En México las dinámicas familiares han cambiado

En los años 70, seis de cada diez mujeres se casaban por lo civil y la iglesia; hoy lo hacen solo cuatro de cada diez.

La especialista en demografía Julieta Quilodrán, destaca el descenso en el número de hijos y las transformaciones en la formación y estabilidad de las parejas conyugales en nuestro país y sus efectos en la estructura social.

Academia Mexicana de Ciencias

El modelo de familia patriarcal ya no responde a la realidad en varias regiones del país y de América Latina. Hoy en día  es frecuente encontrar parejas que sostienen relaciones sexuales fuera del matrimonio, y también se observan como comunes prácticas relacionadas con un control natal generalizado, hijos al margen del matrimonio, nuevas nupcias y uniones informales.

Estas dinámicas están directamente relacionadas con temas como la fecundidad y la nupcialidad, esta última entendida como “un fenómeno demográfico, en el sentido de que impacta en el crecimiento de la población, y actúa  sobre lo que se conoce como ecuación demográfica, que tiene que ver con los nacimientos y defunciones que ocurren en una población dada”, dijo en entrevista Julieta Quilodrán Salgado.

La investigadora de El Colegio de México quien es además integrante de la Academia Mexicana de Ciencias, ha estudiado fenómenos sociales de este tipo durante varias décadas. En lo referente al ámbito de las familias en el país, observa que se ha registrado un descenso en el número de hijos y que se han producido cambios en la formación y estabilidad de las parejas conyugales.

Para ponerlo en números, la investigadora explicó con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y otras fuentes oficiales, que “la situación conyugal de mujeres entre 15 y 59 años se modificó en el periodo de 1930 a 2010, y con ello las dinámicas familiares; en 1970, seis de cada diez mujeres (61.4%) se casaban por lo civil y por la iglesia (con ritual religioso), mientras  que en 2010 esta modalidad se redujo, ya que por ambas vías lo hicieron cuatro de cada diez mujeres (43.6%)”.

En estos mismos años la cohabitación o unión libre pasó de 15.5% a 28.6%, respectivamente;  es decir, en un lapso de 30 años es mayor el número de mujeres que están en relaciones que no implican ni un contrato civil o un ritual religioso.

“El bienestar social pasa indiscutiblemente por el desempeño familiar, pero no necesariamente por el que reivindica a la familia tradicional. Observo que hay nuevas formas de ir en pareja, de hacer la vida marital y esta variedad conlleva algunas problemáticas, incluso  la necesidad de adaptaciones legales para hacerles frente, porque hay que saber qué van a significar ahora los conceptos, como ser soltero, por ejemplo”, explicó Quilodrán Salgado.

PAREJA ENOJADA CARTON

A los divorciados o separados en Europa se les dice solitarios, y la investigadora ha empezado a usar este término para la población mexicana. Aunque la palabra que se ha impuesto en el país es soltero, que tiene además una acepción legal.

Entre las preguntas que busca resolver la investigadora se encuentran, por ejemplo, las que aparecen cuando una mujer dice: “soy madre soltera” ¿A qué se refiere?, ¿acaso se trata de una madre que nunca tuvo como pareja al padre del hijo, ni su respaldo? ¿qué significa ser madre soltera en una sociedad como la actual?

¿Cómo llegaron las nuevas dinámicas?

En un artículo de su autoría publicado en la revista Estudios demográficos y urbanos, Julieta Quilodrán indicaba que aunque la necesidad que impone la reproducción humana son básicamente las mismas, cada sociedad tiene su propia manera de satisfacerlas, de ahí las variaciones en los modelos de familia a través del tiempo y del espacio. La época actual se caracteriza por la velocidad con que ocurren los cambios en todos los órdenes de la vida social.

Como ejemplo de lo anterior, la especialista explicó que la transición demográfica que duró dos siglos en los países de Europa está ocurriendo en menos de uno en los que iniciaron esta transición apenas entrando el siglo XX. Después de la Segunda Guerra Mundial se instaló en Europa, y en general en los países más desarrollados, un nuevo régimen demográfico determinado por una fecundidad y  una mortalidad equiparables, pero en bajos niveles.

De ahí la importancia, consideró Quilodrán, de estudiar si las personas “deciden tener o no hijos, tenerlos dentro o fuera de un matrimonio, prolongar la soltería y disponer aún de tiempo suficiente para lograr los dos hijos que la gran mayoría manifiesta desear; equivocarse en la elección de la pareja y contar todavía con tiempo para rehacer la vida conyugal, etcétera, porque ponen de manifiesto las variadas opciones de organización familiar que posibilita una esperanza de vida prolongada”.

Entonces, el advenimiento de la anticoncepción, los cambios en la formación y la estabilidad de las parejas conyugales, la soltería prolongada, la interrupción de las uniones, la desinstitucionalización del matrimonio y la elección del cónyuge, son temas importantes en una sociedad por su impacto en la organización familiar, la economía de los países y los retos a los que una sociedad se enfrenta con el cambio.

La doctora Julieta Quilodrán Salgado, investigadora de El Colegio de México e integrante de la Academia Mexicana de Ciencias (Foto: Elizabeth Ruiz Jaimes).
La doctora Julieta Quilodrán Salgado, investigadora de El Colegio de México e integrante de la Academia Mexicana de Ciencias (Foto: Elizabeth Ruiz Jaimes).

Algunas conclusiones a las que la investigadora ha llegado en su conocimiento sobre  las nuevas dinámicas familiares tienen que ver con “concebir los efectos negativos que se derivan de los cambios que está experimentando la familia como problemas que atañen a la sociedad en su conjunto; y entender que la reproducción social, cuya responsabilidad recae en gran parte en la institución familiar, representa un reto cuyo manejo rebasa a la propia sociedad”.

Para Quilodrán Salgado es urgente asegurar la compatibilidad de las labores cotidianas del hogar con la participación de la mujer en la fuerza de trabajo, y adoptar políticas públicas basadas en un conocimiento cabal de la problemática familiar.

Aunque la fecundidad en México no ha descendido, todavía por debajo de los niveles de reemplazo, las uniones libres, la disolución de las uniones, la proporción de hijos nacidos al margen del matrimonio son fenómenos que hay que analizar con detenimiento, advierte la especialista, ya que desde siempre han estado presentes en la región.

Explicó que la institucionalización del proceso de formación y disolución de las parejas (pasar por el registro civil) nunca se universalizó en México, de modo que la situación actual, de elegir la unión libre  como la opción mayoritaria para vivir en pareja , no puede ser considerada una desinstitucionalización al estilo de la que están experimentando las sociedades desarrolladas hoy.

“Se trata en realidad de la coexistencia de dos modelos: el derivado de la situación tradicional de semi-institucionalización, y el otro cercano al imperante en los países avanzados”.