Desconoce México su riqueza en árboles leñosos

Es necesario entender la relación ambiente-crecimiento de las diferentes especies para sugerir los ciclos en los que se deben cortar los árboles y conocer el tiempo que tardan en recuperarse los bosques, establece la especialista Teresa Terrazas

En países megadiversos como México los trabajos anatómicos parecen  tradicionales, pero son necesarios. De las más de cuatro mil especies de plantas leñosas que hay en México, se conoce la anatomía de no más de 400 especies, asegura la experta en botánica agronómica

Academia Mexicana de Ciencias

Los estudios para describir el crecimiento secundario –factor que hace referencia al incremento en el diámetro o grosor del tallo, ramas y raíces-, de las plantas leñosas, se pueden realizar a diferentes niveles, entre ellos el estudio de sus tejidos, en específico del cámbium vascular y de uno de sus derivados: la madera.

Si bien los estudios del cámbium vascular permiten entender cuánto y cómo crecen las plantas leñosas, estimar la edad de la planta y relacionar sus ciclos con los factores climáticos, quizá lo más relevante, en palabras de la doctora Teresa Terrazas Salgado, del Instituto de Biología de la UNAM, es que “dichos estudios nos dan una idea de cómo mantener la biodiversidad de los bosques”.

En nuestro país este tipo de estudios son pocos y se han enfocado en especies de importancia comercial como son algunas coníferas, principalmente del género pino y de árboles de las zonas tropicales como Aphananthe monoica (conocido con el nombre de chilesmin, cuachichile, cuerillo, pipín, tomatillo o varilla) y Pleuranthodendron lindenii (también llamado golondrina, pochitaquillo, polocastle, palo de maíz, maicillo, cachóngara y catarrita).

En todas las plantas el tallo presenta un crecimiento primario que consiste en el aumento de altura o longitud, y sólo en algunas plantas, como es el caso de las especies leñosas, se da un crecimiento secundario o en grosor. Las plantas leñosas, que son las que tienen madera en el tallo, experimentan procesos de crecimiento periódicos, los cuales se producen en los meristemos laterales, regiones en donde se generan nuevas células durante toda la vida de la planta; una de estas regiones es el cámbium vascular.

El crecimiento secundario -crecimiento diametral o en grosor- comienza con la diferenciación del cámbium vascular; las células del cámbium reciben el nombre de células iniciales, ya que a partir de ellas se forman células diferenciadas y especializadas que darán lugar al tejido responsable del transporte de agua (xilema secundario o madera) y al tejido responsable de la movilización de azúcares, y otros productos, de las hojas a las raíces (floema secundario).

 

Para determinar el crecimiento de una planta o de un árbol, los investigadores acuden a una comunidad vegetal y seleccionan árboles de diferentes tamaños con el fin de marcar con un bisturí el cámbium vascular. Después asisten periódicamente a remuestrear y cuando no se tiene ninguna información acerca del crecimiento de una especie, la investigadora Terrazas va al campo a tomar muestras del tejido de la planta una o más veces al mes durante un año, esto con el fin de entender cuándo se activa el cámbium vascular y cuándo entra en reposo; cuáles fueron sus derivados a lo largo de un ciclo y cómo se relacionan éstos con las condiciones ambientales (temperatura, precipitación y la humedad de la superficie en la que vive la planta) y la fenología de la especie (crecimiento vegetativo, floración y fructificación).

Variación de la porosidad anular -poros de distinto diámetro- de la madera de Buddleja cordata, en diferentes estados del país: a) Chihuahua, b) Durango, c) Zacatecas, d) Oaxaca, e) Querétaro, f) Estado de México, g) Chiapas y h) Tlaxcala (Foto: Cortesía de la investigadora Teresa Terrazas).
Variación de la porosidad anular -poros de distinto diámetro- de la madera de Buddleja cordata, en diferentes estados del país: a) Chihuahua, b) Durango, c) Zacatecas, d) Oaxaca, e) Querétaro, f) Estado de México, g) Chiapas y h) Tlaxcala (Foto: Cortesía de la investigadora Teresa Terrazas).

Algunas de estas marcas se dejan durante dos años y posteriormente se toman más muestras, las cuales son analizadas en el microscopio de luz, lo que permite ver cuánto tejido se formó y de qué tipo de células se trata. Lo que los investigadores buscan son las marcas de crecimiento conocidas como anillos de crecimiento, que pueden o no corresponder a una marca por año. Esto es necesario para entender la relación ambiente-crecimiento de las diferentes especies, y que ésta sea una de las variables para sugerir los ciclos en los que se deben cortar los árboles, y conocer el tiempo que tardan en recuperarse los bosques.

La anatomía de la madera

Los estudios anatómicos de la madera se realizan a través de la microscopia de luz. En el paso inicial se toman muestras de las especies que ya han sido determinadas por los taxónomos, y el trabajo en el laboratorio, de Terrazas Salgado, consiste en hacer cortes de las muestras, describirlas y compararlas, esto con el fin de encontrar los atributos, desde el punto de vista anatómico, que le permitan a alguien no especializado identificarlas.

Los trabajos anatómicos parecen  tradicionales, pero en países megadiversos como México son necesarios, ya que los especialistas carecen de información básica. “De las más de 4 mil especies de plantas leñosas que hay en México, se conoce la anatomía de no más de 400 especies”, dijo la también integrante de la Academia Mexicana de Ciencias (AMC).

En este sentido, los estudios de la anatomía de la madera se han centrado en especies de importancia comercial; es decir árboles, sin embargo los arbustos o árboles pequeños del sotobosque –área de un bosque que crece más cerca del suelo– o de los matorrales han sido poco estudiados, por lo tanto no se puede prever el impacto en el crecimiento de estas especies leñosas si hay un cambio, por ejemplo, en sus zonas de distribución.

Los estudios de variación de la madera entre individuos de diferentes especies son importantes para entender cómo se modifica ésta a lo largo de gradientes -variables ambientales relacionadas con la latitud o la altitud- o en ambientes contrastantes o muy homogéneos. Por ejemplo, la madera de Buddleja cordata o tepozán, cambia de tamaño y porosidad a lo largo del gradiente latitudinal que va de Chihuahua a Chiapas, y por ello si se propone a esta especie para reforestación debe ser con material propio de cada región.

En el artículo “Variación anatómica en la madera de Quercus obtusata (Fagaceae)”, en el que Teresa Terrazas participó, se concluye que ya sea para hacer recomendaciones del uso de la madera de Q. obtusata –una de las especies de encino con mayor distribución en nuestro país– o para establecer estrategias de reforestación, se debe tomar en cuenta la procedencia microclimática de las poblaciones de cada especie.

Lo anterior, de acuerdo con diversos artículos incluido el ya mencionado, indica que los estudios de variación anatómica de la madera en especies de importancia económica, proveen información que puede ser utilizada como un registro de las condiciones ambientales de las plantas leñosas, y al mismo tiempo, son la base para el manejo adecuado y a nivel regional de los recursos forestales.