Reconocieron el valor de Max Mejía en el Centro Cultural Tijuana

Amigas y amigos de la comunidad LGBTI –local y nacional- y de la comunidad artística de la ciudad, así como familiares, atestaron la Sala Monsiváis, donde se le rindió el último adiós.

Lo reconocieron como un hombre ejemplar y valiente, digno de ser homenajeado permanentemente.

Alma Delia Martínez Cobián / Bitácora Cultural

 TIJUANA, B.C.- Para honrar la memoria de Max Mejía, actor, activista por los derechos humanos de la diversidad sexual, actor y promotor cultural, se llevó a cabo un meritorio homenaje en la Sala Carlos Monsiváis del Centro Cultural Tijuana, la tarde del lunes 23 de febrero.

Mejía dejó en Tijuana una huella en el panorama cultural luego de sus esfuerzos por abrir espacios para el arte, como los pasajes Gómez y Rodríguez, en la emblemática avenida Revolución; una muestra de la importancia de la cultura en la regeneración del tejido social.

Originario del estado de Jalisco, aunque se decía colimense porque ahí fue donde creció y donde viven sus familiares, Max Mejía cumplió tres décadas viviendo entre California y Baja California, donde su lucha por el respeto a la diversidad sexual y los derechos humanos repercute en el aspecto multicultural que hoy ostenta Tijuana.

La revista “El arte de vivir” en que convergieron artistas, poetas, y escritores regionales se convirtió en uno de sus proyectos más fecundos; en ésta los géneros de reportaje, crónica, reseña, columna y relato, alternaron con imágenes y poesía hasta consolidar un estilo singular.

Máximo Mejía Solorio

(San José del Carmen, Jalisco, 5 de junio de 1949 – Tijuana, 15 de febrero de 2015)

MAX MEJIA CALAVERA DISFRAZ

Defensor permanente de los derechos de las personas de la diversidad sexual, incursionó en la política nacional con la visión de asentar los derechos de las minorías, de manera formal, dentro de la estructura de las políticas públicas, fundando para ello diversos grupos y movimientos sociales y políticos.

Actor, ávido lector, editor, dio vida a la revista “Frontera Gay” y fundó al lado de Óscar Soto la revista “Arte de Vivir”, ambas enfocadas al arte y la cultura desde la perspectiva de género a partir de la visión fronteriza.

Incansable promotor de la cultura y el arte, pionero en el tema del rescate de los espacios públicos para la cultura en Tijuana por medio del colectivo “Queremos Tijuana”.

Max se ha ido: Oscar Soto Marbán

Sus amigas y amigos, familiares y la comunidad artística de la localidad le hemos preparado un programa en su honor, lo cual a él le ha de estar dando mucho gusto saberlo.

Su partida ha conmovido también a sus entrañables amigos y amigas de la Ciudad de México, recordándole como un hombre ejemplar y valiente, digno de homenajes, y así será durante este año.

Su legado en Tijuana es basto: Dos revistas que recogen los más importantes sucesos de cerca de 15 años de la vida cotidiana de la comunidad gay de la región, así como los quehaceres de la vida cultural y artística en esta frontera.

Son memorables los primeros festivales de la diversidad sexual en los 90s que organizó, así como los festivales de Queremos Tijuana en años recientes.

Max fue un hombre que entregó su alma a todo lo que hacía, sus escritos y opiniones sobre la ciudad, sobre la vida gay, sobre el VIH/sida, sobre los Derechos Humanos, nunca se desligaron de la inclusión y la pluralidad.

Max Mejía, con playera roja, en un acto de promoción del Quinto Festival Multi Arte de Tijuana 8Foto: internet).
Max Mejía, con playera roja, en un acto de promoción al Quinto Festival Multi Arte de Tijuana 8Foto: internet).

Paradójicamente, aun con todo el generoso y valiente trabajo a favor del respeto y la inclusión de gays y lesbianas en la vida social, Max fue víctima de un sistema discriminatorio hasta en el día de su muerte…

El Servicio Médico Forense no quería entregar el cuerpo, bajo el argumento de que solamente podían entregarlo a su esposa o sus hijos, lo cual, en su condición de activista gay, resultaba no solamente ridículo sino ofensivo.

Finalmente, ante la amenaza de colegas activistas como Pilar Santamaría –quien estuvo a punto de armar una huelga de hambre–, el Semefo entregó el cuerpo, y pudo cumplirse la última voluntad de Max: ser cremado para que sus cenizas se esparzan en el mar de Colima

… y que quienes nos quedemos, nos quedemos con el compromiso de continuar afanándonos hasta lograr la meta que él anhelaba:

No a la tolerancia, sí a la inclusión y al respeto.

Así sea.