Pegarle a los ojos de dios… y arrepentirse

No es sentido figurado, ojalá lo fuera   Tampoco es escándalo piadoso.  Se trata de la agresión sufrida por el albergue para niños denominado “Los ojos de Dios” el día 22 de mayo.

Víctor M. Quintana S. / A los Cuatro Vientos

Sin aviso alguno, sin notificación previa siquiera, elementos de la policía estatal, ambulancias y vehículos del DIF llegaron a este refugio ubicado en Ciudad Juárez y con tanto apresuramiento como prepotencia y falta de respeto a las y los cuidadores se llevaron a los 40 niños internos con rumbo desconocido, presumiblemente a la ciudad de Chihuahua.

Los ojos de Dios no es cualquier albergue para niños. Su trabajo se orienta hacia los niños en situación de abandono o con discapacidad. Se trata de  un proyecto de atención de primer nivel, ya que cuenta con instalaciones donde se brinda atención especializada las 24 horas,  con personal profesionalizado, muy capacitado para prestar una atención adecuada a estos niños y garantizar así sus derechos a la vida, a la supervivencia y al desarrollo humano integral. Ha sido reconocido local, nacional e internacionalmente. Tanto así que el propio DIF  y o el gobierno del Estado lo habían venido apoyando con millones de pesos.

Sin embargo, algo hizo que el DIF cambiara drásticamente de postura. Sin  notificación previa, ni período de transición para que los niños, altamente vulnerables se adaptaran a una nueva situación, el pasado día 22 el Gobierno del Estado  realizó un operativo con más tintes de policiaco que de protección social. Abruptamente llegaron a las instalaciones del centro, por cierto muy modernas y bien equipadas, varias patrullas, ambulancias, policías y empleados del DIF. Sin detenerse ante las explicaciones y las súplicas de los cuidadores de los niños y niñas, ni tampoco ante el llanto de ellos, los fueron tomando en brazos y conduciendo hasta las diferentes ambulancias y demás vehículos. No dieron ninguna explicación del operativo ni del rumbo que llevaban.

Más allá del indudable e irracional autoritarismo que se desplegó en este hecho, es necesario considerar  sus repercusiones psicosociales. Se privó del cuidado profesional continuo, en algunos casos durante 24 horas, de una compañía afectiva muy necesaria a niños muy vulnerables, ya sea por su situación de discapacidad o de abandono. Se les trasladó a un lugar que aunque sea atendido por profesionales, no dejan de ser gente extraña para los niños. Se les cambió abruptamente de hábitat, de entorno social, de referencias mínimas para su ser y su actuar. Todo esto mediante un acto que por inesperado, apresurado y autoritario, resulta de enorme violencia psicológica no sólo para los internos  sino también para los cuidadores de éstos.

Por desgracia no es la primera vez que el DIF estatal procede con autoritarismo. Hace poco más de un año apenas se negó una y otra vez a entregar a la bebé de la jovencita  de 16 años, Clara Armendáriz a sus abuelos, luego que por desesperación la había abandonado a las puertas de un templo. Tuvo la sociedad que lanzar la campaña “Entreguen la bebé de Clara Armendáriz a su familia” y promover una acción jurídica, para que un juez de lo civil ordenara al DIF entregar a la abuela materna la custodia de la niña.

JUAREZ LUTO

Tal autoritarismo y tal arrogancia por parte del Gobierno del Estado pasan por alto que no son las dependencias de los diferentes niveles de gobierno, sino las organizaciones de la sociedad civil quienes se han encargado de atender a la mayoría de las personas excluidas del sistema económico y social; a la más vulnerables, como son niños y niñas, jóvenes, personas con discapacidad, adultos mayores, personas con adicciones. Sobre todo estos años de violencia fueron estos organismos construidos con el esfuerzo autónomo de diferentes grupos sociales quienes más y mejor atendieron a las víctimas. Lo que la Red por los Derechos de la Infancia ha hecho en Ciudad Juárez ante la no existencia o derrumbe de la “Economía del Cuidado” en las familias, es muy encomiable, sobre todo si se toma en cuenta el alto nivel de desgarramiento del tejido social y de violencia en esta frontera.

Todo esto contrasta con la opacidad de los millonarios programas oficiales como el Fondo de Atención a los Niños Víctimas de la Violencia (FANVVI), del que el Estado no quiere proporcionar ni la más mínima información y cuyos alcances y efectos permanecen en la oscuridad total.

No obstante lo anterior, la pronta reacción de la Comunidad Juarense, sobre todo de las organizaciones de la sociedad civil relacionadas con el cuidado de los niños y del propio Consejo de Los Ojos de Dios, lograron modificar la actitud del DIF.  Al momento de cerrar esta entrega el DIF hace público un boletín en el que anuncia que “ El Desarrollo Integral para la Familia estableció un nuevo acuerdo en condiciones deabsoluto beneficio para mejorar la atención de los menores que eran atendidos en el Albergue “Los Ojos de Dios” en Juárez.” Señala que en todo momento los niños fueron bien atendidos por especialistas y que “… se tomó la decisión de seguir contando con el apoyo de la Asociación “Los Ojos de Dios”, optando que a partir de este momento se han entablado nuevas relaciones siempre atendiendo y privilegiando la protección de los menores.”

Al mismo tiempo, la dirección del citado albergue declaró que el viernes 30 por la tarde ya habían regresado los primeros diez niños y se espera que el resto regrese a más tardar en una semana.

Ojalá que este triunfo de la comunidad, de la sociedad civil organizada y de la razón,  no sólo cambie las prácticas externas, sino las actitudes y las formas en que este gobierno se relaciona con sus gobernados.