Los Leones del Gobernador

Don José Socorro Salcido Gómez (nacido en 1930 en Villa Matamoros) ha tenido una vida fructífera en muchos sentidos, ha sido electo Diputado, es fundador del Frente Nacional Villista, A.C. y para 1996 organiza las Cabalgatas Villistas, que tanta resonancia han tenido a nivel nacional año con año y desde entonces es una persona digna de todo crédito y fuente de información fidedigna de hechos relevantes dentro de la llamada microhistoria, es decir, de aquellos acontecimientos que no alcanzan a sumarse en las páginas de la historia nacional pero si tienen cabida en la historiografía de una región o estado.

Luis Alfredo Uranga López / A los Cuatro Vientos

Precisamente por ser un testigo vivo de la historia me acerqué a él para recabar datos sobre un libro que redacto, de cuya plática recuperé la siguiente anécdota:

Don Alfredo Chávez, quien fuera Gobernador del Estado de Chihuahua de 1940 a 1944, tenía su residencia en el municipio de Villa Matamoros (al sur del estado) y un rancho por el rumbo de Villa Coronado.

José Socorro Salcido recuerda:

“Don Alfredo era un hombre carismático, grandote, güero de ojos azules, parecía gringo. Usaba un paliacate enredado en el cuello y polainas. ¡Tenía un carisma bárbaro! Ganó la gubernatura fuera del partido oficial que entonces era el Partido de la Revolucion Mexicana (PRM). Como no le quisieron admitir como candidato, fundó el Partido Revolucionario de Chihuahua (PRCH). Con ese partido dió la pelea. Como Almazán perdió las elecciones contra Ávila Camacho por la presidencia de la república, muchas personas andaban levantadas en armas, el General Lázaro Cárdenas influyó para que le dieran la gubernatura ante el temor de un alzamiento armado en Chihuahua. ¡Fue el primero en la historia que llegó a ser Gobernador como un partido independiente! Don Alfredo ha sido el Gobernador más carismático que ha tenido Chihuahua. Tenía un “Sí” muy bonito ¡durísimo! Le pedía uno algo y decía: “¡Claro que sí, mi amigo, sí lo hacemos! Lo penoso es que hasta ahí llegaba la promesa que nomás no cumplía”.

Don Alfredo Chávez le compró a un Circo ambulante todos los animales que traía consigo y formó un zoológico dentro del rancho en Villa Matamoros, a donde iba mucha gente a ver a los animales. Tenía leones, osos, jaguar, venados, gato montés, pumas y hasta changos. Los tenía en exhibición en jaulas, debidamente cuidados y alimentados. Incluso otros políticos le regalaban animales exóticos que ahí exhibía.

Don José Socorro Salcido recuerda que la gente le vendía burros a don Alfredo para su matanza y con su carne alimentaba a los carnívoros: leones, jaguares, osos, pumas, gato montés.

Se dio el caso que por esa época se empezaron a perder muchos burros en la región. Simplemente desaparecían sin que sus dueños lograran dar con su paradero. Finalmente cayeron en la cuenta de que los burros se los estaban robando y como al único que le interesaba tan gran cantidad de bestias era a don Alfredo, el populacho esparció el rumor de que el mismísimo Gobernador era el ladrón. Creció tanto el asunto que el Gobernador tuvo que aclarar: “Yo los compro, pero no se la procedencia. No me los robo”.

Don José Socorro Salcido explica que a don Alfredo Chávez le gustaba realizar muchas fiestas en su rancho, con abundante comida y bebida. Y que ya entrados en copas, tomaba una ametralladora y disparaba ráfagas al aire.

LEONES HOCICO JAULA

“Como era el Gobernador nadie le decía nada. Se dió el caso de que entre los invitados había un individuo que le apodaban “La Changa”, que cuando se emborrachaba se volvía impertinente y molesto para los demás comensales, incluido el propio Gobernador. En una de tantas fiestas, ya molesto el Gobernador Chávez con el fastidioso borracho, dijo: “Quítenme a este cabrón. ¡Métanlo con los leones!”

Aunque lo dijo en plan de juego en su deseo de quitarse de encima al nefasto tipo, sus subordinados cumplieron la orden, lo llevaron y lo metieron a la jaula donde lo sentaron en un banco a dormir la borrachera.

Durante toda la noche los leones observaron al intruso y se pasearon inquietos de un lado a otro de la jaula. El susodicho despertó en la madrugada y se preguntó: “¿Dónde estoy?” Al verse rodeado por los leones comenzó a gritar y a pedir auxilio. Como la mayoría de las personas se encontraban dormidas todavía por haberse desvelado, no recibió respuesta inmediata a su demanda de ayuda. Algunas señoras alcanzaron a acercarse para averiguar quién gritaba con tal horror y angustia, cuando encontraron a “La Changa” dentro de la jaula.

El infausto hombre les decía: “¿Qué pasó? ¡Sáquenme de aquí! ¡Se los suplico! ¡Me van a comer los leones! Pues ¿quién me metió aquí?”

Ellas no supieron contestar. Acudieron las mujeres con los mozos y éstos con el Gobernador para informarle del espinoso asunto.

“Señor Gobernador, ahí está “La Changa” metido en la jaula de los leones”. “¡Pero, ¿cómo?” “Los mozos dicen que usted los mandó meterlo ahí”.

Cuando llegaron los mozos confirmaron lo dicho: “Sí, don Alfredo, usted nos dijo: ¡Quítenme a este cabrón de aquí que me está aguando la fiesta. Métanlo allá con los leones”.

Don Alfredo no creía lo que escuchaba: “Muchachos, sí, pero yo lo dije en broma”.

Finalmente sacaron a “La Changa” de la jaula de los leones y cuenta la leyenda que con tal susto que le metieron juró solemnemente nunca volver a emborracharse.