigual distribución de la riqueza

Andrés Molina Enríquez publicó en 1906, un libro que sería trascedente en la historia nacional titulado: Los grandes problemas nacionales, diagnóstico que se convirtió en la agenda de la Revolución mexicana.

Pablo Cabañas Díaz/ Forumlínea

Molina Enríquez explicaba los principales obstáculos para el desarrollo del país, destacando, entre otros aspectos, los altos niveles de pobreza en la mayor parte de sus habitantes, la concentración de las tierras en muy pocas manos y la exclusión de la población indígena.

Arnaldo Córdova en un artículo publicado en la revista Cuadernos Políticos en 1975 y que fue titulado La filosofía de la Revolución mexicana, sostiene que las ideas de Molina Enríquez “se convirtieron en las ideas directrices de la ideología revolucionaria hasta quedar consagradas en el texto del artículo 27 constitucional”.

De acuerdo con Arnaldo Córdova “el estudio de la sociedad mexicana, llevó a Molina Enríquez a reconocer en el problema de la tierra el problema fundamental de la historia de nuestro país, lo que luego coincidiría con la Revolución como el verdadero motor de las luchas sociales”.

El escritor Pedro Ángel Palou en su libro, Pobre patria mía señala: “Sangre, miseria, corrupción. Esas tres palabras definen al país que abandona Porfirio Díaz el 31 de mayo de 1911”, y que permanecen 104 años después.

Cabe la pregunta: ¿Estamos peor que en el México de entonces?

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) acaba de publicar el Informe Panorama social de América Latina 2014, en el que destaca que mientras la mayoría de los países del área abatieron los índices de pobreza e indigencia en los últimos siete años, México fracasó en su cometido.

Según datos oficiales, en 2006 aproximadamente 31.7% de los mexicanos eran pobres y 8.7% indigentes. Seis años después, en 2012, las cifras repuntaron considerablemente al reportarse 37.1% de pobres y 14.2% de indigentes.

POBREZA EXTREMA CASA

El dato no es menor en virtud de que representa un crecimiento de las tasas de pobreza e indigencia de 6.4 y 7.5%, respectivamente, cuando en promedio las mismas tasas en la región latinoamericana disminuyeron de 2005 a 2012 a 24 y 3%, respectivamente.

La Cepal señala que en ese mismo lapso México sólo ha reducido en 2% la incidencia de la “pobreza multidimensional”, que contempla tanto el nivel de ingresos como del acceso a la vivienda, los servicios básicos, la educación, el empleo o la protección social.

Así, la Cepal estima que México pasó de tener de 43 a 41% de habitantes afectados por la pobreza multidimensional, lo que colocó al país en el sexto lugar de 16 países latinoamericanos, después de Nicaragua, Honduras, Bolivia, El Salvador y Paraguay.

En contraste, el promedio de la incidencia de la pobreza multidimensional en América Latina se redujo de 39 a 28%, Brasil la dividió por dos durante este lapso, del 28 al 14%.

La Cepal estimó que el principal factor que explica la pobreza en México es el bajo ingreso, seguido de la falta de acceso a los servicios básicos y a la educación.

“El salario mínimo no ha aumentado en las últimas décadas”, y “existe una diferencia enorme de concentración (del ingreso), así como disparidades educativas y residenciales”.

En su informe, la Cepal advirtió que, a diferencia de los demás países de la región, en México, Costa Rica y Venezuela disminuyó el ingreso de los hogares pobres entre 2008 y 2013.

POBREZA PISO FIRME

Y sí México formaba parte de los países que menos invertían en gasto social en 2013, el gobierno lo redujo ligeramente el año pasado, a apenas el 11 por ciento de su producto interno bruto (PIB), todavía según el documento.

Lo anterior ubicó a México muy por debajo del promedio regional que alcanzó el año pasado 19.1% del PIB, menos de la mitad de Brasil, que dedicó 26% de su PIB al gasto social el año pasado.

Ante este escenario, el Banco de México por primera vez señala la existencia de un “deterioro social”. Incluso el Banco Central señaló que: «Es indispensable trabajar en la transformación institucional del país, de manera que se alcance un estado de derecho más sólido y se otorgue mayor certidumbre jurídica a toda la sociedad», apuntó.

El promedio de crecimiento en los primeros dos años de gobierno de Enrique Peña Nieto es de 1.8 por ciento, y la actividad económica no creció ni la mitad de la previsión original del Ejecutivo, que era de 3.9 por ciento, tanto para 2013 como para2014.  Además, en el promedio de los países de la OCDE la diferencia entre el ingreso promedio del decil más alto (el 10 por ciento del total de la población que gana más) y el del más bajo es de 10 a uno, en México la diferencia es de casi 27 veces, sostiene un análisis sobre la desigualdad publicado en la edición de enero del Observatorio Macroeconómico de México, de la Universidad Autónoma Metropolitana. Los autores plantean que la principal razón por la que prevalece esta fuerte desigualdad es la falta de compromiso político de los actores relevantes para cambiar la situación.

“Los que están en la cúspide –el uno o 0.1 por ciento o menos– no ven razón alguna en aplicar una política redistributiva que atente contra sus privilegios económicos y sociales”. El análisis de Juan Carlos Moreno Brid, director adjunto de la oficina de Cepal en México y Alice Krozer, estudiante de doctorado de la Universidad de Cambridge, Inglaterra, agrega que la transición política del partido único de régimen autoritario hacia una democracia electoral consolidada tampoco cambió mucho esta situación y aunque se crearon varios programas sociales dirigidos a la población más pobre (la estrella de estos programa ha sido Oportunidades) éstos han tenido una influencia progresiva, aunque pequeña, en la distribución del ingreso.

A 106 años de la publicación de Los grandes problemas nacionales, parecería que la situación del país no ha cambiado de manera importante. Persiste una desigual distribución de la riqueza nacional

pcabanas@unam.mx