Instalan en BC Sistema de Lucha contra la Sequía. Se espera consulte a expertos en meteorología y cambio climático

En un ensayo, el doctor Sergio Reyes Coca, del CICESE, aporta datos científicos invaluables para el buen funcionamiento del sistema.

Este año la SEMARNAT invertirá cerca de mil 400 millones de pesos en diversas acciones de conservación de las zonas naturales de BC

Ayuntamiento de Ensenada / A los Cuatro Vientos

Ensenada, B.C a 20 de junio del 2014.- Gilberto Antonio Hirata Chico, presidente municipal de Ensenada, estuvo presente en la sesión de instalación del Sistema Estatal de la Lucha contra la Desertificación y la sequía de Baja California.

Lo anterior en un evento donde el Secretario del Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), Juan José Guerra Abud, anunció inversiones en Baja California por hasta mil 400 millones de pesos de la dependencia federal que preside. Ello tan sólo para el presente año y para preservar los diversos ecosistemas de la entidad a través de la Comisión Nacional de Áreas Protegidas y la CONAFORT.

A su vez Hirata Chico comentó que debido al cambio climático, el municipio de Ensenada se ha enfrentado a una severa sequía que ha deteriorado las tierras y el sector ganadero, y enfatizó que la falta de agua es uno de los temas prioritarios del XXI Ayuntamiento.

Comentó que este sistema ayudará a evitar el deterioro de los ecosistemas bajacalifornianos, a rehabilitar las tierras y revertir los daños sociales, naturales y económicos que ha dejado la sequía y los embates climáticos de los últimos años.

Resaltó que las instancias gubernamentales deben concientizar a la ciudadanía en estos temas para que la comunidad colabore, participe y gestione las decisiones y acciones que encaminen a una sociedad sustentable con una calidad de vida digna.

Juan José Guerra Abud, secretario de Medio Ambiente y Recursos Naturales, comentó que este sistema servirá para entablar acciones que prevengan los daños que han surgido por los cambios en el clima mundial y gestionará diversos proyectos relacionados con el manejo del agua y los recursos naturales del municipio.

Indicó que según el Comité Internacional del Cambio Climático, este fenómeno surge por las actividades humanas como las emisiones de contaminantes y dióxido de carbono, que han formado un efecto invernadero y un consecuente aumento en la temperatura del planeta,  por lo que este sistema estatal tratará de hacer frente a esto de la manera más eficaz.

En la sesión de instalación se contó con la presencia de funcionarios de la Conafor, la Semarnat, la Profepa y la Comisión Nacional del Agua, así como Francisco Vega de Lamadrid, gobernador de Baja California, y Alfonso Blancafort Camarena, delegado de la Semarnat.

Ceremonia de presentación del Sistema Estatal contra la Sequía y el Cambio Climático (Foto: Ayuntamiento Ensenada).
Ceremonia de presentación del Sistema Estatal contra la Sequía y el Cambio Climático (Foto: Ayuntamiento Ensenada).

Las sequías en Baja California

Durante las últimas décadas, se ha notado una marcada variabilidad del clima y un incremento en el impacto de los desastres hidrometeorológicos en todo el mundo. México no es la excepción y prácticamente toda la república ha estado sufriendo distintos fenómenos asociados a intensas lluvias o severas sequías, las cuales provocan destrucción y muerte, agravando los problemas sociales y de pobreza en nuestro país. 

Doctor Sergio Reyes Coca / Todos@Cicese / Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada

En la actualidad, la comunidad científica acepta que el incremento de los desastres hidrometeorológicos puede deberse a una combinación entre las causas naturales y las antropogénicas.

En particular, en este ensayo hablaremos sobre las sequías que se están observando en Baja California. Trataremos de enfocar la importancia que tienen las sequías, no sólo desde el punto de vista físico o de riesgo meteorológico y climático, sino principalmente sobre el impacto socioeconómico y en las expectativas que se tienen para el futuro próximo.

Definición de sequía

Una sequía puede ser definida simplemente como la falta de agua; sin embargo, la falta de agua puede deberse a varias causas, no solo físicas o ecológicas, sino también de carácter social, económico y político. Dentro de las causas físicas, podemos mencionar las mas conocidas: a) si la falta de agua se debe a poca precipitación se habla de ‘sequía meteorológica’; b) cuando las lluvias de un ciclo anual (o incluso varios años) son por abajo del valor normal, se dice que se tiene ‘sequía climática’; c) si los ríos disminuyen su caudal, se habla de ‘sequía fluvial’; d) si los acuíferos bajan sus niveles, se habla de ‘sequía geológica’; e) si las actividades humanas (domésticas, industriales, comerciales, agropecuarias, etc.) son afectadas por un déficit de agua, se habla de ‘sequía socioeconómica’.

En general, las sequías se originan por una reducción en el agua que cae de la atmósfera o la que fluye en los ríos, arroyos o superficie terrestre o cuando la que está almacenada es sobre explotada. En síntesis, se tendrá una sequía cuando en un cierto lugar y durante un cierto tiempo, la recarga del agua (por lluvia o ríos) sea menor que la salida de agua (por extracción o por el uso desmedido).

El Atlas Nacional de Riesgos amplía esta definición y las agrupa en: a) leves: aquellas sequías que son causadas por un retraso en las precipitaciones y no repercuten significativamente en la producción de alimento; b) moderadas: aquéllas originadas por una disminución significativa en la precipitación de una determinada región que afecta la producción agrícola; c) severas: las producidas por la reducción de lluvias durante un ciclo completo, intensos calores, con daños cuantiosos a la producción y d) desastrosas: aquellas sequías producidas por la disminución de lluvias continuas y persistentemente durante varios años, lo que ocasiona que todas las fuentes de agua (presas, ríos, acuíferos, etc.) bajen sus niveles, provocando crisis en la agricultura, ganadería y con los consecuentes perjuicios socioeconómicos a la población rural y urbana.

En condiciones normales, la recarga de agua se debe a factores naturales, mientras que la salida del agua es causada principalmente por el hombre (por sus necesidades sociales, económicas y políticas).

Es quizás el uso del agua por el hombre lo que está más relacionado con las sequías en la región de Baja California: las deficientes planeaciones y construcción de infinidad de zonas urbanas, el crecimiento poblacional y el uso ilimitado de agua por la agricultura.

Por otro lado, el abastecimiento de agua del Río Colorado al valle de Mexicali se empieza a hacer crítico y puede derivar en conflictos políticos entre México y Estados Unidos, además de consecuencias impensables para la economía de Baja California si no se ataca el problema lo más pronto posible.

Características climáticas

Sequía en laguna Hanson, 2004. Javier García señala el nivel de agua que alcanza la laguna cuando Tláloc favorece la temporada de lluvias. Cuando la laguna está plena de agua, las rocas sobresalen como una pequeña isla.
Sequía en laguna Hanson, 2004. Javier García señala el nivel de agua que alcanza la laguna cuando Tláloc favorece la temporada de lluvias. Cuando la laguna está plena de agua, las rocas sobresalen como una pequeña isla.

Para empezar a entender el fenómeno de la sequía en Baja California, debemos recordar algunas características propias de las latitudes donde se encuentra nuestra región.

Como se sabe, tenemos un clima mediterráneo, con lluvias invernales y veranos secos. Las lluvias de invierno en Baja California están asociadas a las tormentas extratropicales originadas en las regiones subárticas del Pacífico norte. El arribo de estas tormentas está controlado directamente por un extenso centro semipermanente de alta presión atmosférica localizado sobre el océano Pacífico oriental, al oeste de Norteamérica, así como por los vientos de gran intensidad de la corriente de chorro en la alta troposfera.

Estos subsistemas dependerán a su vez de otros fenómenos que ocurren en el sistema climático terrestre, es decir, de las interrelaciones entre la hidrosfera, la litosfera, la atmósfera, la criosfera y la biosfera, de donde se desprende que tanto los fenómenos naturales como aquellas alteraciones directas o indirectas provocadas por el hombre son importantes para generar y entender las condiciones locales observadas en nuestro estado y alrededor del mundo.

Durante el verano, este centro de alta presión se desplaza hacia el norte, bloqueando el paso de las tormentas en la región occidental de la península de Baja California y desviándolas hacia el noroeste de Estados Unidos y Canadá. Estas condiciones atmosféricas estivales favorecen la entrada de humedad y tormentas de origen tropical, tanto del Golfo de México como de la región del Pacífico tropical oriental, asociadas a lo que ahora se conoce como la circulación monzónica de Norteamérica.

Gracias a las características orográficas alrededor del golfo de California, durante el verano se pueden canalizar grandes masas de aire húmedo tropical hacia los desiertos de Sonora, California y Arizona, observándose tormentas de origen tropical y huracanes, con rayos, granizo y grandes cantidades de agua, principalmente sobre las zonas montañosas de la península y los desiertos alrededor del mar de Cortés.

Durante invierno, el centro semipermanente de alta presión atmosférica se desplaza hacia el sur, permitiendo que las tormentas extratropicales penetren más fácilmente hacia Baja California, favoreciendo la precipitación en forma de lluvia en las planicies costeras y en forma de nieve en las sierras de San Pedro Mártir, La Rumorosa y de Juárez.

En condiciones de bloqueo invernal (cuando el centro anticiclónico posicionado al oeste de California y Baja California está muy estable e intenso), la corriente de chorro canaliza las tormentas hacia el norte, propiciando abundantes precipitaciones y obviamente inundaciones en el noroeste de los Estados Unidos (Alta California, Oregon y Washington) y oeste de Canadá; asimismo, estas condiciones de bloqueo impiden la entrada de las tormentas a la península, propiciando condiciones de sequía y déficit de agua, como sucedió durante toda la primera mitad del invierno pasado de 2005-06, hasta el mes de marzo en que finalmente al empezar el cambio estacional de invierno a primavera, el giro de alta presión se debilitó, permitiendo la entrada de varias tormentas hacia Baja California, lo que atenuó parcialmente la severa sequía meteorológica que se venía sufriendo.

Recordemos que el efecto combinado de este sistema de alta presión con vientos descendentes que tienden a calentar y secar la atmósfera y las aguas frías superficiales de la corriente de California favorecen la formación de una delgada (~ 500 m) capa de aire marino relativamente húmeda y fría, asociada a las típicas neblinas costeras y a nuestro clima templado a lo largo del año en las planicies costeras.

Por arriba de esta capa de aire marítimo, la atmósfera es cálida, seca y libre de nubes. Conforme nos alejamos de las costas el clima se hace más extremoso tanto en la temperatura como en la precipitación.

La presencia de las sierras forma un parteaguas entre la vertiente del Pacífico y la del Golfo de California, de ahí los climas tan distintos en ambas regiones.

Durante las estaciones de transición (otoño y primavera), el sistema de alta presión se hace más inestable y puede desplazarse hacia la región continental de Norteamérica o simplemente acentuarse la alta presión continental y generar las conocidas condiciones Santa Ana en la península, con vientos intensos provenientes del este, muy secos y cálidos, reduciendo drásticamente la humedad, despejando los cielos de nubes, favoreciendo una gran evaporación, pérdida de agua superficial e incendios.

Causas físicas de las sequías

Gráfica de la anomalía de lluvia invernal en la ciudad de Ensenada, desde 1894 hasta 2004. Datos reconstruidos parcialmente durante el periodo de 1917 a 1948. Los valores positivos indican valores de lluvias abundantes, mientras que los negativos indican sequías. Los valores anuales muy altos o bajos de lluvia están generalmente asociados a “El Niño” o “La Niña”, respectivamente. Los periodos de varios lustros o décadas de sequías o abundantes lluvias están asociados a la Oscilación Decenal del Pacífico. Unidades en milímetros.
Gráfica de la anomalía de lluvia invernal en la ciudad de Ensenada, desde 1894 hasta 2004. Datos reconstruidos parcialmente durante el periodo de 1917 a 1948. Los valores positivos indican valores de lluvias abundantes, mientras que los negativos indican sequías. Los valores anuales muy altos o bajos de lluvia están generalmente asociados a “El Niño” o “La Niña”, respectivamente. Los periodos de varios lustros o décadas de sequías o abundantes lluvias están asociados a la Oscilación Decenal del Pacífico. Unidades en milímetros.

Actualmente se sabe que existe una gran relación entre el fenómeno Oscilación del Sur (ENOS) –conocido como “El Niño”– y la precipitación en el estado de Baja California. Ahora es claro que, cuando se presenta un evento cálido de ENOS, se observan precipitaciones por arriba de lo normal en nuestro estado.

Si “El Niño” es muy fuerte, como durante los años 1982-83 y 1997-98, la precipitación de invierno (noviembre a abril) puede ser muy abundante; por el contrario, cuando se presenta un evento frío de ENOS –conocido como “La Niña”–, la precipitación de invierno disminuye drásticamente, como fue el caso durante los inviernos de 1988-89 y de 1998-99.

Estas expectativas regularmente se cumplen cuando los eventos de “El Niño” o “La Niña” son considerados intensos, lo cual se explica por la dominancia de ENOS sobre otros fenómenos climáticos en condiciones extremas. Sin embargo, nos podemos hacer varias preguntas al respecto: a) ¿Qué pasa cuando los eventos ENOS no son intensos o incluso que se observen condiciones neutras (ni “El Niño”, ni “La Niña”)? b) ¿Qué factores controlan la intensidad o generación de los eventos ENOS? c) Y el famoso “cambio del clima” ¿cómo nos afectará? d)¿Acaso tendremos más sequías o lluvias abundantes?

Para poder responder a estas preguntas se requiere un banco de datos más completo y mejores modelos de los distintos procesos del sistema climático terrestre. En fin, se pueden hacer tantas preguntas como para llenar varias cuartillas; todas ellas son importantes de contestar, pues tendrán un gran impacto en nuestra vida y, particularmente, en la de nuestros hijos y nietos en las próximas décadas.

Es interesante notar que no es cuando los eventos ENOS son más intensos cuando se han registrado las precipitaciones máximas (inundaciones) o mínimas (sequías). Por ejemplo, las lluvias más abundantes en nuestro estado se observaron en el invierno de 1977-78, cuando se registró aproximadamente un 150% de lluvia por arriba del normal, coincidiendo con condiciones oceánicas ligeramente cálidas. Lo mismo puede decirse cuando se han registrado los inviernos más secos, como por ejemplo en el invierno de 1971-72, cuando se registró poco más de 1/3 parte de lo que se observa en un año normal y cuando las condiciones oceánicas eran consideradas neutras

Lo que resulta interesante de estos valores extremos en la precipitación invernal es que coinciden dentro de periodos de varios lustros o décadas en que las lluvias en general mostraron una marcada abundancia (de la década de los 30 a principios de la década de los 40 y de 1977 a 1998) o una marcada reducción (Anos 40 a mediados de los años 70 y de 1998 a la fecha). Durante el periodo 1943-1976 (33 años) se observaron eventos “La Niña” más frecuentes y relativamente intensos; existen algunos indicios para pensar que esto posiblemente estuvo relacionado con una intensificación de la circulación en el Atlántico del norte y con un enfriamiento de la región oriental del Pacífico norte.

Por el contrario, desde 1977 hasta 1998 (21 años) se observó un incremento gradual en la frecuencia e intensidad de los eventos cálidos de “El Niño”, lo cual parece coincidir con un debilitamiento en la circulación del océano Atlántico y un calentamiento de la región oriental del Pacífico.

Recientemente, a partir de 1999, se ha observado un cambio en la temperatura del océano Pacífico, fenómeno conocido como Oscilación Decenal del Pacífico (ODP), en donde la región oriental nuevamente se está enfriando, lo que parece estar asociado a una posible disminución de eventos “El Niño” y al incremento de eventos “La Niña”. Si esto es cierto, entonces la relativa sequía que padecemos en Baja California desde 1998-99, pudo haber sido el inicio de un periodo de bajas precipitaciones en nuestro estado, lo que se traduciría en condiciones de sequías similares a las observadas durante 1943-76

Causas e impactos sociales, económicos y políticos de las sequías

SEQUIA Y CAMPESINO

Por otro lado, la influencia antropogénica en el calentamiento global observado (quema de hidrocarburos, deforestación, uso de clorofluorocarbonos, reducción de la capa de ozono, etc.), desde principios de 1900 hasta la fecha, ha ganado una gran importancia, pues se argumenta que el aumento en los gases de invernadero, particularmente el CO[small]2[/small], están asociados al incremento de la temperatura del aire y hasta de los océanos.

Los escenarios más probables indican que esta contaminación ambiental nos está llevando a una situación que hará crisis a mediados del siglo XXI; los modelos de computadora pronostican que la temperatura global podría aumentar 2 o 3° C, transformando el clima drásticamente, modificando al ciclo hidrológico, intensificando la circulación de la atmósfera, aumentando el nivel del mar, etc. todo lo cual podría generar un caos de graves consecuencias en las distintas regiones del mundo, particularmente en las regiones más pobladas, como son las regiones costeras.

Independientemente de si las causas son naturales, antropogénicas o ambas, es indiscutible que ya existe un cambio del clima en el que los fenómenos hidrometeorológicos cada vez son más frecuentes y más intensos, particularmente los que se relacionan con las sequías y las inundaciones.

Al presentarse una sequía se pueden generar los siguientes impactos: a) ecológicos, generando deshidratación y muerte de la flora y fauna; degradación y destrucción de bosques; aridez y desertificación de los suelos; b) deterioro de la producción agrícola por la pérdida de cultivos y por la escasez de alimentos que deriva en desabastecimiento y encarecimiento de los productos del campo, provocando acaparamiento y especulación; c) disminución del hato ganadero, provocando la muerte de animales por hambre y aparición de epizootias; d) reducción de la actividad industrial, que redunda en disminución y baja calidad de la producción, lo cual repercute en la generación de pocos empleos, aumento en las importaciones, baja en las exportaciones; e) deterioro de la salud pública, provocada por la poca higiene y sus consecuencias en la generación de epidemias, hambruna y mortandad de la población, particularmente niños y ancianos y f) generar migraciones masivas del área rural hacia las ciudades en busca de alimento y trabajo, lo cual a su vez genera una sobre demanda de recursos en las ciudades, lo que se transforma en desempleo, vagancia, delincuencia, inseguridad; g) problemas sociales y políticos por la lucha y control del agua, como ya se ha observado en distintos lugares de México y actualmente por el río Colorado entre México y Estados Unidos, entre otros.

El fenómeno de la sequía en Baja California y en el norte de México debe ser analizado y evaluado con bases diferentes al resto del país.

En el sur, las sequías en general son de poca duración (del orden de meses o semanas), mientras que en el norte, las sequías pueden durar años.

La precipitación en la región sur del país es usada directamente para la agricultura y diversas actividades económicas. En algunos lugares del sur de México, particularmente donde nacen los ríos y manantiales, los problemas por el agua son de carácter económico, como ya se está observando por la compra de grandes extensiones de tierra por compañías trasnacionales como la Coca Cola, Nestlé y otras que producen agua embotellada, todo esto está empezando a causar problemas políticos y sociales que se irán agudizando conforme aumente la demanda de agua en todo el mundo.

Por otro lado, en el norte y particularmente en Baja California, las precipitaciones sirven principalmente para recargar los acuíferos en el subsuelo, por lo que la existencia de una sequía de varios meses en nuestro estado no afecta tan severamente la agricultura (aunque puede ser desastrosa para la ganadería). Sin embargo, cuando la precipitación es escasa y se extiende por varios años o incluso décadas, los usuarios del agua tienden a sobre-explotar los acuíferos de manera que estos se ven fuertemente impactados al grado de secarse o bajar los niveles freáticos permitiendo que la intrusión de agua de mar convierta los pozos (particularmente los costeros) en fuentes de agua salada e inservibles para la economía.

Como se sabe, casi 90 % de las reservas de los acuíferos en nuestro estado están dedicadas a la agricultura. Una disminución en la precipitación combinada con el uso desmedido de los recursos hídricos, puede generar serios problemas, no sólo para las actividades agropecuarias, sino también para todas las actividades domésticas y económicas en la vertiente del Pacífico de nuestro estado (Tijuana, Ensenada, San Quintín, etc.).

Aunque los acuíferos de Mexicali se abastecen principalmente de las aportaciones del Río Colorado no debe olvidarse que los estados de Arizona y California también están sufriendo el embate del clima y, por lo tanto, no podemos descartar que los tratados entre México y Estados Unidos respecto al agua sean modificados en nuestro perjuicio.

Las sequías e inundaciones tienen un impacto negativo en el medio ambiente, en la salud, en el hábitat y en el incremento de la pobreza de la población.

Los países más industrializados han logrado reducir las pérdidas en vidas humanas, a costa de un incremento en pérdidas económicas; los países subdesarrollados por el contrario, no solamente no han podido reducir las pérdidas económicas sino que han incrementado las pérdidas en vidas humanas.

La vulnerabilidad de la población civil ante los fenómenos hidrometeorológicos está continuamente creciendo debido a factores tales como: incremento en la degradación del medio ambiente, crecimiento urbano irregular y descontrolado, aumento en la densidad de la población y a las malas políticas de los gobiernos centralistas.

Anteriormente, los desastres naturales eran considerados como un “castigo de Dios por nuestra poca fe”; en la actualidad, los mismos desastres naturales son aún considerados como un “castigo de Dios”, sólo que en este caso es “debido a nuestro poco respeto y conocimiento de la naturaleza”.

Las distintas actividades socio-económicas en nuestro país, tales como la agricultura, la ganadería, las pesquerías, las comunicaciones y el turismo, entre otros, son fuertemente afectadas por fenómenos meteorológicos y climatológicos que tienen su origen en los océanos Atlántico y Pacífico y que pueden causar considerables desastres cuando no se toman las prevenciones apropiadas; de estos, son las inundaciones y las sequías, los que tienen un mayor impacto en tales actividades. Los daños producidos por las sequías, aunque no se producen tan rápidamente, alcanzan magnitudes muy superiores a las provocadas por las inundaciones.

Expectativas de sequías y lluvias en Baja California

SEQUIA TAMBOS AGUA

Los resultados obtenidos de nuestras investigaciones (Reyes, 1997; Reyes y Troncoso, 1998 y 2004) sugieren que se ha iniciado un periodo de sequías a partir de fines del siglo pasado (desde 1999 y que podría continuar hasta 2015, aproximadamente).

Además, se podría esperar que el probable cambio de fase en la ODP en 1999 coincida con un incremento en la intensidad y la formación de eventos fríos del ciclo ENOS (“La Niña”), similar a lo observado durante el periodo de 1941 a 1975.

Quizás este fenómeno de la ODP en todo el Pacífico norte, superpuesto al fenómeno ENOS, localizado principalmente en la región del Pacífico tropical, podría estar contribuyendo a inhibir y debilitar los eventos cálidos de “El Niño”, pues mientras el Pacífico oriental se mantenga con temperaturas bajas, no habrá suficiente energía calorífica para un “El Niño” intenso.

Además de lo anterior, cuando existen “condiciones neutras o normales”, la variabilidad del estado del tiempo día con día y semana a semana también aumenta en nuestra región. Esto se puede explicar si recordamos que las corrientes de aire de la alta atmósfera (la corriente de chorro), que conducen los frentes meteorológicos y las tormentas de invierno, no tienen una dirección preferida durante condiciones neutras del ENOS en la atmósfera.

A largo plazo se puede decir que si bien vivimos en el pasado reciente una fase de lluvias relativamente abundantes, probablemente iniciada en 1977 y que nos sorprendió con las desastrosas lluvias del invierno de 1977-1978, ésta probablemente debió llegar a su término a fines del siglo pasado para iniciarse una fase de relativa sequía (Fig.3).

Si la ODP en efecto ha cambiado de la fase cálida (de 1977 a 1998) a una fase fría (a partir de 1999) se podría esperar que continúe el periodo de sequías para Baja California y el sur de California hasta mediados de la década de 2010.

Además, sería de esperarse que este cambio de fase en la ODP traiga asociado un incremento en la formación e intensidad de los eventos “La Niña”, similarmente a lo observado durante el periodo de 1941 a 1976.

En un artículo anterior (Reyes y Troncoso, 2004), sugerimos que cuando la ODP está en su fase negativa (fría), los “Niños” son pocos y de menor magnitud, mientras que en la fase positiva (cálida) de la ODP, las “Niñas” son más débiles e infrecuentes. Asimismo, se hizo el pronóstico de que los eventos “El Niño”, que se presentaran para antes de mediados de la década 2010, serían relativamente débiles, mientras que los eventos “La Niña”, podrían ser relativamente intensos y estar asociados a mayores sequías en ese lapso de tiempo.

Tendremos que esperar varios años más para verificar, que en efecto a partir de fines de esta década de 2010, tendremos un resurgimiento en las lluvias en nuestra región. Sin embargo, por mucho que llueva no habrá agua suficiente para compensar las múltiples necesidades y demanda por el crecimiento poblacional.

Deberemos hacer más eficiente el uso del agua, menos gasto, menos contaminación y claro buscar nuevas fuentes.