Cuentos e historias para la ternura: La pantera

Hoy por la mañana escuche la mala noticia de que Sergio Pitol está delicado de salud. Ojalá y que pronto se recupere este gran mexicano y escritor. Leerlo en este día se hace necesario. Les envío este cuento de su autoría. Debo anotarles que en internet encontré dos versiones ligeramente diferentes y me decidí por publicar esta (la otra versión la pueden consultar en este link http://orbitaliteratia.blogspot.mx/2010/08/la-pantera-sergio-pitol.html).

Cuauhtémoc Rivera Godínez* / A los Cuatro Vientos

La Pantera es un cuento que data de 1960, aparece por primera vez en el número 15 de la revista La Palabra y el hombre y, más tarde, se insertaría en No hay lugar, en 1967, con una serie de pequeñas modificaciones que tienen una gran importancia en cuanto que hacen su significado aún más opaco. Espero que les guste este cuento.

Para El Gasolina, en este triste día.

LA PANTERA

Sergio Pitol

PANTERA

Ninguna de las magias que atravesaron mi niñez puede equipararse con su aparición. Nada de lo hasta entonces concebido logró confundir tan soberbiamente refinamiento y bestialidad. En las noches siguientes imploré, divertido, al final impaciente, casi con lágrimas, su presencia.

Mi madre repetía que de tanto jugar a los bandidos acabaría por soñarlos. En efecto, al término de unas vacaciones la persecución y la infamia, el coraje y la sangre frecuentaron mis noches. En esa época ir al cine se reducía a disfrutar una sola película con ligeras variantes de función en función: el tema invariable lo proporcionaba la ofensiva aliada contra las huestes del Eje.

Una tarde de programa triple (en que con indecible deleite vimos llover obuses sobre un fantasmagórico Berlín donde edificios, vehículos, templos, rostros y palacios se diluían en una inmensa vertiente de fuego; épicos juramentos de amor, penumbra de refugios antiaéreos en un Londres de obeliscos rotos y grandes inmuebles sin fachada, y el mechón de Verónica Lake resistiendo impasible la metralla nipona mientras un grupo de soldados heridos iba siendo evacuado de un rocoso islote del Pacífico) consiguió que por la noche el fragor de las balas se internara en mi cuarto y que una multitud de cuerpos despedazados y cráneos de enfermeras, me lanzaran sobresaltado a buscar amparo en la habitación de mis hermanos mayores.

Con plena conciencia de sus riesgos inventé juegos artificiosos que a nadie divertían. Remplacé el consuetudinario antagonismo entre policías y ladrones o el nuevo, y consagrado por el uso y la moda, entre aliados y alemanes por el de otros fieros y extravagantes protagonistas. Juegos donde las panteras sorpresivamente atacaban una aldea, cacerías frenéticas donde las panteras aullaban de dolor y furia al ser atrapadas por cazadores implacables, combates encarniza dos entre panteras y caníbales. Pero ni ellos, ni la frecuencia con que leía libros de aventuras en la selva hicieron posible que la visión se repitiera.

Su imagen persistió durante una temporada que no debió ser muy larga. Con indiferencia fui comprobando que la figura se volvía cada vez más endeble, que mansamente se difuminaban sus rasgos. El flujo atropellado de olvidos y recuerdos que es el tiempo, anula la voluntad de fijar para siempre una sensación en la memoria. A veces me apremiaba la urgencia de escuchar el mensaje que mi torpeza le había impedido transmitir la noche de su aparición.

Aquel bello, enorme animal cuya negrura brillante desafiaba la noche trazó un elegante rodeo en torno a la alcoba, caminó hacia mí, abrió las fauces, y, al observar el terror que tal movimiento me inspiraba, las volvió a cerrar agraviado. Salió de la misma nebulosa manera en que había aparecido.

Durante días no cesé de echarme en cara mi falta de valor. Me reprochaba el haber podido imaginar que aquella hermosa bestia tuviese intenciones de devorarme. Su mirada era amable, suplicante, su hocico parecía dispuesto más que para el regusto de la sangre para la caricia y el juego.

Nuevas horas se ocuparon de sustituir a aquellas. Otros sueños eliminaron al que por tantos días había sido mi constante pasión. No sólo llegaron a parecerme tontos los juegos de panteras, sino también incomprensibles al no recordar con precisión la causa que los originaba. Pude volver a preparar mis lecciones, a esmerarme en el cultivo de la letra y en el apasionante manejo de colores y líneas.

Triviales, alegres, soeces, intensos, difusos, torpemente esperanzados, quebrados, engañosos y sombríos tuvieron que transcurrir veinte años para alcanzar la noche de ayer, en que sorpresivamente, como en medio de aquel bárbaro sueño infantil, volví a escuchar el jadeo de un animal que penetraba en la habitación contigua.

PITOL

Lo irracional que cabalga en nuestro interior adopta en determinados momentos un galope tan enloquecido que cobardemente tratamos de cobijarnos en ese mohoso conjunto de normas con que pretendemos reglamentar la existencia, en esos vacuos cánones con que intentamos detener el vuelo de nuestras intuiciones más profundas. Así, aun dentro del sueño, traté de apelar a una explicación racional: argüí que el ruido lo producía la entrada del gato que a menudo llegaba a la cocina a dar cuenta de los desperdicios.

Soñé que reconfortado por esa aclaración volvía a caer dormido para despertar poco después, al percibir con toda claridad, cerca de mí, su presencia. Frente al lecho, contemplándome con expresión de gozo, estaba ella. Pude recordar dentro del sueño la visión anterior. Los años transcurridos sólo habían logrado modificar el marco. Ya no existían los muebles pesados de madera oscura, ni el candil que pendía sobre mi cama; los muros eran otros, sólo mi expectación y la pantera se mantenían iguales: como si entre ambas noches hubiesen transcurrido apenas unos breves segundos.

La alegría, confundida con un leve temor, me penetró. Recordé minuciosamente los incidentes de la primera visita, y atento y azorado permanecí en espera de su mensaje.

Ninguna prisa atenazaba al animal. Se paseó frente a mí con paso lánguido, describiendo pequeños círculos; luego, con un breve salto alcanzó la chimenea, removió las cenizas con las garras delanteras y volvió al centro de la habitación; Me observó fijamente, abrió las fauces y al fin se decidió a hablar.

Todo lo que pudiera decir sobre la felicidad conocida en ese momento no haría sino empobrecerla. Mi destino se develaba de manera clarísima en las palabras de esa oscura divinidad. El sentimiento de júbilo alcanzó un grado de perfección intolerable. Imposible encontrarle parangón. Nada, ni siquiera uno de esos contados, efímeros instantes en que al conocer la dicha presentimos la eternidad, me produjo el efecto logrado por el mensaje.

La emoción me hizo despertar, la visión desapareció; no obstante permanecían vivas, como grabadas en hierro, aquellas proféticas palabras que inmediatamente escribí en una página hallada sobre el escritorio. Al volver a la cama, entre sueños, no podía dejar de saber que un enigma quedaba descifrado, el verdadero enigma, y que los obstáculos que habían hecho de mis días un tiempo sin horizontes se derrumbaban vencidos.

Sonó el despertador. Contemplé con regocijo la página en que estaban inscritas aquellas doce palabras esclarecedoras. Dar un salto y leerlas hubiera sido el recurso más fácil. Tal inmediatez me parecía poco acorde con la solemnidad de la ocasión. En vez de ceder al deseo me dirigí al baño; me vestí lenta y cuidadosamente con forzada parsimonia; tomé una taza de café, después de lo cual, estremecido por un leve temblor, corrí a leer el mensaje.

Veinte años tardó en reaparecer la pantera. El asombro que en ambas ocasiones me produjo no puede ser gratuito. La parafernalia de que se revistió ese sueño no puede atribuirse a meras coincidencias. No; algo en su mirada, sobre todo en la voz, hacía suponer que no era la escueta imagen de un animal, sino la posibilidad de enlace con una fuerza y una inteligencia instaladas más allá de lo humano. Y, sin embargo, debo confesar que las palabras anotadas eran sólo una enumeración de sustantivos triviales y anodinos que no tenían ningún sentido.

Por un momento dudé de mi cordura. Volví a leer cuidadosamente, a cambiar de sitio los vocablos como si se tratara de armar un rompecabezas. Uní todas las palabras en una sola, larguísima; estudié cada una de las sílabas. Invertí días y noches en minuciosas y estériles combinaciones filológicas. Nada logré poner en claro. Apenas la certeza de que los signos ocultos están corroídos por la misma estulticia, el mismo caos, la misma incoherencia que padecen los hechos cotidianos.

Confío, sin embargo, en que algún día volverá la pantera.

[México, mayo de 1960]

 Arrecian los desencuentros entre la familia y los amigos de Pitol

Refutan intelectuales las declaraciones de Luis Demeneghi a La Jornada

‘‘Siniestros y canallas” los que afirman que carece de lucidez mental

Urge esclarecer su situación, considera Hugo Gutiérrez Vega

Eirinet Gómez y Mónica Mateos-Vega/ La Jornada

PITOL LIBRO PORTADA

A raíz de la hospitalización en Xalapa, Veracruz, el pasado lunes 2 de febrero del escritor Sergio Pitol (Puebla, 1933), debido a estallamiento de una úlcera gástrica, posiciones encontradas entre su familia, las personas que lo cuidan y funcionarios estatales han revelado a la opinión pública una polémica y delicada situación en el entorno del premio Cervantes 2005.

Por un lado, la familia decidió hacer pública su versión acerca del estado de vunerabilidad física, económica y jurídica en que se encuentra Pitol, así como las dificultades legales que enfrentan. Por el otro, los amigos escritores del autor de El mago de Viena llaman siniestros y canallas a los primos de Pitol por afirmar que padece de sus facultades mentales.

Sergio ha perdido la lucidez, afirma su familia. En 2006 se le detectó una afasia primaria progresiva que le ha causado un deterioro múltiple en las funciones cognitivas y conductuales, aseguró en Xalapa, en entrevista con La Jornada, su primo Luis Demeneghi Colina.

Juicio de interdicción

Los Pitol Rodríguez y los Demeneghi Colina iniciaron en octubre de 2014 un juicio de interdicción para obtener la tutela del autor, pero la juez de primera instancia de lo familiar, María Concepción Andrade López, rechazó la petición y, en su lugar, nombró tutora provisional a la procuradora de la Defensa del Menor, del DIF estatal, Adelina Trujillo Landa.

Inconformes, los familiares presentaron una demanda de amparo ante una instancia federal. Acusan a la juez de un tendencioso actuar en beneficio del DIF estatal. Cuestionan que a pesar de que la ley privilegia a la familia de primero y hasta cuarto grados, les hayan negado el resguardo de Pitol.

Además, señalan al chofer del escritor; Guillermo Perdomo Mendoza, a Elizabeth Corral Peña, catedrática de la Universidad Veracruzana (UV), y a Rodolfo Mendoza, titular del Instituo Veracruzano de Cultura (Ivec), de integrar una camarilla en perjuicio de Pitol.

Ayer, al darse a conocer la versión de Demeneghi Colina, amigos de Pitol, entre ellos Luz del Amo, Margo Glantz y Phillipe Ollé-Laprune calificaron de siniestras y canallas las declaraciones que dio a La Jornada el primo del autor, a quien desmintieron.

La diplomática Luz del Amo, amiga desde hace seis décadas de Pitol y con quien estuvo en diciembre, aseguró que pudo hablar con él “con las pocas palabras que puede articular, por gestos, por ojos, porque me lleva de la mano a donde quiere decirme algo. Está perfectamente bien de sus facultades mentales. Lo conozco desde hace 60 años, no me puedo engañar.

“De la familia de Sergio, salvo a la abuela, no conocí a nadie y ella hace mucho que está muerta. Él tenía una relación muy cercana con el tío, el padre de todos estos canallas. Su tío tenía una predilección especial por Sergio, a quien él iba exclusivamente a ver cuando visitaba Córdoba. Al morir éste, Sergio se alejó. No sé si eso motivó el desquicie de esta familia, porque eso no me consta, pero algo cambió a partir de la muerte del tío. Nunca hubo un pleito. (La situación actual) se debe a lo que todo el mundo sabemos y que parece de telenovela: quieren apropiarse de todo lo que tiene Sergio.

Pero mientras Sergio tenga todas sus facultades nadie tiene que meterse en sus cosas, tan simple como eso. Sergio no puede hablar y no es de ahora, ya lleva 15 años con este problema que con la edad se ha ido agudizando, pero de sus facultades mentales, de su cabeza, de sus recuerdos, de su sentido del humor, de la memoria infinita que tiene, que ninguno de nosotros tenemos tanta, todo le funciona de maravilla. Sigue siendo el Sergio de siempre. Hay que apoyarlo, es una persona querida, entrañable, admirable, aparte del gran escritor que es, universal, no mexicano.

La escritora Margo Glantz también aseguró que hace muy poco había conversado con Pitol: “Se dejó entender perfectamente. Si bien no habla como yo ahorita –que por cierto estoy muy enojada–, se le entiende perfectamente y tiene una memoria impresionante. Sus amigos de toda la vida sabemos, porque él nos lo ha dicho, que todo su legado se quedará en la Universidad Veracruzana. Lo que dice el primo es una mentira, se aprovecha de que Sergio está muy enfermo y de que en estos momentos se encuentra sedado. Es muy siniestro que en estás circunstancias declare lo que ha dicho a La Jornada.

Los amigos de Sergio sabemos perfectamente cómo es la situación y conocemos de más de 30 años a sus amigos en Veracruz, a quienes han estado cerca de él, lo han ayudado siempre y que tienen toda mi confianza.

Tras la herencia

PITOL POSANDO

Philippe Ollé-Laprune, promotor cultural, editor y fundador y director general de la Casa Refugio Citlaltépetl, dijo conocer al escritor desde hace 22 años: “Es miembro del consejo de Casa Refugio, tenemos una relación muy cercana. El chofer Guillermo es el más cercano a Pitol, un hombre que desde hace 20 años veo con Sergio, y es impecable. A Elizabeth Corral Peña (catedrática de la UV) la conozco también. Es intocable. Y de Rodolfo Mendoza (titular del Ivec) ni hablar, son personas que han querido a Sergio muchísimo.

“Sergio tiene un problema desde hace años oral, de lenguaje, no habla en público, pero no tiene problemas de cabeza. Eso lo aseguro: intercambiamos correos y las pocas veces que lo he visto, el último año, es un hombre siempre lúcido que sufre por su incapacidad. La juez se dio cuenta que Sergio es un hombre que tiene toda su cabeza.

Lo que yo sé es que desde hace tiempo la familia está encima de la herencia. Que diga que es una camarilla que tiene secuestrado a Sergio es una mentira, no puedo aceptar eso. Sergio no está secuestrado por nadie, está con la gente que siempre lo ha apoyado, personas que lo quieren y lo cuidan. Me parece un poco siniestro que pasen cosas así. Todos sabemos que Sergio ya tiene muchos años, 81, que vengan esas personas a querer entrar me parece muy desagradable.

Por su parte, el poeta Hugo Gutiérrez Vega consideró urgente aclarar la situación de Sergio Pitol, “hablar con la familia cercana, especialmente con su sobrino Luis y su sobrina Mari Carmen, para que nos digan, ¿por qué no han podido verlo?, ¿quién les impide acercarse a Sergio? y ¿cuál es la situación real de su enfermedad?

Hablé por teléfono con Sergio hace aproximadamente un mes, pero no puede hablar debido a la afasia que padece, así que sólo le pregunto ¿cómo está?, y contesta con monosílabos. La última vez dijo: mal. Al preguntar la situación, ya no pudo decirme. Su chofer, Guillermo, me dijo: ya no puede hablar y colgamos el teléfono. Es muy difícil comunicarse con Sergio. Me dicen que está a cargo de la situación un señor Rodolfo Mendoza, director del Instituto de Cultura, pero yo me pregunto por qué no permiten que la familia lo vea.

(Con información de Alondra Flores y Reyes Martínez)

Asistencia y cuidado personal, recomienda neurólogo

Sergio Pitol Demeneghi tuvo una salud física quebradiza desde la infancia. Muy pequeño contrajo un paludismo al que le llamaban malaria consultiva, que por mucho tiempo lo incapacitó para ir a la escuela primaria, y mermó su salud para siempre.

Eirinet Gómez/ La Jornada

Sergio Pitol y Juan Manuel Torres, imagen tomada del archivo de Sergio Pitol, Almacén del quincenario cultural Performance, dirigido por José Homero.
Sergio Pitol y Juan Manuel Torres, imagen tomada del archivo de Sergio Pitol, Almacén del quincenario cultural Performance, dirigido por José Homero.

En 2006, después de varias estancias fuera del país, de la consolidación de su carrera como escritor y traductor y de tener una vida adulta con una salud estable, Pitol comenzó a presentar fallas en la expresión verbal. El diagnóstico fue afasia primaria progresiva no fluente y lo emitió Mario López Gómez, neurólogo con una especialidad en neurosiquiatría (cédulas profesional 2555862 y de especialidad 4255532).

El parte médico, elaborado el primero de septiembre de 2014, al que tuvo acceso La Jornada y que hace un recuento de la detección, síntomas y avance de la enfermedad, describe un padecimiento implacable con el escritor y traductor.

Sergio Pitol perdió, en 2009, la capacidad de enunciar frases de más de cinco palabras conexas y la mayor parte del tiempo ni siquiera puede pronunciar una palabra adecuadamente.

En aquellos días, el premio Cervantes también presentaba palilalia, un trastorno del lenguaje que consiste en la repetición acelerada y cada vez más rápida de una palabra. Pitol solía repetir constantemente una misma palabra dicha por su interlocutor, unos minutos antes.

Para 2010, el autor de El viaje experimentó problemas de comprensión del lenguaje. Y en 2011 fallas graves de memoria y de reconocimiento de objetos. Los primeros meses de 2014 tuvo episodios confusionales (delirium): Se quiere salir de su casa, piensa que está en otro lugar y se angustia.

Sergio Pitol, el 18 de julio de 2002, durante la conferencia Ser escritor y fabulador que dictó en la Casa Refugio Citlaltépetl, en la ciudad de México. El también traductor y diplomático permanece internado en un hospital en la capital veracruzanaFoto José Carlo González

Además, presentó ideas delirantes relacionadas con la necesidad de traer mucho dinero para pagar deudas e ideas de pobreza delirantes.

López Gómez, el médico neurólogo, habló de un deterioro múltiple en las funciones cognitivas y conductuales, y advirtió de los riesgos que éstos significaban para el escritor en su integridad física, jurídica y económica.

Recomiendo manejo con asistencia y cuidado personal constante (cuidador con conocimiento de enfermería). Considero necesario que se tomen medidas legales para contrarrestar la vulnerabilidad jurídica que pueda tener en este estado actual, y considero pertinente que se hagan los procedimientos necesarios para determinar un custodio legal de bienes y dictaminar jurídicamente su estatus de discapacitado, planteó el doctor.

Huérfano de padre y madre antes de cumplir cinco años, Sergio se preocupó por conservar sus lazos afectivos con su tío materno Agustín Demeneghi Buganza, su tutor en la infancia, y con los hijos de éste, a quienes consideró hermanos.

Sergio viajó mucho, pero nunca se distanció de nosotros, narró Demeneghi Colina, y muestra a La Jornada una carpeta color negra con 250 cartas que Sergio Pitol escribió a su familia durante sus viajes por el mundo.

Las misivas familiares datan de 1962 y están fechadas en diferentes ciudades, como Belgrado y Pekín. La mayoría escritas a mano, en letra cursiva, con lápiz o en lapicero azul. También, hay algunas a máquina. En ellas, Pitol deja constancia del cariño hacia la familia. Por ejemplo, a su tío Arturo Demeneghi, dice considerarlo como un padre. Y de su primo Luis Demeneghi, se dice su hermano mayor.

Dolor por la muerte de su abuela

PITOL MEDALLA

De la correspondencia entre Pitol y su familia destaca un texto fechado en Pekín, en 1962, dirigido a Luis Demeneghi, quien estudiaba economía en la Universidad Nacional Autónoma de México. Pitol dice hablar en calidad de hermano mayor tuyo que me siento y le aconseja a su primo estudiar y mantener tu libertad de criterio sobre todas las cosas.

En otra carta fechada en 1971, ante la noticia de la muerte de su abuela materna, Catalina Buganza, Pitol se dirige a ella cariñosamente como la nonita y expresa sus condolencias a su tío Agustín Demeneghi.

“Muy querido tío, hay momentos como este en que uno se da cuenta de que las palabras no sirven para nada, que no logran expresar la auténtica intensidad de los sentimientos. Desde hace un rato, estoy tratando de ponerte unas líneas para comunicarte el profundo dolor que he experimen-tado ante la comunicación de la muerte de la nonita, pero me siento aun tan amputado emocionalmente por la noticia, que apenas puedo reunir unas líneas”.

Antes de las cartas, Luis Demeneghi mostró tres libros de Pitol: El arte de la fuga, El mago de Viena y Los mejores cuentos. En ellos se observan dedicatorias de puño y letra de Pitol, donde refrenda su cariño.

En el expediente médico del escritor y traductor, destaca una consulta médica efectuada el 21 de octubre de 2009. Ese día, el neurólogo López Gómez dibujó en una hoja una línea del tiempo sobre la enfermedad que padece el escritor.

Por un lado se puede ver estimaciones de años y posibles síntomas. Por otro, los cuidados médicos y jurídicos que tiene que realizar la familia, para garantizar condiciones óptimas de calidad de vida. En una parte de la hoja destaca la palabra juicio de interdicción, subrayada.

Luis Demeneghi relata que en esa consulta, el médico planteó un proceso degenerativo que tarde o temprano derivaría en la necesidad de que un integrante de su familia asumiera la tutela de Pitol.

En octubre de 2014, después de una consulta con médicos cubanos, que confirmaron que el marcado deterioro en la salud del escritor, las familias Pitol Rodríguez y Demeneghi Colina acordaron iniciar el juicio de interdicción.

El primo del escritor jamás imaginó que la juez de primera instancia de lo familiar, María Concepción Andrade López, le negaría la tutela. Y mucho menos que la favorecida sería Adelina Trujillo Landa, procuradora de la Defensa del Menor, del DIF estatal.

Para Luis Demeneghi es inconcebible que cuando hizo ver a la juez que Pitol necesitaría los cuidados de parte de enfermeros, haya nombrado a Nidia Vicent Ortega y Elizabeth Corral Peña, profesoras de literatura de la Universidad Veracruzana, como sus cuidadoras.

“La juez argumentó que Pitol me había rechazado como su tutor –claro, porque lo han envenenado en mi contra, le han dicho que me quiero quedar con su dinero–, y como no había ningún familiar más, cuando se desarrollaron las diligencias del juicio ni al momento de emitir el dictamen –versión que es falsa porque estaban ahí otros familiares de Sergio–, dejó a mi primo en manos de una camarilla.

Desde entonces no tenemos contacto con él. No se nos permite verlo, y cuando alguno de mis sobrinos habla a su casa para saber de Sergio, se les niega la información, se queja Demeneghi.

Decisión con dolo

PITOL ARTE FUGALos familiares aseguran que hubo dolo en la decisión de la juez Andrade López: Creemos que hay intereses muy poderosos para alejar a Sergio de su familia y quedarse con su nombre, sus bienes, su patrimonio y sus derechos de autor.

Con el premio Cervantes internado en el área de terapia intensiva, en el hospital Los Ángeles, debido al estallamiento de una úlcera gástrica, la familia se cuestiona: ¿Qué sigue para Sergio? Que se recupere, pasen 15 días y vuelva al hospital por descuido médico? Sergio está en el hospital porque no lo cuidan bien.

En estos momento, la familia gestiona un amparo con la finalidad de revocar la tutela otorgada en favor de Adelina Trujillo. Se reconocen con derechos familiares para cuidarlo en este momento de su enfermedad, como herederos de sus derechos de autor. Y defienden la voluntad de Pitol, por entregar su biblioteca personal a la UV.

La evidencia fotográfica de la convivencia familiar entre Sergio Pitol y los Pitol Rodríguez y Demeneghi Colina está resguardada en la computadora de Laura Demeneghi, su sobrina. En una carpeta, decenas de fotografías muestran cómo departe el escritor con sus primos y sobrinos.

Destaca una imagen: Pitol abraza a su sobrina, a la altura de los hombros y reposa su cabeza sobre la de ella. Están sonrientes. Hay otra foto en la que Pitol y Laura están juntos, y atrás de ellos, sobresale una pintura que su sobrina le regaló en su cumpleaños 81.

La que más me gusta es ésta, dice Laura y muestra la imagen de un Sergio Pitol que aplaude, mientras uno de los más pequeños de su familia rompe una piñata en Cholula, Puebla.

Significa todo. El que él se haya desplazado hasta Cholula, Puebla, para estar aquí. Tener la disposición de ir a una fiesta infantil y aplaudir mientras los niños rompen la piñata. Es un Pitol como pocos lo hemos visto, dice Laura Demeneghi.

Era la niña de sus ojos

Respecto de su relación con el escritor, Laura Demeneghi recuerda: No pasaba una semana sin que yo lo viera ¿Qué era yo para mi tío? Era la niña de sus ojos. Él y yo tenemos cosas en común, y ahora no puedo verlo.

Para la familia Demeneghi Colina, el premio Cervantes está a merced de una camarilla que tiene interés en apoderarse del nombre del escritor y sus bienes. Identifican, inicialmente a su chofer Guillermo Perdomo Mendoza y a Elizabeth Corral Peña, como los principales interesados en aislarlo de su familia.

Pero advierten que hasta el titular del Ivec, Rodolfo Mendoza, tiene interés personal sobre el patrimonio de Pitol. Aseguran que se toma atribuciones que no le corresponden sobre la vida y obras del escritor.

¿Por qué sale ante la prensa y habla de la enfermedad de mi tío cuando su familia ha guardado discreción? ¿Quién se cree él, que gestiona quién puede entrevistarse con mi tío?, se cuestiona la sobrina de Pitol, una joven pintora.

Junto a su hija Laura, Luis Demeneghi asegura que emprenderán una férrea defensa jurídica por tener la tutela del escritor y prestarle los cuidados médicos que requiere.

Han dicho que la familia se quiere quedar con el dinero de Sergio, que nos queremos aprovechar de él, que la familia lo quiere dañar, etcétera. De saliva es muy fácil difamar a la gente. Yo quisiera una sola prueba de que me he querido quedar con el dinero de Sergio. Si estamos interesados en éste es porque es parte de nuestra familia, reitera Luis Demeneghi.