Sobre los fundamentalistas de los perritos y la berenjena

Antes de iniciar, quiero decir que tengo amigos muy queridos que son veganos o activistas contra el maltrato animal. Y es que uno tiene que ser así de precavido porque nunca falta el que se pone la camiseta que no es para él, ya que los temas aquí tratados despiertan pasiones «fobaleras» muy peligrosas. O no, simplemente enfadosas para el autor y para todos.

Por Néstor Cruz Tijerina* / 4vientos

Empezaré por lo obvio, por lo civilizado, por lo que dicta el progresismo y el sentido común: cada quien tiene derecho a comer lo que sea y defender las causas que quiera. ¿Pero qué sucede cuando el activista de los perritos es indiferente a las causas sociales que afectan a nuestra especie y el vegano adopta el papel de Testigo de Jehová y juzga y chantajea al que come carne?

Se convierte en una patología y una guerra, respectivamente. Patología, porque encuentras en el fundamentalista de los animalitos, regularmente, no siempre -carajo, qué molesto ser reiterativo para no herir susceptibilidades-, que esta persona tiene problemas muy tristes de soledad y misantropía.

Por más que nos empeñemos en ser «nosotros mismos», únicos y originales, repetimos patrones porque compartimos miedos y ansiedades: cuando una persona presenta un trastorno psicosomático, es muy probable que muchos más lo tengan, así que por eso hablaré de esto como un problema social:

¿Quién en estos tiempos tan tristes no conoce a alguien incapaz de relacionarse, no sólo con parejas, sino con compañeros laborales, amigos, calle, tránsito o redes sociales? ¿Quién no conoce a alguien que, ante la falta de todo esto, y más aún, de hijos, «adopta» a un animalito y lo defiende y pone todo su empeño en él?

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Perrito callejero. Foto: Néstor Cruz.

Carajo y más carajo, ya tengo miedo de que se me echen encima: claro que es súper noble amar a los bichitos… yo amo a los perros, de hecho: quién hijo de #$%&» no, hasta Hitler… a los gatos no tanto, me caen gordos por chantajistas… pero bueno, el caso es que definitivamente, y ahí sí todos podemos estar de acuerdo, no está nada bien odiar a la raza humana, estar deprimido y ponerte como changa si alguien sugiere, incluso, que las mascotas están feas.

Ilustraré mi idea con lo siguiente: conozco desde hace muchos años a una persona a la cual consideraba amiga hasta que cometí un pecado en mi Facebook donde, pues, escribo lo que quiero, y casi siempre en broma -hay que ser fanático para tomarte toda palabra escrita tan en serio: «Quiero crear una ONG para rescatar a todas esas pobres mascotas que viven bajo el yugo de la voluntad tiránica de sus captores»…

Creo, sólo creo, que mi publicación era en parte broma, porque obvio no crearé una ONG, y parte en serio porque muchas mascotas se la pasan encerradas en un espacio reducido y comen cada que el «amo» se acuerda. Y los madrean. Y los acosan.

Ah, pues mi ex amigo primero me dijo que era casi casi un asesino de puppies, promotor del circo con animales, las corridas de toros y el desollamiento de gatitos; después, me bloqueó y ya no supe nada de él en más de un año, cuando antes intercambiábamos información bien civilizadamente.

Insisto, para qué ponerse camisetas que nomás no. Las ideologías son cárceles, otra vez lo digo; las veces que sean necesarias. Lees algo que no cuadra en tu discurso y ya es del diablo.

Si vas a marchar por los que andan en 4 patas, buenísima onda, pero también marcha y quéjate de que un grupito de políticos nos están jodiendo, de que el sistema educativo cada vez enseña más a repetir que a razonar, que familias de cinco viven con 50 pesos diarios, que 40 mil mueren en un año por el narcotráfico, que detienen y rapan a alguien que creó un grupo de autodefensa ante la ineficacia del estado… además, aprende a amar un poquito más a tu especie, a tener relaciones humanas sanas que te permitan, ya no digamos integrarte -de hecho, está bien alejarse de la masa ignorante-, sino ser un poquito más pleno y feliz.

Quiero mencionar además algo que leí de una persona que fue aquí en Ensenada a una marcha pro derechos de los animales: un montón llevaban a sus perros con collares de castigo, de esos que ahorcan al animal cada que se quiere pasar de la raya siendo libre… además, esta amiga observó cómo algunos manifestantes iban disfrazados de Scooby Doo y demás cosas que calificó como «niñerías».

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Ojos de perro azul. foto: Néstor Cruz.

Y pues, sí, también considero que esas inconsistencias del comportamiento le quitan seriedad y validez a cualquier causa. Es como esas mujeres que se pronuncian contra la homofobia y el machismo, casualmente, encueradas, mostrándose como objetos y buscando atención a través del morbo, demostrando, finalmente, que lo que quieren es atención, no razonamiento con el «enemigo», ya no digamos una lucha legal seria, que es donde se resuelven al fin del cuento las cosas.

¿Ahorcar al perrito cuando vas a defender sus derechos? Es como justificar pegarle a los hijos en nombre de la disciplina. No frieguen. Hay que luchar, sí, presionar a nuestros diputados, crear conciencia entre el ciudadano, sobre todo para votar por gente que se preocupe más por esos temas. Enseñarles a los nenes a amar a una mascota y a cuidar la vida del animal cuando está en su hábitat sin hacerle daño a nadie y llevando correctamente el ciclo natural del planeta.

Y aquí me paso al otro tema: carnívoros versus veganos. Y ya es una estupidez tener que titularlo así, porque no debería existir ninguna guerra entre dos subespecies que no se llevan pero comparten espacio público.

Hace poco llegué al absurdo lingüistico de alguien que se atrevió a decirme que los humanos no somos carnívoros, sólo porque también podemos vivir de tragar hierbas… pues claro que sí, querido, le dije, también podemos vivir de comer pasto y suplementos en licuado, pero por el hecho de no morimos al comer carne y, es más, siendo inmensa mayoría los que la ingerimos, ya somos, en mayor o menor categoría documentada, carnívoros.

Es absurdo y casi imposible debatir con un vegano porque de entrada ya te considera un sicario y cree que su moral está encima de la de todos los demás. Pero, bajo ese argumento, los que estamos enamorados de una milanesa, como yo, ¿debemos de ser juzgados ante un tribunal junto a los lobos y los leones?

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Sí, claro, ya sé que, de facto, el ser humano es más evolucionado y tiene un intelecto más desarrollado que la mayoría de los animales, ¿pero ya por eso vamos a renunciar a los placeres e impulsos que de manera natural sentimos por ciertas cosas?

No estoy hablando de la anarquía, de violar a la que traiga faldita simplemente porque se me antojó; eso es ser muy limitado de miras y creer que el bien y el mal es algo definitivo que traemos todos cuando nacemos por imposición divina.

Las reglas de respeto y sana conviviencia están en nuestros genes, producto de miles de años de evolución, y empezaron con los changos: si trabajamos en equipo y respetamos la vida del otro, prospera nuestra comunidad. Así que no inventen con que por defender nuestros instintos carnívoros estoy siendo irracional.

Más que carnívoros, yo nos llamaría como especie carroñeros, porque compramos en los mercados la carne que otros matan por nosotros . ¿Y? ¿Se nos va a sentar en el banquillo de los acusados junto al zopilote y el cuervo? ¿Se juzgará también al vegano cuando pisa a cientos de hormigas en su diario andar por la calle? Qué exagerado, ¿no? Así suenan cuando se ponen histéricos contra los que comen carne.

No seamos ridículos con el argumento de que pobrecito animal cuánto sufre cuando lo matan para que nos lo comamos. Sí saben que vivimos en un mundo donde la vida prospera con la muerte del menos evolucionado, ¿no? Y así, queramos o no, la vida sigue y sigue siendo más bonita y dramática a la vez.

Ojo: no defiendo a los que cazan por «trofeos» y torean por placer. O a los sistemas de producción alimentaria que han arrasado con las especies. Estoy a favor de un control de natalidad de la nuestra para que no tengamos que arrollar a los demás animalitos y sostener a un montón de humanos que ahí andan nomás de parásitos, literalmente.

¿Eso es tan difícil de entender? Así como los homosexuales tienen cada vez más derechos legales de hacer con su cola lo que quieran, debemos dejar de jugarla al policía moral con los que comen carne. Ustedes tienen libertad jurídica para atragantarse de lo que quieran, así como yo de lo que más me plazca.

El otro día me indigné mucho por ver un video de unas personas que subieron a un camión de redilas muchos animalitos de peluche, y los pusieron a hacer soniditos de sufrimiento por toda una ciudad, tratando de hacer conciencia de la atrocidad que cometemos al comer carne.

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Maldita sea, me cae que no puede haber nada más chantajista. Y me cae que ese ejemplo es el que más acerca al veganismo con una religión chantajista como lo es, por decir, el cristianismo: tú, pecador, conmuévete y transfórmate por la culpa de que al pobre Jesús lo crucificaron. Él murió por ti, por tus pecados, los cometas o no; así como el animalito muere por ti, para saciar tu lujuria por la carne adobada.

Carajo. No. No fanatismo, no chantaje. Hay que centrarnos en lo importante, que es regular la natalidad y la educación de nuestra especie. Y entonces sí, juntos, inventemos una nueva moral que nos permita respetar cada vez más la vida y crecer en las áreas donde todavía seguimos en pañales.

Que no sea por miedo al infierno, o a que sufra el osito de peluche. Sino desde un razonamiento elevado y en beneficio de todos, no sólo de un grupito que tiene acceso a los alimentos veganos carísimos y a mascotitas de 100 dólares o más. El amor por la vida y el respeto a los animales va mucha más allá de eso. Para mí.

*Periodista ensenadense.