Copenhague, ya con ciclopista, ahora estrena nuevo puente ciclista

Es considerada una de las ciudades referencia en el ciclismo urbano, y ahora estrena ‘la Serpiente’, un puente concebido y construido para las bicicletas

Ciclosfera

Hace un tiempo repasábamos algunas de las autopistas ciclistas” construidas o proyectadas en el mundo, y hoy toca hablar de una recién llegada: “La Serpiente”.

Situada en Copenhague (Dinamarca), la obra empezó a construirse en septiembre de 2012 y, aunque todavía no finalizada, muchos ciudadanos ya la están utilizando: la inauguración oficial es este sábado 28 de junio de 2014.

De llamativo color naranja y aspecto futurista, “la Serpiente” (el porqué de su nombre es obvio viendo su sinuosa forma) se ubica en los muelles de la ciudad y mide 235 metros de largo.

PUENTE BICI SERPIENTE

Según informa Copenhaguize, el presupuesto del proyecto está en torno a los 5,1 millones de euros (6,6 millones de dólares), que pagará íntegramente el ayuntamiento.

El equipo de arquitectos Dessing+Weitling está detrás de la obra y el resultado parece magnífico: moderno, eficiente y práctico.

El puente continúa el ya existente Brygge Broen (una vía peatonal y ciclista que unía el barrio de Vesterbro con las Islas de Brygge) y salva el centro comercial Fisketorvet, permitiendo a los ciclistas y peatones llegar más rápidamente a la ciudad sin tener que pedalear en medio de una zona llena de peatones (allí abundan los cines y tiendas).

El puente está planteado con doble sentido, tiene unos cuatro metros de anchura y se eleva sobre una fila de columnas separadas por 17 metros.

Autopistas ciclistas: ¿El futuro o un disparate?

Grandes carriles para que las bicicletas circulen a sus anchas. Un espacio separado del tráfico. Una idea que seduce a unos e indigna a otros.

Dani Cabezas / Ciclosfera

AUTOPISTA CICLISTA PROYECTO

La noticia saltó a finales de 2013: el arquitecto Norman Foster maneja un proyecto faraónico que podría cambiar radicalmente Londres y, en concreto, la situación de sus miles de ciclistas.

SkyCycle planea construir 220 kilómetros de autopistas ciclistas, separadas del tráfico y a varios metros de altura sobre las líneas de ferrocarril de la ciudad.

La idea surgió hace dos años y, aunque no está claro que llegue a hacerse realidad, ha dividido a la comunidad ciclista de Londres y del mundo entero.

“Me parece una aberración”, comentaba un  lector en la web. “Conseguiría sacar al ciclista del tráfico y convertirlo en un obstáculo al reincorporarse a él”, opinaba otro. “Esperpento”, “barbaridad” y “obra megalómana” eran algunos de los calificativos escritos en Facebook

Y, sin embargo, otros lo veían como una solución: “Sería un gran ejemplo, una gran inversión en salud a gran escala”, argumentaba uno. “Cero semáforos, cero tráfico, cero sobresaltos… Un gran beneficio”, decía otro.

¿Y qué opinan los expertos? Para Pablo Mella, arquitecto urbanista español y ciclista urbano, SkyCycle tiene un sinfín de inconvenientes. “Además del desorbitado coste se mantiene un trazado quizá idóneo para el ferrocarril, pero no necesariamente para la bicicleta”, cuenta.

“Creo que el proyecto tiene que ver más con un tema de publicidad del propio arquitecto que con una realidad”, agrega.

Mella, al igual que otros compañeros de gremio, lo tiene claro: “Este tipo de proyectos no son la solución. No se trata de segregar a la bicicleta, sino de integrarla en el tráfico y calmar al vehículo”.

Sin embargo, urbanistas como la neoyorquina Shaunancy Ferro han defendido con entusiasmo proyectos así.

“Estas infraestructuras hacen que los ciclistas se sientan más seguros circulando”, escribió en Fastcodesign.

“Construyámosles autopistas y los ciclistas se multiplicarán”, vaticinó.

CICLOVIA LOS ANGELES

Una vieja idea

La idea de apartar a las bicicletas a través de autopistas viene de lejos: en 1897, Horace Dobbins proyectó la primera en Los Ángeles. Sólo se construyó el primer tramo, de apenas un par de kilómetros, pero su planteamiento parece haber calado hondo: varias ciudades  planean llevar a cabo proyectos similares a SkyCycle.

En Toronto (Canadá), el arquitecto Chris Hardwicke puso sobre la mesa en 2004 un proyecto sorprendente: bajo el nombre de Velocity proyectó una red de tubos que, además de separar a los ciclistas, los protegería del frío. Lo calificaron de “visionario”, pero su alto coste echó para atrás a los inversores.

Más factible parece Veloway, en Melbourne (Australia).

Sus ideólogos han sido más realistas y, como Foster en Londres, han querido aprovechar el trazado de una vía férrea para proyectar una autopista ciclista en fase de evaluación.

Más austero, y a pleno rendimiento desde su inauguración en abril de 2012, es el trazado de 18 km de Copenhague.

En la capital danesa, una de las mecas del ciclismo urbano y el lugar donde el 50% de la población se desplaza en bici a su trabajo, se quiso agilizar el tráfico no motorizado construyendo el llamado Cykelsuperstier, un inmenso carril bici por el que circulan a diario miles de personas.

¿Y en España y América Latina? El debate no parece cercano. La bicicleta apenas se asoma a la agenda política y su modelo de revolución urbana apenas está dando sus primeras y entusiastas pedaladas en comparación con otros países.

Se ellos deberemos aprender, tanto en errores como en aciertos.