Cañón El Gallo: Lugar de ciclistas, cuervos y otras bellezas

Al este de la planta cementera de Ensenada, existe un cañón con un arroyuelo que canta en invierno y en tiempo de secas es sólo un hilito silencioso deslizándose lentamente sobre la tierra.

Olga Aragón (Texto y Fotos) / A los Cuatro Vientos

Por este cañón, bordeando su arroyo y ascendiendo por veredas caprichosas hasta lo más alto de sus cerros aledaños, se encuentra una pista de ciclismo de montaña que hace subir al máximo la adrenalina de los ciclistas debido a sus abruptos descensos.

Con la vista fija en la pista, absortos en la competencia, los ciclistas apenas se percatan de la belleza del paisaje, la variedad de su vegetación y la diversidad de su pequeña y mediana fauna; liebres, zorras, coyotes, libélulas, lagartijas, serpientes de agua y víboras de cascabel, ranas y camaleones, codornices y correcaminos, halcones y gavilanes entre otras muchas aves y destacando sobre todas ellas una gran parvada de cuervos que de tan negros en pleno vuelo refulgen como espejos de plata cuando los rayos del sol arrancan destellos a su plumaje. Cuervos maravillosos que han convertido la pared de uno de los cerros en su propio centro recreativo, al que asisten por docenas y hasta centenares para socializar y conseguir pareja.

Veloces, pedaleando a todo lo que dan, los ciclistas sólo tienen en mente un objetivo: ganar la carrera, abatir sus propios records. Difícilmente se percatan de la extraña escultura vegetal de los árboles, la fragancia y el colorido de las flores, los blanquísimos hongos que adornan los troncos de los encinos, la estética composición de piedras y árboles que –desgraciadamente- no escapan al vandalismo de los grafitteros; tampoco se detienen a observar el árbol muerto que nutre a la tierra o el cielo intensamente azul recortado por el follaje de encinos siempre verdes o por las ramas del esqueleto de un aliso en letargo que espera la inexorable primavera. La hiedra venosa, como mujer rencorosa, dejará en algunos de ellos un recuerdo indeseado de erupciones, hinchazón y rasquera insoportable.

Al final de la competencia.., exhaustos y felices los ciclistas comentarán la carrera. Y más allá de quien gane o pierda, ya por la noche, los más afortunados lograrán recordar, mientras duermen, las imágenes más bellas del Cañón del Gallo reveladas en la forma de un sueño.