¿Canta y no llores, puto?

No es por ofender a nadie, ni siquiera por querer hacerme el guerrillero de la internet, pero desde que empezó «el mundial» y vi el primer partido de Holanda jugando bien padre, yo le voy a ellos para que queden campeones de esa onda. Y eso no cambia porque este fin de semana jueguen contra México.

Por Néstor Cruz Tijerina / 4vientos

Creo que por irle «al rival» no me convierto en un apátrida traidor de la república, ya que un selecto grupo de inflados no nos representa como nación. Mucho menos una afición que se pone a hacer animaladas en los estadios o en las calles cuando el equipo gana.

En primer lugar, aunque el fútbol me parece un deporte aburridísimo que regala emociones cada que el dragón pasa, siento que los auténticos seguidores de esa cosa deberían apostar por el equipo que juega mejor y, que en un futuro posible, ofrecerá un mejor espectáculo.

Cierto, se siente padre cuando un equipo maleta promedio como Costa de Marfil o México le pegan un susto o hasta le ganan a una «potencia». Pero enfrentémoslo: la calidad de algo no se mide en chispazos.

Así que de perdida para mí, que no me envuelvo en mantos de falso nacionalismo pop, siempre será más atractiva una final entre dos equipos de países que se han preocupado por impulsar a sus deportistas desde pequeñitos con buenas políticas públicas.

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Pero bueno, yo no quería escribir de fútbol hasta que vi algo que me conmovió mucho: la foto de unos pequeñines de primaria holandeses que hicieron unos cartelones deseándole suerte al equipo de México. Hasta una bandera nuestra tenían y estaban bien contentos; se notaba que, sí, fue seguro una ocurrencia de sus maestros, pero estaban convencidos de que portarse así era lo mejor, más lindo y civilizado.

Y bueno, eso contrasta terriblemente no sólo con lo que todos hemos visto de los gritos de «puto» al rival, sino con lo que yo, y seguramente muchos, observamos entre la fanaticada genérica de «la selección»: Desde niñitos pequeños hasta niñitos mentales de oficina, existe una confianza excesiva y una expresión general de que pinches holandeses nos van a pelar la verga: «Holanda va a probar, el chile nacional». Y así.

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Yo a veces me imagino que tanta tarugada debe de ser culpa de Monsanto, por andar tragando tanto químico. Pero pues no: es un asunto tristemente cultural que empieza en casa con papás ignorantes, luego se expande con maestros sin vocación -o atados de manos por el sistema educativo, los buenos- y termina en una «mass media» cada vez más mediocre que te quiere vender cositos a como dé lugar.

Al principio me preguntaba si de verdad a las marcas les beneficiaba ponerse como histéricas a gritar que son fans de la selección. Creía que los publicistas cada vez estaban más imbéciles por decir que Vagitril apoyaba hasta la muerte a «la tricolor», pero no, no y no están imbéciles: La publicidad es el fiel reflejo del nivel intelectual de las mayorías. Y para mí es difícil decir quién imita a quién… quién empezó con esta cadenita de cosas tan… irrisibles… eso me parecen, ya no me enojo 🙂

Bueno… hay algo que sí casi me enoja, pero no porque esté amargado en mi cueva de nihilismo, sino por el hartazgo de la repetición: El maldito Cielito Lindo.

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Claro, yo no esperaba que los mexicanos cantaran una de Silvestre Revueltas, así como tampoco esperaba que se vistieran en los estadios como Octavio Paz en vez del Chavo del 8… de hecho, Cielito Lindo me parece una canción que puedo escuchar una o dos veces sin bronca, así como creo que el Chavo del 8 es una buena serie para que los niños de 4 años se vayan introduciendo al mundo de los chistes, pero ¿por qué regarla al convertir esa rolilla en un grito de guerra cantada igualmente por marcas y borrachos eufóricos?

Regresamos a lo mismo que he dicho siempre en cada artículo: enajenarse y creer en algo ciegamente es una cárcel para el pensamiento; pero bien, que esta vez se claven tanto con una canción se presta para hacer un análisis más profundo pero completamente arbitrario y quizá bobo de mi parte:
«Canta y no llores»… esa frase se repite y se repite en la canción, y creo honestamente que no es casualidad: representa una mentalidad del mexicano en el amplio espectro de su vida e ideología.

¿Te metieron otro gasolinazo? Canta y no llores. ¿Regresó el PRI al poder, te enfadaste y metiste otra vez al PAN, te falló y así sucesivamente? Canta y no llores. ¿Te robaron el carro, la casa o te cogieron a la señora? Canta y no llores. ¿Reprobaste la materia porque preferiste irte de pedo y esperas que la vida sea una orgía lenta? Canta y no llores. ¿Mató a 50 mil el narco en un año? Ídem. ¿Ganamos el mundial de la corrupción y no sé qué tanta nota triste pero alegórica sacan los medios? Baila y no te quejes. ¿Aplastaron con unos «monster tuck» a un montón de gente o se rostizaron 50 bebés porque un funcionario dio un permiso que no debía? Vete al «papas» y no digas nada. ¿Que próximamente eliminarán a esos futbolistas mexicanos y volverán a darse de topes en la pared por creer, de nuevo, por enésima vez, en una ilusión? Pues canta, llora un ratito y vuelve a cometer los mismos errores en 4 años más, porque está visto que el animal más renuente a aprender es el humano… Y así sucesivamente con las preguntas; no tengo que hacer un resumen de noticias que todos ya sabemos.

Entonces, proyectado así, creo que el canta y no llores tiene un montón de sentido. Y siento que hacen bien los mexicanos que se gastan sus ahorrillos en Brazil en poner la canción como identidad nacional. Gracias al dios de nuestra región geográfica que no pusieron una de El Komander, porque ahí sí qué penita. Más.

Ya todos sabemos que el mexicano es bravucón, chingón y machista al gritarle «puto» al extraño, al que no logra entender o al que lo supera en cuestiones sociales. He leído muchas justificaciones intelectuales diciendo que eso de decirle putos a todos está bien porque es normal aquí. Y ahora ya se volvió moda. Le aventaron casi 100 putos al portero croata el otro día.

Lástima que nunca se pone de moda saber cosas y portarse bien como esos niños holandeses de la nota.

Hace poco un amigo de Facebook subió un video de cómo festejaron un grupo de macacos lampiños el triunfo contra Croacia aquí en Ensenada, en plena mitad de la Calle Primera: «¡A la verga putos, nos pelaron la verga putos a la verga!» Ellos con sus cheves, propensos a la obesidad y a la euforia fácil.

Me hicieron recordar los cuestionamientos que vi en una serie que me gusta llamada True Detective: ¿Cuál será el cociente intelectual acumulado de todos esos de ahí? Un ejercicio rápido de observación y deducción nos puede llevar a que ninguno de ellos dividirá el átomo.

No chinguen, no sean así, es un juego, no sean tan crédulos de la identidad nacional que les inocula la tele. Es fútbol, no es una guerra. Ni una guerra ganada contra el priísmo debe celebrarse así; nos degrada como seres humanos.

Por eso medio en broma, medio en serio, comenté en mi red social que fumar porro es a las drogas lo que el fútbol al deporte.

Sean serios, es un jueguito. Y bueno, si el partido del domingo fuera contra, no sé, Irán, quizá sí le iría a México. Pero por lo pronto, vamos, Holanda, así, tranquilo, sin signos de exclamación.

*Periodista ensenadense.